Súplicas a María Inmaculada por la sactificación de los Sacerdotes

De rodillas a tus purísimos pies, Virgen Gloriosa y Bendiga, se postra rendido tu pueblo, con un acto ardoroso de amor en el corazón y una súplica ferviente en los labios, para pedirte la santificación de los Ministros del Santuario.

Enciende, Madre Santa, el corazón de tus Sacerdotes en los ardorosos incendios de caridad del Corazón de Cristo; guarden así, no sólo la castidad de sus cuerpos, aras vivas de Dios, sino tambien la Santa integridad del corazón en los afectos, no teniendo otro amor que el tuyo y el de tu Hijo Divino y en ellos y por ellos el amor de las almas. Sea la vida eucarística su propia vida y hagan sus cuerpos templo, sus pechos sagrario y sus corazones copón del Dios Vivo. Su sueño sea el cielo, su ilusión las almas y su gloria la Cruz de Jesucristo. Muestren en sus obras y palabras el amor delicado de Juan y la invicta fe de Pedro; sean víctimas de sacrificada inmolación por los pecados de los hombres en aras del amor misericordioso y lleven resignados y felices, en unión de tu In maculado Corazón, sus cruces ignoradas y sus dolores ocultos hasta el heroismo sublime del Calvario.

Cubre Reina Divina, a todos los Sacerdotes del orbe con fu mante, vela su sueño, bendice sus trabajos y sudores; asiste con maternal afecto su Misa de cada mañana, haz que consuman abnegados su vida en el confesonario, el púlpito y el lecho de los que mueren.

Da a la Iglesia Santa, Sacerdotes enamorados de tu amor purísimo; que canten tus glorias, ensalcen tus grandezas y prediquen con afán y desvelo tu santa devoción. En tus manos benditas entregamos nuestros Sacerdotes; responde por ellos todos y santifícalos en tu amor; así, un día los veremos en el cielo formando la corte de honor a tu belleza inmaculada y seremos nosotros su corona y ellos nuestra gloria en el día del Señor
Amén.