La doncella, elegida por Dios para liberar a Francia de los ingleses, tras vencer la resistencia de quienes no reconocían su misión, logró asombrosas victorias sobre los invasores y aseguró la coronación del rey Carlos VII en Reims. Su obra parecía concluida, pero Dios aún le exigía un sacrificio supremo. Traicionada y entregada a los ingleses, fue injustamente juzgada y quemada como bruja. Posteriormente, la Iglesia la rehabilitó y reconoció la naturaleza heroica de sus virtudes. Fue beatificada en 1909 por el papa San Pío X y canonizada por Benedicto XV en 1920.
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