¡Oh, mi Guía fiel!, alcanzadme fuerza para vencer todos los obstáculos que se encuentren en el camino de la existencia y para sufrir pacientemente las tribulaciones de esta vida.
Os pido que, por intercesión de María, me alcancéis de Dios una verdadera paciencia y conformidad en todas las contrariedades y penas de la vida que Dios pueda permitir para mi santificación.
Amén
Ángel Santo de mi guarda, dulcísima, silenciosa y celestial compañía, cuánto te debo, cuánto te he defraudado, has respetado mi voluntad hasta que termino en pecado, y no ha sido tu abandono mi desdicha, sino olvidarme por momentos de que existes y me vigilas.
Ángel Santo de mi guarda, aliento de Dios cercano a mi alma, protégeme de mis yerros, toca mi oído con tu pensamiento, con tu consejo, y permíteme rendirte el honor y el respeto que te debo.
Ángel Santo de mi guarda sigue caminando conmigo, nunca te he visto, pero tu presencia es un hecho, cuantas veces me has hablado y me desvío en el capricho.
Ángel Santo de mi guarda, presencia de Dios siempre atenta, note vayas nunca de mi lado.
Amén.
Santo Ángel Custodio, protege mi alma y mi cuerpo.
Ilumina mi mente para que conozca mejor al Señor y lo ame con todo el corazón.
Asísteme en mis oraciones para que no ceda a las distracciones y ponga la más grande atención.
Ayúdame con tus consejos, para que vea el bien y lo cumpla con generosidad.
Defiéndeme de las insidias del enemigo infernal, sostenme en las tentaciones para que siempre sea capaz de vencerlas.
Suplanta, elimina mi frialdad en el culto al Señor: no dejes de atender a mi custodia
hasta que me lleves al Paraíso, donde alabaremos juntos al Buen Dios por toda la eternidad.
Amén
- San Padre Pio
Que el buen Ángel Custodio vele sobre ti. Él es tu conductor, que te guía por el áspero sendero de la vida. Que te guarde siempre en la gracia de Jesús, te sostenga con sus manos para que no tropieces en cualquier piedra, te proteja bajo sus alas de las insidias del mundo, del demonio y de la carne.
Amén
¡Oh mi glorioso guardián,
guardián del cuerpo y del alma,
que en el cielo estás brillando
hecho dulce y pura llama
junto al trono del Eterno!
Por mí bajas a la tierra
y me alumbras con tu luz,
te haces mi hermano, ángel bello,
mi amigo y consolador.
Conociendo que soy débil,
¡gran debilidad la mía!,
tú me coges de la mano,
y te veo, conmovida,
apartar de mi camino
la piedra que lo entorpece.
Me invita tu dulce voz
a no mirar más que al cielo.
Y cuanto mas pequeñita
y más humilde me ves,
tanto más tu clara frente
irradia de puro gozo.
Tú que los espacios cruzas
más rápido que el relámpago,
vuela por mí muchas veces
al lado de los que amo.
Seca el llanto de tus ojos
con la pluma de tu ala,
y cántales al oído
cuán bueno es nuestro Jesús.
¡Oh, diles que el sufrimiento
tiene también sus encantos!
Y luego, murmúrales quedo,
muy quedo, mi nombre.
Yo quiero en mi breve vida
salvar a los pecadores,
mis hermanos.
¡Oh ángel bello de la patria!,
dame tus santos ardores,
para que en el mismo fuego
que tú te abrasas me abrase.
Fuera de mis sacrificios
y de mi austera pobreza,
nada más tengo, ángel mío.
Únelo todo a tus gracias
y ofréceselo al Dios Trino.
Para ti la gloria, el reino,
las riquezas del que es Rey,
Rey de los reyes del mundo.
Para mí el Pan del sagrario
y el tesoro de la cruz.
Con la cruz y con la hostia,
y con tu celeste ayuda,
espero en paz la otra vida,
la felicidad del cielo,
que nunca terminará.
