Oh Espíritu Santo, Don de Dios y fuerza de lo Alto, fuente de agua brotante de vida eterna, desciende y mora en nuestros corazones. Haznos verdaderos adoradores del Padre, condúcenos a la plenitud de la verdad, y transfórmanos en testigos de Jesús, para llevar su nombre hasta los confines de la tierra.
Amén.
P. Salvador Carrillo Alday, M.Sp.S.
Espíritu Santo, inspíranos, para que pensemos santamente.
Espíritu Santo, oriéntanos, para que obremos santamente.
Espíritu Santo, atráenos, para que amemos las cosas santas.
Espíritu Santo, fortalécenos, para que defendamos las cosas santas.
Espíritu Santo, ayúdanos, para que no perdamos nunca las cosas santas.
Espíritu Santo, sácanos del error, de la ignorancia, de la autosuficiencia y del vicio, para ver la hermosura de Dios siempre nueva y, al verla, la
amemos y, amándola, gocemos de ella sin fin. Santifica lo que piense, diga y haga para que todo sea para la gloria de Dios.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
- San Agustín de Hipona
Respuesta: Ven Espíritu Santo ven a iluminar, nuestras inteligencias y a preservarnos del mal.
Ven, Espíritu Santo, transfórmanos, llénanos de ti, obra en nosotros, fluye en nosotros.
Aparta lejos de nosotros todas las fuerzas del mal, destrúyelas, aniquílalas, para que podamos gozar de buena salud de alma y cuerpo. R/
Ven Espíritu Santo ven a iluminar, nuestras inteligencias y a preservarnos del mal.
Ven Espíritu Santo a mi vida, a mi familia para que quede definitivamente anulada toda oscuridad, toda indiferencia y rechazo a tu presencia.
Ven Comunión viva de Amor del Padre y del Hijo, para que este amor fluya y more en mi hogar. R/
Ven Espíritu Santo ven a iluminar, nuestras inteligencias y a preservarnos del mal.
Ven Espíritu Santo, ven Fuego de Amor, ven Espíritu Santo, ven Luz Eterna, ven Espíritu Santo, ven Fuerza de lo Alto, ven Espíritu Santo, ven Divino Consolador, ven Espíritu Santo, ven Espíritu de Verdad, libéranos de las tinieblas del pecado y del maligno. R/
Ven Espíritu Santo ven a iluminar, nuestras inteligencias y a preservarnos del mal.
Ven Espíritu Santo, libéranos de las trampas del mal, libéranos de las redes del maligno, establécenos en Cristo que es la Verdad.
Condúcenos por el buen camino, Jesús es el Camino para llegar al Padre, para llegar a la Vida en abundancia que es la Vida eterna. R/
Ven Espíritu Santo ven a iluminar, nuestras inteligencias y a preservarnos del mal.
Ven creador Espíritu de los tuyos la mente a visitar,
a encender en tu amor los corazones,
que de la nada te gusto crear.
Tú que eres gran Consolador,
y Don Altísimo de Dios,
fuente viva de Amor,
y Fuego ardiente, Y Espiritual unción.
Tú, tan generoso en dádivas,
Tú, poder de la diestra paternal:
Tú, Promesa magnífica del
Padre Que el torpe labio
vienes a soltar.
Con tu luz ilumina los sentidos,
los afectos inflamas con tu
amor, Con tu fuerza
invencible fortifica
la corpórea flaqueza y corrupción.
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú nuestro guía,
toda culpa logremos evitar.
Denos tu influjo conocer al Padre
denos, también al Hijo
conocer, Y en Ti, del Uno y
otro, Santo Espíritu, Para
siempre creer.
A Dios Padre, alabanza, honor y gloria,
con el Hijo, que un día resucitó,
y a Ti, Abogado y Consuelo del
cristiano, Por los siglos se rinda
admiración.
Amén.
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad... He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después..., mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte. ¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras...
Oh bienvenido seas Paráclito Eternal que con tus dones nos nutres y recreas, lluevan tus bendiciones sobre nuestros contritos corazones.
