Oración de fin de año

En este día que termina el año sólo puedo expresar una palabra: Gracias.


Gracias Señor por la vida, por que habiendo muchos que ya no están con nosotros en esta celebración, tu me has permitido llegar con vida hasta este día y me diste un año más.


Gracias Señor por mi cuerpo. Porque habiendo tantos que han perdido sus facultades yo aún puedo ver, puedo caminar, puedo comer, puedo reír, puedo escuchar, puedo hablar.


Gracias Señor por la familia. Por que aunque aveces discutimos y nos enojamos, nos concedes una familia que nos apoya, que está presente para reír, para llorar y para apoyarnos unos a otros.


Gracias por los amigos, por los conocidos, por los vecinos. Por todas las personas con las que día a día convivo, por los que me cruzo en la calle y no conozco. Gracias por que me enseñas a verte y amarte en cada uno de ellos.


Gracias Señor por la enfermedad. Por que en ella me enseñas a cuidar mi cuerpo y no descuidar mi salud por cosas vanas. Gracias por que en el dolor de la enfermedad te puedo hallar como Cristo sufriente, unirme a Ti y ofrecer mis dolores por la salvación del mundo entero. Gracias por que me sanas para mostrar tu Gloria y tu poder.


Gracias por las tristezas. Porque en ellas te encontré como amigo fiel que escuchas, reprendes y aconsejas.


Gracias por las noches tranquilas en que, junto con mi Ángel de la Guarda me cuidas y permites reparar mis fuerzas para regalarme otro día.


Gracias por el alimento, el vestido. Porque habiendo tanta carencia y tanta pobreza, me has hecho vivir en la abundancia dándome todo lo que necesito y mucho más.


Gracias por el trabajo diario. Por el cansancio que representa, por que puedo poner mis dones y talentos al servicio de los demás, por que soy útil a la sociedad.


Gracias por los problemas. Porque en ellos me ayudaste a crecer y superarme a mi mismo, sabiendo de que soy capaz, aprendiendo nuevas habilidades.


Gracias por los logros obtenidos, por los ascensos, por las victorias, por todo lo aprendido durante este año


Gracias por todo lo que me diste sin que te pidiera. Por los males de los que me libraste y ni siquiera me di cuenta.


Gracias por tu presencia en el Sagrario. Por que no nos dejas sólos y tu has estado aquí, cada día junto a nosotros. Gracias por ser ese alimento vivo y Santo en la Sagrada Eucaristía, fuerza del hombre para vivir cada día.


Gracias porque ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? pero Tu eres bueno y todo proviene de Ti, por eso sólo puedo decirte gracias.


Gracias por haberme dejado vivir un año más.
Amén.