- Santa Teresita del Niño Jesús
¡Dios Todopoderoso y Eterno, Uno en Tres Personas! Antes de conjurar a los Santos Ángeles, tus servidores y de llamarlos en nuestro socorro, nos postramos delante de Ti y Te adoramos, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¡Bendito y alabado seas por toda la eternidad! Que todos los Ángeles y los hombres que has creado te adoren, te amen y te sirvan, ¡Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Inmortal!
¡Y Tú, María, Reina de los ángeles, medianera de todas las gracias, todopoderosa en tu oración, recibe bondadosamente la oración que dirigimos a tus servidores, y hazla llegar hasta el Trono del Altísimo para que obtengamos gracia, salvación y auxilio! AMEN.
¡Ángeles grandes y Santos, Dios os envía para protegernos y ayudarnos!
Os conjuramos, en el nombre de Dios Uno en Tres Personas, ¡Volad en nuestro socorro!
En nombre de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, ¡Volad en nuestro socorro!
En el nombre todopoderoso de Jesús, ¡Volad en nuestro socorro!
Por todas las heridas de Nuestro Señor Jesucristo, ¡Volad en nuestro socorro!
Por todas las torturas de Nuestro Señor Jesucristo, ¡Volad en nuestro socorro!
Por la santa palabra de Dios, ¡Volad en nuestro socorro!
Por el Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, ¡Volad en nuestro socorro!
En nombre del amor de Dios por nosotros tan pobres, Volad en nuestro socorro!
Os conjuramos en nombre de la fidelidad de Dios para con nosotros tan pobres, ¡Volad en nuestro socorro!
En nombre de la misericordia de Dios para con nosotros tan pobres, ¡Volad en nuestro socorro!
En nombre de María Reina del Cielo y de la tierra, ¡Volad en nuestro socorro!
En nombre de María vuestra Reina y Soberana, ¡Volad en nuestro socorro!
En nombre de María, Madre de Dios y Madre nuestra, ¡Volad en nuestro socorro!
Por vuestra propia felicidad, ¡Volad en nuestro socorro!
Por vuestra propia fidelidad, ¡Volad en nuestro socorro!
Por vuestra fuerza combativa por el Reino de Dios, ¡Volad en nuestro socorro!
Cubridnos con vuestro escudo! ¡Volad en nuestro socorro!
¡Protegednos con vuestra espada! ¡Volad en nuestro socorro!
¡Iluminadnos con vuestra luz! ¡Volad en nuestro socorro!
¡Abrigadnos bajo el manto de María! ¡Volad en nuestro socorro!
¡Os conjuramos, encerradnos en el Corazón de María! ¡Volad en nuestro socorro!
¡Depositadnos en las manos de María! ¡Volad en nuestro socorro!
¡Mostradnos el camino hacia la puerta de la vida: el Corazón abierto de Nuestro Señor! ¡Volad en nuestro socorro!
¡Conducidnos seguros hacia la casa del Padre Celestial! ¡Volad en nuestro socorro!
Todos los Coros de los Espíritus bienaventurados, ¡Volad en nuestro socorro!
Ángeles de la vida, ¡Volad en nuestro socorro!
Ángeles de la fuerza de la palabra de Dios, ¡Volad en nuestro socorro!
Ángeles de la caridad, ¡Volad en nuestro socorro!
Ángeles que Dios nos atribuye especialmente, como compañeros, ¡Volad en nuestro socorro!
Volad en nuestro socorro, os conjuramos!
Porque hemos recibido en herencia la Sangre de Nuestro Señor y Rey.
Volad en nuestro socorro, os conjuramos!
Porque hemos recibido en herencia el Corazón de Nuestro Señor y Rey.
Volad en nuestro socorro, os conjuramos!
Porque hemos recibido en herencia el Corazón Inmaculado de María la Virgen Purísima y vuestra Reina.
Volad en nuestro socorro, os conjuramos!
San Miguel Arcángel
TÚ eres el Príncipe de las milicias celestiales, el vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas. Te conjuramos, suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable, para cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ¡ayúdanos a subsistir delante del tribunal de Dios!
San Gabriel Arcángel
Tu eres el Ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del Corazón amante de Nuestro Señor; Permanece siempre delante de nuestros ojos, te conjuramos, para que comprendamos correctamente la palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. ¡Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue!
