Oct 23
UNIDAD DE LA IGLESIA Y PURGATORIO

La llamada a la unidad eclesial según el apóstol Pablo
Si todos prestáramos atención y fuéramos obedientes a la carta del apóstol san Pablo a los Efesios, pronto se cerrarían las fracturas, heridas y cismas de división que existen entre los creyentes dentro de la Iglesia. Si fuésemos dóciles a su palabra, la reconciliación entre los hijos de Dios sería inminente, cesando el grave escándalo de la división ante el mundo entero.
Como nos recuerda el apóstol, cada uno debe andar conforme a la vocación a la que ha sido convocado y llamado, actuando con humildad, mansedumbre y paciencia. El núcleo de su mensaje radica en mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, reconociendo que existe un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como fuimos llamados a una misma esperanza (cf. Ef 4,4). La Escritura nos enseña que hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo y un solo Dios y Padre de todos, el cual está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos (cf. Ef 4,5-6). San Pablo reitera el llamado a permanecer firmes en un solo cuerpo, lo cual exige la existencia de una sola Iglesia.
En los Santos Evangelios, Jesús reprocha a aquellos que son hábiles para predecir los cambios meteorológicos —si lloverá, hará sol o caerá un aguacero—, cuestionando cómo, siendo diestros para interpretar la naturaleza, son incapaces de discernir los signos del reino de Dios. Del mismo modo, hoy el Señor diría a muchos cristianos que, aunque presumen de ser hábiles escudriñando las Escrituras, muestran una ceguera al no discernir la enseñanza apostólica de no apartarnos de un solo cuerpo y de una sola Iglesia. Lamentablemente, muchos afirman con ligereza: "Yo vengo a fundar la iglesia del Señor", desoyendo flagrantemente el mandato de Cristo y de su apóstol de custodiar la unidad en la única comunidad eclesial que nació del costado de nuestro Salvador.
El discernimiento de las Escrituras y la doctrina del purgatorio
Asimismo, al hablar de la necesidad de interpretar correctamente las sagradas Escrituras, es imperativo abordar aquellos pasajes que muchos adversarios de la fe católica tergiversan.
Frecuentemente se objeta que dogmas como el purgatorio son supuestos inventos de los sacerdotes o de la Iglesia católica para manipular a los fieles. Sin embargo, el Señor Jesucristo es explícito cuando nos advierte:
_"Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último centavo"_ (cf. Mt 5,25-26; Lc 12,58-59).
Si interpretamos adecuadamente esta enseñanza a la luz de la sana doctrina, comprenderemos que el Señor alude al juicio particular y al encuentro definitivo con Dios al final de nuestra existencia terrena, donde seremos juzgados ante el tribunal de Cristo. Si no hemos cumplido debidamente la voluntad divina en esta tierra, pagaremos las consecuencias de nuestras faltas en el estado de purificación conocido como el purgatorio.
El texto sagrado afirma que saldremos de allí únicamente cuando hayamos pagado la última moneda, es decir, cumplido el proceso de purificación espiritual que nos capacita para entrar en la morada celestial. Esto demuestra que existe un estado transitorio de expiación donde las almas se purifican antes de alcanzar la visión beatífica de Dios, y dichas almas se benefician enormemente de nuestros sufragios y oraciones, ya que por sí mismas no pueden reparar sus deudas, requiriendo nuestra caridad e intercesión eclesial para descansar en paz. Por tanto, es urgente abandonar las falsas interpretaciones, volver a la fuente de la auténtica tradición apostólica y perseverar unidos en una sola fe, una sola Iglesia y un solo bautismo, bajo la gracia y el señorío de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
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P. Héctor Pernía, mfc