Señor, el pasado a tu misericordia, el futuro a tu providencia, el presente a tu amor.
Señor, tú sabes que lo único que tengo es el día de hoy para amarte y por ti, a quienes me has dado.
Amen
Siempre estoy feliz por amor…
Incluso si mi corazón conoce la sequedad,
siempre tengo la sonrisa en mis labios
Cuando sopla el viento de otoño.
Siempre estoy feliz por amor...
Incluso si sufro o,
tengo una profunda tristeza,
mi corazón nunca deja de vivir en paz.
No es la alegría, sino el amor
La fuente de mi felicidad.
Jesús mío, qué hermoso eres,
y qué profunda es tu ternura.
La alegría no es la causa de mi felicidad,
aunque no tenga nada que temer,
aunque mi corazón salte de alegría,
es siempre un efecto del Amor…
- Marcel Van (1928-1959)
Tú, el único testigo de mi guerra silenciosa. A ti vuelvo a reponer las fuerzas y recordar motivos. No siempre estás en casa cuando llego, y tengo que insistir para encontrarte. No me engañaste. Ya dijiste que era extraña la vida, que habría días grises, que no siempre tu canto calmaría los vientos que a veces me derriban. Me prometiste fuego. Te ofrecí ser hoguera. Tú has cumplido tu parte. Yo no siempre la mía, y con todo, seguimos. Es amor esto nuestro.
Señor, dame el don de la oración.
Dame el don de organizar mi tiempo para poder rezar,
El don del silencio y la soledad necesaria para buscarte.
Ayúdame a escuchar tu voz silenciosa.
Dame el don de reconocer tu voluntad.
El don de permanecer en la oración cuando no tenga ganas o haya mucho que hacer.
El don de la confianza en ti por encima de todo.
El don de la sencillez de corazón para aceptar que eres tú quien pones los tiempos y las formas para decirte.
Dame la humildad para saber dar gracias y saber pedir.
Señor, dame el don de la oración.
Te lo pedimos por Cristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén
"Por tu Corazón herido, querido Señor, traspasa el mio tan profundamente con el dardo de Tu amor, que ya no pueda mas contener cosas terrenas sino que sea gobernado tan solo por la acción de Tu divino amor."
Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.
-Madre Teresa de Calcuta M.C.
¡Oh, Dios! que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues venerándole como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos. ¡Oh, Dios! que vives y reinas por los siglos de los siglos.
¡Amén!
Dios, fuente de todas las cosas, totalidad del universo, Dios que estás en mi y estoy en ti, Dios que soy yo y somos todos, conviérteme en instrumento del amor universal. Quiero llenar de gozo y alegría este mundo y hacer feliz a las personas. Quiero hacer de este un mundo mejor, con más justicia, con más solidaridad.
Ayúdame con mis flaquezas, si en algún momento me impaciento, enséñame a ser paciente y a entender que el universo y el tiempo son infinitos y que mi lugar es tan sólo minúsculo ante la grandeza de la existencia. Si en algún momento no soy bondadoso, enséñame a entender que compartir y ayudar hacen bien al que recibe pero también a mi, y al mismo tiempo vuelven el mundo más humano y sensible.
Si en algún momento me pongo celoso, enséñame a entender que todos estamos completos y que realmente no necesitamos nada más para ser vibración de amor y felicidad. Si en algún momento me siento orgulloso, enséñame a entender que es tan sólo una manifestación de una inseguridad y que mi niño interior es un ser amado por Dios y por el universo y no necesita demostrar nada a nadie, simplemente vivir en plenitud. Si estoy tentado de ofender a alguien, enséñame el valor y el gozo de la paz y de vivir en armonía, y de cómo mi día a día mejora cuando hago que mis pensamientos hacia mi y hacia los demás sean positivos.
Si en algún momento me enojo, ayúdame a no aferrarme a ese sentimiento y a dejarlo ir, para que vuelva a invitar al amor y a la amistad a mi mundo interno. Ayúdame también a saber perdonar a quien me ha hecho mal. Ayúdame a creer en las personas y a aprender a sacar lo mejor de cada uno cuidando mis energías y mi paz interior. Ayúdame a ser instrumento de amor universal, a sentirme completo conmigo mismo y a amar incondicionalmente a quienes me rodean.
Amén.
Madre Nuestra: En tu nombre hemos unido nuestros corazones. Queremos que presidas nuestro amor; que defiendas, conserves y aumentes nuestra ilusión. Quita de nuestro camino cualquier obstáculo que haga nacer la sombra o las dudas entre los dos. Apártanos del egoísmo que paraliza el verdadero amor.
Líbranos de la ligereza que pone en peligro la Gracia de nuestras almas. Haz que, abriéndonos nuestras almas, merezcamos la maravilla de encontrar a Dios el uno en el otro. Haz que nuestro trabajo sea ayuda y estímulo para lograrlos plenamente. Conserva la salud de nuestros cuerpos.
Resuelve necesidades materiales. Y haz que el sueño de un hogar nuevo y de unos hijos nacidos de nuestro amor y del cuerpo, sean realidad y camino que nos lleve rectamente a tu Corazón. Amén.
En mi corazón, Señor, se ha encendido el amor por una criatura que tú conoces y amas. Tú mismo me la haz hecho encontrar y me la has presentado. Te doy gracias por este don que me llena de alegría profunda, me hace semejante a Ti, que eres amor, y me hace comprender el valor de la vida que me has dado.
Haz que no malgaste esta riqueza que tú has puesto en mi corazón: enséñame que el amor es don y que no puede mezclarse con ningún egoísmo; que el amor es puro y que no puede quedar en ninguna bajeza; que el amor es fecundo y desde hoy debe producir un nuevo modo de vivir en los dos.
Te pido, Señor, por quien me espera y piensa en mí; por quien camina a mi lado; haznos dignos el uno del otro; que seamos ayuda y modelo. Ayúdanos en nuestra preparación al matrimonio, a su grandeza, a su responsabilidad, a fin de que desde ahora nuestras almas dominen nuestros pensamientos y los conduzcan en el amor. Amén.