
Mi Señor y mi Dios, yo querría adorarte como Nuestra Señora te adora: acepta mi buena voluntad. Ella, que tiene todas las formas de perfección de todas las adoraciones ya hechas a ti en el pasado y de las que serán hechas en el futuro, Ella está aquí y te adora por mí y conmigo.
Oh Santísima Madre de Dios, en el momento en que me preparo para la comunión espiritual, imploro vuestro auxilio. Tengo en mente, de modo especial, el periodo santo y glorioso en que Nuestro Señor Jesucristo, viviendo en vuestro claustro virginal, estaba con Vos noche y día. Y os pido que, por los méritos de tal fase de vuestra vida, me obtengáis un deseo ardiente de recibir, en mi pobre corazón, al Santísimo Sacramento.
Danos, oh Madre, una unión con tu Sapiencial e Inmaculado Corazón, de manera tal que seamos para contigo como una gota de agua lanzada en el mar. Te pedimos que nos concedas una devoción intensa a la Sagrada Eucaristía, al Sagrado Corazón de Jesús y, a tu Sapiencial e Inmaculado Corazón.
Madre mía obtenme el amor al Santísimo
Sacramento y a ti hasta olvidarme de mí
mismo hasta tal punto de solo amar a Nuestro Señor y a ti.
Amén