¿QUÉ TE FALTA TODAVÍA?
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Un joven pregunta a Jesús qué debe hacer para alcanzar la vida eterna. Ha cumplido los mandamientos, pero Cristo toca el lugar donde todavía no es libre: «Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes... luego ven y sígueme» (Mt 19,21). El joven se marcha triste porque poseía muchas cosas; quizá, en realidad, eran las cosas las que lo poseían a él. También nosotros podemos ser buenos y, sin embargo, conservar zonas del corazón que todavía no hemos entregado.San Agustín lo descubrió dolorosamente: «Donde está tu tesoro, allí está tu corazón», verdad que atraviesa su reflexión sobre el amor ordenado (cf. Confesiones, X). El Catecismo enseña que el desprendimiento de las riquezas es necesario para entrar en el Reino (CEC 2544). Cristo no quiere empobrecernos: quiere hacernos libres.Pregúntate hoy: ¿qué me impediría seguir a Cristo si Él me pidiera dejarlo? Una posesión, una relación, una seguridad, el prestigio, el orgullo... Aquello que no somos capaces de entregar a Dios puede terminar convirtiéndose en nuestro dueño.P. Fr. Juan Alberto Cárdenas Ruiz, OSA
SEMILLA AGUSTINIANA
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Vuelve a tu corazón, y desde él asciende hasta Dios. Si vuelves a tu corazón, vuelves a Dios desde un lugar cercano a ti. Si todas estas cosas te molestan, es que has salido de ti; eres un exiliado de tu interior. Te sientes agitado por las cosas que están fuera de ti y te pierdes. Tú estás dentro, ellas se encuentran fuera. Fuera son bienes, pero están fuera. El oro, la plata, todo dinero; el vestido, la clientela, los servidores, los animales, los honores, están fuera. Si estos bienes ínfimos, terrenos, temporales, transitorios, no se otorgasen también a los malos, los buenos creerían que eran algo grande. Así, pues, Dios, al conceder estos bienes también a los malos, te enseña a desear otros mejores ( Serm 311,14).P. Juan A. Cardenas
Gómez Graterol
Cafecito Espiritual
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☕ CAFECITO ESPIRITUAL: "La glorificación de María en alma y cuerpo nos enseña que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin (cf. 1 Co 13,8).
Nos invita, de este modo, a revisar muchos de los cánones estéticos, predominantemente de tipo hedonista y consumista, que el mundo nos impone, y que corren el riesgo de aprisionarnos en condicionamientos pesados, haciéndonos desperdiciar energías valiosas en lo que no es realmente importante ni dura para siempre" (León XIV). Dios Trinidad: ¡Ilumínanos! Santifícanos, especialmente a nuestras autoridades (1 Tim 2,1-3). Hazme un instrumento de tu Amor. DIOS TE BENDIGA, GRACIA Y PAZ🤴🏻☧🕊️ ☕
CAFEÍNA ESPIRITUAL
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"Rezar, no cansarse nunca de Rezar, que Dios no es sordo ni el Cielo es de bronce. Todo el que pide, recibe""La obediencia es un cuchillo que mata la voluntad del hombre, sacrificándola a Dios. Es el cuchillo que sacrificó a Jesús, hecho obediente hasta la muerte""Quien sirve a Dios es como una garrafa de agua cristalina, una pajita se ve enseguida. Si comete un mínimo error, se da cuenta, se humilla y pide perdón""Todo el cariño que el Patriarca San José tiene por Jesús, lo tiene por ti y siempre te ayudará con su patrocinio"SAN JOSÉ DE CUPERTINO, O.F.M.
1603-1663
Giuseppe (o José) María Desa Panaca.
Monje italiano que a lo largo de su vida vivió intensos momentos Místicos, especialmente la levitación. De familia muy humilde, pronto se vio en la necesidad de trabajar. San José de Cupertino no era el mejor estudiante de su época, se le dificultaba mucho el estudio así que él mismo se hacía llamar "Fray asno".
Llegó a los Altares el 16 de julio de 1767, Canonizado por el Papa Clemente XIII
PALABRAS DEL SANTO PAPA LEÓN XIV (Mt 19, 16-22)
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El Evangelio de hoy comienza con una hermosa pregunta dirigida a Jesús: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?» (…) Estas palabras expresan un deseo constante en nuestra vida, el deseo de salvación, es decir, de una existencia libre del fracaso, del mal y de la muerte. Lo que el corazón del hombre espera se describe como un bien que se “hereda”. No se trata de conquistarlo por la fuerza, ni de implorarlo como siervos, ni de obtenerlo por contrato. La vida eterna, que sólo Dios puede dar, se transmite al hombre en herencia como de padre a hijo. Por eso, a nuestra pregunta, Jesús responde que para recibir el don de Dios hay que acoger su voluntad. Como está escrito en la Ley, «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón […] y a tu prójimo como a ti mismo» (…) Al hacerlo, correspondemos al amor del Padre: la voluntad de Dios es, de hecho, esa ley de vida que Dios practica primero con nosotros, amándonos con todo su ser en su Hijo Jesús. (…) para vivir eternamente no es necesario engañar a la muerte, sino servir a la vida, es decir, cuidar de la existencia de los demás en el tiempo que compartimos. Esta es la ley suprema, que está por encima de cualquier norma social y le da sentido. (Papa León XIV, Angelus, 13 de julio de 2025)