San Rafael Arcángel
Tú eres el mensajero del amor de Dios! Te conjuramos, hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios y no dejes que esta herida se cierre jamás, para que permanezcamos sobre el camino del amor en la vida diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este amor.
Oración Final
¡Ayudadnos hermanos grandes y santos, servidores como nosotros delante de Dios! ¡Protegednos contra nosotros mismos, contra nuestra cobardía y tibieza, contra nuestro egoísmo y nuestra avaricia, contra nuestra envidia y desconfianza, contra nuestra suficiencia y comodidad, contra nuestro deseo de ser apreciados! Desligadnos de los lazos del pecado y de toda atadura al mundo! ¡Desatad la venda que nosotros mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, para dispensarnos de ver la miseria que nos rodea, y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos y con conmiseración!
Clavad en nuestro corazón el aguijón de la santa inquietud de Dios, para que no cesemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor!
¡Buscad en nosotros la Sangre de Nuestro Señor que se derramó por nosotros! ¡Buscad en nosotros las lágrimas de vuestra Reina vertidas por nuestra causa! ¡Buscad en nosotros la imagen de Dios destrozada, desteñida, deteriorada, imagen a la cual Dios quiso crearnos por amor!
¡Ayudadnos a reconocer a Dios, a adorarlo, amarlo y servirlo! ¡Ayudadnos en la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen solapadamente; ayudadnos para que ninguno de nosotros se pierda, y para que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna!
AMEN
Durante la novena, conjuramos a los Santos Ángeles por la mañana y durante el día los invocamos con frecuencia de esta manera:
¡San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!
¡San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!
¡San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!
Amigo Rafael, compañero de camino. A vos que trajiste a esta Tierra la misericordia del Padre Creador para quienes estaban sufriendo angustia, enfermedad y desaliento, te pedimos: Ayudanos a tener gestos como los tuyos estables de cercanía , de escucha con nuestro prójimo. Que sepamos asumir tus actitudes solidarias hacia la fragilidad de muchos hermanos. Que en lugar de pasar de largo ante tanto sufrimiento, lo carguemos en los hombros y luchemos por remediarlo. Te imploramos, amado Patrono nuestro, que podamos ser creativos a la hora de fortalecer la esperanza. Que contengamos el coraje de acompañar con generosidad situaciones desesperantes. Fortalecé nuestras rodillas vacilantes y consolanos en nuestra propia fragilidad.
Santo Amigo Rafael, con tu ternura y ayuda abriganos en tu casa. Sana nuestros corazones para que podamos ser una verdadera comunidad. Bajo tus alas, que son nuestro refugio seguro, animanos a recibir al hermano necesitado. Que seamos calor, para todos los que buscan descanso en vos. Que podamos abrir las puertas de nuestra casa de modo que se ella hogar donde partir con gusto y alegría el Pan de la Palabra. Acompañanos en el camino, danos ternura para tratarnos como hermanos.
Haz renacer en nosotros las ganas de amar, donde haya desaliento, que seamos mensajeros de esperanza, y si hubiera dureza, que nuestra compasión le salga al encuentro y si la insensibilidad hubiera ganado algun partido, que la delicadeza renueve la vida. Para ello, San Rafael, te pedimos: Devolvelé la luz del amor a nuestro corazón. El amor de Dios no conoce fronteras, ni se detene ante los prejuicios para que no seamos opacos sino reflejo de su cercanía. Rafael, devolve la luz del amor a nuestros corazones. Si aprender esto es el mayor desafío, amigo Rafael, haz renacer en nosotros las ganas de amar.
Dios despertó el amor en nosotros, que sepamos ser mensajeros de ese amor.
Que la luz el Evangelio nos ayude a ser sostén para los caídos y cálida compañía junto al enfermo. Hemos experimentado en ocasiones el perdón, inmenos regalo de Jesús, que aprendamos a darlo generosamente como anuncio de libertad. Conocimientos de nosotros aquellos que nos avergüenza. Que seamos tan tolerantes con los otros como lo pedimos para nosotros mismos, pacientes en el dolor, solidarios ante la injusticia. Sabemos que es mucho lo que pedimos. Igualmente insistimos, ayudanos a ver en cada hermano el rostro de Jesús.
