
Dulcísimo Jesús, que has dicho:
"Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mi", dignate cumplir tu promesa atrayendo a tu corazón amoroso aquellos pueblos que todavía no te conocen ni te aman.
Envía tus mensajeros a esas tierras lejanas para llevar la luz de tu Evangelio, plantar tu Cruz y conducir aquellas innumerables ovejas al sagrado redil de tu Iglesia.
Dales un corazón que sea conforme al tuyo, infinitamente mayor que el universo, a fin de que, abrasados de amor, puedan recorrer de un extremo al otro del mundo para anunciar tu Nombre, mientras haya una sola alma por salvar y un corazón por enamorarlo de ti.
Reina, Señor, en todas las mentes y en todos los corazones, haz que te amemos sobre la tierra, eterno Rey de los siglos; déjate ver y poseer en el cielo.
Amén.