
Jan 01
PALABRAS DEL SANTO PAPA SAN JUAN PABLO II (Lc 2,16-21)

Nacido en Belén de la Virgen María como Hombre, el Verbo de Dios acepta el tiempo. Entra en la historia. Se somete a la ley del humano. Cierra el pasado: con Él termina el tiempo de la espera, es decir, la Antigua Alianza. Abre el futuro: la Nueva Alianza de gracia y reconciliación con Dios. Es el nuevo «inicio» del Nuevo Tiempo. Cada nuevo año participa de este inicio. Es el Año del Señor. (...) Hoy la Iglesia venera especialmente la Maternidad de María. Es como el último mensaje de la octava de la Navidad del Señor. El nacimiento siempre habla de la Madre, de Aquella que da el hombre al mundo. El primer día del Año Nuevo es el Día de la Madre. La vemos, pues —como en tantas pinturas y esculturas— con el Niño en brazos, con el Niño en su regazo. Madre, Aquella que dio a luz y alimentó al Hijo de Dios. Madre de Cristo. No hay imagen más conocida y que refleje con mayor sencillez el misterio del nacimiento del Señor que la imagen de la Madre con Jesús en brazos. ¿No es acaso esta imagen la fuente de nuestra singular confianza? ¿No es precisamente esto lo que nos permite vivir en el círculo de todos los misterios de nuestra fe y, contemplándolos como «divinos», considerarlos al mismo tiempo como «humanos»? (Papa Juan Pablo II, Homilía en la Misa, 1 de enero de 1979)