Jun 29
PAN PARA EL CAMINO
Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, Apóstoles

Cuando la debilidad se convierte en misión

La Iglesia celebra hoy a dos hombres profundamente distintos: Pedro, el pescador impulsivo que conoció el dolor de negar a su Maestro; y Pablo, el perseguidor que fue derribado por la luz de Cristo camino de Damasco. Ninguno de los dos fue elegido por ser perfecto. Ambos experimentaron el fracaso, el miedo y la fragilidad; sin embargo, ambos permitieron que la gracia de Dios transformara sus heridas en misión. Esa es la gran esperanza del Evangelio: Dios no llama porque seamos dignos, sino que nos hace dignos porque nos llama. «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?... Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,15-16). Toda renovación de la Iglesia comienza cuando Cristo deja de ser una idea y vuelve a ser el Señor de nuestra vida.

San Agustín contempla en Pedro y Pablo dos columnas levantadas no por sus propias fuerzas, sino por la misericordia de Dios. Al comentar esta solemnidad afirma que «un mismo día está consagrado para la pasión de ambos; pero ambos eran uno solo, aunque padecieron en días distintos» (Sermón 295). Pedro representa la firmeza de la fe; Pablo, el ardor incansable de la misión. Ambos manifiestan que la santidad no consiste en no haber caído nunca, sino en dejar que Cristo levante una y otra vez al discípulo. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que Cristo edificó su Iglesia sobre el ministerio de los Apóstoles y que ésta permanece apostólica porque conserva y transmite fielmente su fe (CEC 857-865). La Iglesia sigue siendo fecunda cuando permanece unida a la fe de Pedro y al celo evangelizador de Pablo.

Hoy el Señor también te dirige una pregunta que nadie puede responder por ti: «¿Quién soy yo para ti?» No basta repetir lo que otros dicen de Cristo; es necesario encontrarlo personalmente, amarlo y dar testimonio de Él con la propia vida. Tal vez no seas llamado a recorrer el mundo como Pablo ni a presidir la Iglesia como Pedro, pero sí estás llamado a ser testigo del Evangelio en tu familia, en tu trabajo, en tu comunidad y en cada lugar donde Dios te ha sembrado. No temas tu fragilidad. Cuando una vida se pone humildemente en las manos de Cristo, Él sigue construyendo su Iglesia y continúa cambiando la historia por medio de hombres y mujeres sencillos que se atreven a decirle, como Pedro: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.»

Palabra de Dios de hoy
• Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 12, 1-11.
• Salmo responsorial: Salmo 33 (34). «El Señor me libró de todos mis temores.»
• Segunda lectura: 2 Timoteo 4, 6-8.17-18.
• Evangelio: Mateo 16, 13-19. La liturgia de la solemnidad presenta la confesión de fe de Pedro y la promesa de Cristo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».

P. Fr. Juan Alberto Cárdenas Ruiz, OSA