Si alguna vez caemos, ven a levantarnos, guíanos y alumbra el camino si no vemos, y, si el pecho se enfría, ven con tu calor santo y envíanos tu fuego.
Ven y fortalécenos, si alguna vez nuestro valor flaquea, y tu ley enderece el pie, si le ladea, si tímido se para o titubea.
El fuego centellante, que sobre los apóstoles ardía, al pecho de diamante, al alma seca y fría,
ablande y dé calor en este día.
Y unidos y enlazados en tus lazos, Amor omnipotente, de pueblo apartados haz una sola gente, un corazón, un alma solamente. Amén.
Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de sabiduría:
dame mirada y oído interior
para que no me apegue a las cosas materiales,
sino que busque siempre las realidades del Espíritu.
Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de amor:
haz que mi corazón
siempre sea capaz de más caridad.
Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de verdad:
concédeme llegar al conocimiento de la verdad
en toda su plenitud.
Ven a mí, Espíritu Santo,
agua viva que lanza a la vida eterna:
concédeme la gracia de llegar
a contemplar el rostro del Padre
en la vida y en la alegría sin fin.
Amén
Oración de San Agustin
Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén
VENI, Creator Spiritus,
mentes tuorum visita,
imple superna gratia
quae tu creasti pectora.
Qui diceris Paraclitus,
altissimi donum Dei,
fons vivus, ignis, caritas,
et spiritalis unctio.
Tu, septiformis munere,
digitus paternae dexterae,
Tu rite promissum Patris,
sermone ditans guttura.
Accende lumen sensibus:
infunde amorem cordibus:
infirma nostri corporis
virtute firmans perpeti.
Hostem repellas longius,
pacemque dones protinus:
ductore sic te praevio
vitemus omne noxium.
Per te sciamus da Patrem,
noscamus atque Filium;
Teque utriusque Spiritum
credamus omni tempore.
Deo Patri sit gloria,
et Filio, qui a mortuis
surrexit, ac Paraclito,
in saeculorum saecula.
Amen.
Ven Espíritu Creador;
visita las almas de tus siervos.
Llena de la divina gracia
los pechos que Tú creaste.
Tú eres llamado Paráclito,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, amor
y unción espiritual.
Tú septiforme en el don;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú, auténtica promesa del Padre,
que enriqueces la lengua con palabras.
Enciende lumbre en los sentidos,
infunde amor en los corazones
corroborando con vigor constante,
la fragilidad de nuestro cuerpo.
Rechaza lejos al enemigo,
concede prontamente la paz,
yendo así Tú delante como guía
evitemos todo mal.
Haz que por Tí conozcamos al Padre,
y conozcamos también al Hijo,
y por Tí, Espíritu de entreambos,
creamos en todo tiempo.
A Dios Padre sea la gloria,
y al Hijo, que entre los muertos,
resucitó, y al Paráclito
por los siglos de los siglos.
Amén.
Sopla en mí, Espíritu Santo, que mis pensamientos sean santos.
Guíame, Espíritu Santo, para que mis obras sean santas.
Sedúceme, Espíritu Santo, haz que el amor en mí sea santo.
Dame tu fuerza, Espíritu Santo, para que conserve en mí lo santo.
Presérvame, Espíritu Santo, de jamás perder tu santidad que está en mí.
(San Agustín)
Espíritu Santo, te pido el don de la sabiduría para una mejor comprensión de ti y de tu perfección divina.
Te pido el don de la inteligencia para una mejor comprensión del espíritu de los misterios de la santa fe.
Dame el don de la ciencia, para que sepa dirigir mi vida según los principios de esta fe.
Dame el don del consejo, para que en todo, busque de ti el consejo y lo encuentre siempre contigo.
Dame el don de la fuerza para que ningún miedo o preocupación terrenal pueda alejarme de ti.
Dame el don de la piedad para que siempre pueda servir a tu divina majestad con amor filial.
Dame el don del temor de Dios para que ningún temor o motivación terrenal pueda apartarme de ti.
-San Juan Pablo II
Ven, Espíritu Santo, penetra en las
profundidades de mi alma con
tu amor y tu poder.
Ven, Espíritu Santo,
penetra en las profundidades de mi alma
con tu fuerza, tu amor y tu poder.
