LO HIZO TODO PERFECTO
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Una mamá gusanito le decía a sus hijitos: "El tigre y el león no nos importan... ¡tengan mucho cuidado con las gallinas y los patos! Así de perfecto hizo Dios el mundo. Su obra cumbre: ¡Usted amable lector!Porque tú has formado mi cuerpo, me has tejido en el vientre de mi madre; te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios tus obras. Mi embrión veían tus ojos; en tu libro están inscritos los días que me has fijado, sin que aún exista el primero. Que mi camino no acabe mal, guíame por el camino eterno.
Salmo 139: 13-14, 16, 24
SEMILLA AGUSTINIANA
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¿Acaso quieres que aprendamos las mismas cosas que hiciste en la tierra? ¿Quieres enseñarnos eso? Entonces ¿aprendemos de Ti a limpiar leprosos, a expulsar demonios, a cortar la fiebre, a mandar al mar y a las olas, a resucitar muertos? Tampoco es eso —dice—. Di, entonces, qué. Que soy manso y humilde de corazón. ¡Avergüénzate ante Dios, orgullo humano! Dice la Palabra de Dios, dice Dios, dice el Unigénito, dice el Altísimo: Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón. Se abajó a ser humilde tan gran excelsitud y ¿se estira el hombre? Encógete, redúcete, hombre, a la medida del humilde Cristo, no sea que, al estirarte, te rompas (Serm 70A,1).P. Juan A. Cardenas
PALABRAS DEL SANTO PAPA SAN JUAN PABLO II (Lc 14, 1.7-14)
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Jesús, (...) mientras asistía a un almuerzo en casa de uno de los jefes de los fariseos, aprovecha la oportunidad para enseñar sobre la humildad. Nos dice que elijamos el último lugar, que nos contentemos con poco, que no busquemos la ostentación de la apariencia, sino la realidad del ser. Ante Dios, no somos nada; y ante los hombres, también somos muy pequeños, o mejor dicho, nos volvemos ridículos, incluso miserables, si adoptamos poses y actitudes de autosuficiencia y vanagloria. Sin embargo, Jesús no solo quiere sugerir pautas de buenos modales y comportamiento prudente; quiere sobre todo ayudarnos y darnos grandes e iluminadoras ideas para nuestra vida. De hecho, añade: «Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (Lc 14,11). Puede que esto ya suceda aquí en la tierra, en nuestras vidas, pero eso es secundario. Lo esencial es que los humildes serán enaltecidos en el cielo por Dios mismo. «¿Quieres ser grande?», preguntó san Agustín. Y respondía: «Comienza por lo más pequeño. ¿Quieres construir un gran edificio? Piensa primero en los cimientos de la pequeñez» (Sermón de San Agustín 69, 1,2). Si realmente queremos construir el edificio de nuestra santificación, debemos fundarlo en la humildad. (Papa San Juan Pablo II, Homilía con motivo de la visita pastoral a Anagni, 31 de agosto de 1986)