Estamos ante ti, Espíritu Santo, reunidos en tu nombre.
Tú que eres nuestro verdadero consejero: ven a nosotros, apóyanos, entra en nuestros corazones.
Enséñanos el camino, muéstranos cómo alcanzar la meta.
Impide que perdamos el rumbo como personas débiles y pecadoras.
No permitas que la ignorancia nos lleve por falsos caminos.
Concédenos el don del discernimiento, para que no dejemos que nuestras acciones se guíen por perjuicios y falsas consideraciones.
Condúcenos a la unidad en ti, para que no nos desviemos del camino de la verdad y la justicia, sino que en nuestro peregrinaje terrenal nos esforzemos por alcanzar la vida eterna.
Esto te lo pedimos a ti, que obras en todo tiempo y lugar, en comunión con el Padre y el Hijo por los siglos de los siglos. Amén.
Señor de la vida,
te alabamos, te damos gracias y glorificamos tu nombre porque sales al encuentro de la oveja perdida y caminas con nosotros.
Tu eres la cabeza y nosotros el cuerpo, pero por favor
danos tus oídos para escuchar,
tus ojos para contemplar el camino,
tu boca para proclamarte y
tus fuerzas para seguirte.
Riega señor este Sínodo,
sigue sembrando,
Sigue Señor hablándonos,
no dejes de hablarnos,
no permitas que nos distraigamos,
sigue agarrándonos de tu mano,
abriendo caminos
enseñándonos a remar juntos y
dándonos lucidez para aprender a conocernos,
entender y aceptar lo que quieres de nosotros.
Danos Señor lo que quieras,
pídenos lo que quieras y
enséñanos a hacer lo que quieras que hagamos.
No descanses Señor hasta vernos felices de sentirnos parte de tu familia.
Te lo pedimos por intercesión de tus padres y nuestros padres, San José y María Santísima.
Amén