Arranca las raíces más profundas y ocultas
del dolor y del pecado que están enterradas en mí.
Lávalas en la Sangre Preciosa de Jesús
y aleja para siempre toda la ansiedad que
traigo dentro de mí, toda amargura, angustia,
sufrimiento interior, toda infelicidad, tristeza, ira y desesperación,
todo deseo de envidia, odio y venganza, todo sentimiento de culpa,
toda opresión del maligno en mi alma, en mi cuerpo, en todo mi ser,
y toda insidia que él pone en mi mente.
¡Oh bendito Espíritu Santo!
elimina toda tiniebla instalada dentro de mí,
todo lo que me consume e impide ser feliz,
todo lo que es obstáculo
para mi progreso.
Perdona y limpia en mí persona
todas las consecuencias de mis faltas y pecados,
y de los pecados de mis antepasados
que se manifiestan en mis actitudes,
decisiones, temperamento, palabras,
dependencias y vicios.
¡Ven, Santo Espíritu!
¡Ven en nombre de Jesús!
lávame en la preciosa Sangre de Jesús,
purifica todo mi ser, quiebra toda la dureza de mi corazón,
destruye todas las barreras de resentimiento,
dolor, rencor, egoísmo, maldad, orgullo y soberbia,
rompe toda falta de tolerancia, prejuicios e incredulidad que hay en mí.
Y, por el poder de Jesucristo resucitado,
¡Libérame, Señor! ¡Sáname, Señor!
¡Ten piedad de mí, Señor!
¡Ven, Espíritu Santo!
Hazme resucitar ahora a una nueva vida,
plena de tu amor, alegría, paz y plenitud.
Sé que estás haciendo esto en mí ahora y asumo por la fe mi liberación,
cura y salvación en Jesucristo, mi Salvador.
¡Gloria a Ti, mi Dios!
Espíritu Santo Luz y Poder,
te agradecemos la fuerza que nos das,
para que en ella podamos apoyarnos y caminar.
Tú que ahondas en lo profundo de nuestro ser,
y avivas la llama de nuestra fe,
libéranos de todo lo impuro que podamos albergar,
en nuestro pobre corazón.
Te pedimos que con tu Amor,
nos hagas entrar dignos de entrar
en las puertas del Eterno.
Amén.
Ven Espíritu Santo y envía desde el cielo un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz.
Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma, suave alivio de los hombres.
Tú eres descanso en el trabajo, templanza en las pasiones, alegría en nuestro llanto.
Penetra con tu Santa Luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divina, no hay nada en el hombre, nada que sea inocente.
Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez, cura nuestras heridas.
Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles que confían en Ti, tus siete sagrados dones.
Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.
Amén. Aleluya.
¡Oh Espíritu Santo!, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos. Haz que yo sepa, con el don de Sabiduría, tener este gusto por las cosas de Dios que me haga apartar de las terrenas.
Que sepa, con el don del Entendimiento, ver con fe viva la importancia y la belleza de la verdad cristiana.
Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.
Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.
Que sepa con el don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, lo falso de lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.
Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.
Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.
Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el móvil de toda mi vida espiritual; que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al menos con mi ejemplo, la belleza de tu doctrina, la bondad de tus preceptos y la dulzura de tu amor.
Amén.
Señor, mira a tu pueblo que aguarda el Espíritu Santo. Mira a los jóvenes, mira a las familias, mira a los niños, mira a los enfermos, mira a los sacerdotes, los consagrados, las consagradas, mira a nosotros, obispos, mira a todos. y concédenos aquella santa borrachera, la del Espíritu, la que nos hace hablar todas las lenguas, las lenguas de la caridad, siempre cercanos a los hermanos y a las hermanas que tienen necesidad de nosotros. Enséñanos a no luchar entre nosotros para tener un trozo más de poder; enséñanos a ser humildes, enséñanos a amar más a la Iglesia que a nuestro partido, que nuestras «peleas» internas; enséñanos a tener el corazón abierto para recibir el Espíritu. Envía, oh Señor, tu Espíritu sobre nosotros. Amén.