Arcángel San Rafael, ruega por nosotros y acompañanos en todos nuestros caminos.
Amén.
Mi ángel guardián cuídame y protegerme por la noche el día y toda la eternidad.
Amén
San Miguel Arcángel, defiendenos en la pelea se nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio, reprimele Ho Dios còmo rendidamente té lo suplicamos. Y tu ho principe de la Milicia celestial, armado del poder divino, precipita al Infierno a Satanás y a todos los espíritus malignos que para la perdición de las almas andan por él mundo.
Amén.
Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio, contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, suplica suplicación: Tuque, Princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute, in infernum detrude. Amén.
Ángel de la paz, Ángel de la Guarda, a quien soy encomendado, mi defensor, mi vigilante centinela; gracias te doy, que me libraste de muchos daños del cuerpo y del alma. Gracias te doy, que estando durmiendo, me velaste, y despierto, me encaminaste; al oído, con santas inspiraciones me avisaste.
Perdóname, amigo mío, mensajero del cielo, consejero, protector y fiel guarda mía; muro fuerte de mi alma, defensor y compañero celestial. En mis desobediencias, vilezas y descortesías, ayúdame y guárdame siempre de noche y de día.
Amén.
Ángel Santo, amado de Dios, que después de haberme tomado, por disposición divina, bajo tu bienaventurada guarda, jamás cesas de defenderme, de iluminarme y de dirigirme: yo te venero como protector, te amo como custodio; me someto a tu dirección y me entrego todo a ti, para ser gobernado por ti.
Te ruego, por lo tanto, y por amor a Jesucristo te suplico, que cuando sea ingrato para ti y obstinadamente sordo a tus inspiraciones, no quieras, a pesar de esto, abandonarme; antes al contrario, ponme pronto en el recto camino, si me he desviado de él; enséñame, si soy ignorante; levántame, si he caído; sosténme, si estoy en peligro y condúceme al cielo para poseer en él una felicidad eterna.
Amén.
Ángel santo, que velas por mi pobre alma y por mi vida, no me dejes - soy pecador - y no me desampares a causa de mis manchas. No dejes que se me acerque el mal espíritu. Y dirígeme poderoso preservando mi cuerpo mortal. Toma mi mano débil y condúceme por el camino de la salvación.
Amén.
Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día. Aunque espíritu invisible, se que te hallas a mi lado, escuchas mis oraciones y cuenta todos mis pasos. En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.
Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga, que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía. Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía. En presencia de los Ángeles, suba al cielo nuestro canto: gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.
Amén.
Arcángel San Rafael, que dijiste: «Bendecid a Dios todos los días y proclamad sus beneficios. Practicad el bien y no tropezaréis en el mal. Buena es la oración con ayuno, y hacer limosna mejor que atesorar oro», te suplico me acompañes en todos mis caminos y me alcances gracias para seguir tus consejos.
Amén.
Dios Señor nuestro, imploramos tu clemencia para que habiendo conocido tu Encarnación por el anuncio del arcángel San Gabriel, con el auxilio suyo consigamos también sus beneficios.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oh gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas, guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los rebeldes espíritus infernales.
Humildemente te rogamos, te digne librar de todo mal a los que a ti recurrimos con confianza; que tu favor nos ampare, tu fortaleza nos defienda y que, mediante tu incomparable protección adelantemos cada vez más en el servicio del Señor; que tu virtud nos esfuerce todos los días de nuestra vida, especialmente en el trance de la muerte, para que, defendidos por tu poder del infernal dragón y de todas sus asechanzas, cuando salgamos de este mundo seamos presentados por tí, libres de toda culpa, ante la Divina Majestad.
Amén.
Ángel de mi Guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche, ni de día, hasta que me pongas en paz y alegría con todos los Santos, Jesús, José y Maria, te entrego mi corazón y el alma mía, ahora y en la agonia de mi muerte,
Amén
Ángel de Guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo que me perdería. Ni vivir, ni morir en pecado mortal. Jesús en la vida, Jesús en la muerte, Jesús para siempre.
Amén.