Estadio Olímpico, Roma Domingo 1 de junio de 2014
-Papa Francisco
Ven oh Espíritu Santo, desciende sobre mi alma con la plenitud de tus dones para que sea capaz de hacerte amar, glorificar y propagar tu devoción. Ilumina y santifica mi inteligencia para que sepa favorecer el acrecentamiento espiritual y la vida interior en la parroquia, en la familia y en el individuo. Fortalece mi voluntad para que impetre con perseverancia la eficacia de la palabra en los sacerdotes, misioneros y catequistas a fin de que sean dignos conductores de tu luz y de tu amor.
Enciende en mi corazón inextinguibles ansias de ver propagado tu reino; y para cooperar a ello, enséñame a fomentar y conservar con todos los medios posibles, las vocaciones sacerdotales y religiosas.
Haz de mi alma tu morada permanente, para que mis pensamientos, mis palabras y mis obras, transmitan los efluvios de tu Amor Infinito y Misericordioso, arrastrando a las almas en pos de Ti, Espíritu Divino, Amor Consustancial del Padre y del hijo, Consolador Eterno a quién hoy me consagro como apóstol de tu devoción. Así sea
Espiritu Santo,
eres el alma de mi alma.
Te adoro humildemente.
Ilumíname, fortifícame,
guíame, consuélame.
Y en cuanto corresponde al plan
del eterno Padre Dios
revélame tus deseos.
Dame a conocer
lo que el Amor eterno desea de mí.
Dame a conocer lo que debo realizar.
Dame a conocer lo que debo sufrir.
Dame a conocer lo que, silencioso,
con modestia y en oración,
debo aceptar, cargar, y soportar.
Sí, Espíritu Santo,
dame a conocer tu voluntad
y la voluntad del Padre.
Pues toda mi vida
no quiere ser otra cosa,
que un continuado y perpetuo Sí
a los deseos y querer
del eterno Padre Dios.
Amén
Ruego a Dios, que en estos momentos de angustia y rasgos de depresión, me libre de culpas, me llene de confianza, amor y respeto propio, y que me otorgue motivación y disfrute de todas sus bendiciones. Ruego me muestre la luz, su luz y que ilumine mi vida, para que pueda yo también con su luz iluminar otras vidas, como siempre traté de hacer. Que restaure y fortalezca mi fe. Gracias a Dios por todo desde ya.
Amén.
Federico
Oh Espíritu Santo, Amor del Padre, y del Hijo, Inspírame siempre lo que debo pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, cómo debo actuar, lo que debo hacer, para gloria de Dios, bien de las almas y mi propia Santificación.
Espíritu Santo, Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar. Dame acierto al empezar dirección al progresar y perfección al acabar.
Amén.
Ven, Espíritu Santo, y envía del Cielo un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres, ven, dador de gracias, ven luz de los corazones.
Consolador magnífico, dulce huésped del alma, su dulce refrigerio.
Descanso en la fatiga, brisa en el estío, consuelo en el llanto.
¡Oh luz santísima! llena lo más íntimo de los corazones de tus fieles.
Sin tu ayuda, nada hay en el hombre, nada que sea bueno.
Lava lo que está manchado, riega lo que está árido, sana lo que está herido.
Dobla lo que está rígido, calienta lo que está frío, endereza lo que está extraviado.
Concede a tus fieles, que en Ti confían tus siete sagrados dones.
Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales la felicidad eterna.
Amén.
¡Oh Espíritu Santo!, alma de mi alma, te adoro; ilumíname, guíame, fortifícame, consuélame, dime que debo hacer, ordéname. Concédeme someterme a todo lo que quieras de mí, y aceptar todo lo que permitas que me suceda. Hazme solamente conocer y cumplir tu voluntad.
Amén.
Recibe, ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que te hago en este día para que te dignes ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones: mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza y todo el Amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a tus divinas operaciones y quiero ser siempre dócil a tus santas inspiraciones. ¡Oh Espíritu Santo!, dígnate formarme con María y en María según el modelo de vuestro amado JESÚS.
Gloria al Padre Creador; Gloria al Hijo Redentor; Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.
Ven Espíritu Santo, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus Siete Dones según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
Amén.