NO TENGAS MIEDO...
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Hoy, el Buen Dios nos dice con todo su Amor:¿No te he mandado que seas fuerte y valiente? Pues no tengas miedo ni te acobardes, porque Yahvé tu Dios estará contigo a donde quiera que vayas.
Josué 1: 9
NO DESTRUYAS EL BIEN QUE HACES
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Queridos hermanos en Cristo, hoy la Palabra de Dios confronta abiertamente las flaquezas que empañan nuestra vida espiritual y nos exige una renuncia radical. El egoísmo, la envidia, la soberbia, la vanagloria, el orgullo de presumir una perfección inexistente escondiendo nuestras limitaciones y la cerrazón del corazón son venenos que destruyen el bien que poseemos. Cualquier pecado, por pequeño que parezca, mancha la gracia y corrompe las obras buenas que realizamos.Contemplemos a Nuestro Señor Jesucristo en el misterio de su Pasión: siendo ultrajado, maltratado, vilipendiado y traicionado, no respondió jamás con ira. Si Cristo hubiese reaccionado con rabia en un solo instante de su prueba, habría arruinado su sacrificio en la Cruz y no habría podido ser nuestro Redentor. Jesús protegió la obra de la salvación apartando el enojo y amando hasta el extremo. De esa misma manera, nosotros debemos cuidar las obras buenas que realizamos, evitando destruirlas con nuestras arrebatadas pasiones y soberbias.De nada sirve destacar por impresionantes obras de caridad o por la excelencia de una labor pastoral si en el fondo alimentamos la soberbia o la hipocresía. San Pablo nos recuerda en (1 Cor 13, 1-3) que, si nos falta el amor, absolutamente todo lo demás pierde su valor. San Juan de la Cruz enseñaba con sabiduría que «al atardecer de la vida seremos examinados en el amor». Ese amor purificador es el fuego divino del que habla San Pablo en (1 Cor 3, 13-15), un fuego que probará la calidad de nuestras obras, pensamientos y palabras.La purificación de nuestras faltas debe realizarse hoy mismo, mientras estamos en este mundo. Nadie tiene la vida asegurada para mañana. Debemos renunciar al rencor, a la mentira, al engaño y a la doble vida, recordando la advertencia de (Heb 12, 14): «Sin la santidad nadie verá al Señor». O buscamos la santidad en el presente o quedaremos apartados de la presencia divina por toda la eternidad. Por encima de cualquier preocupación temporal o material, nuestra verdadera prioridad debe ser la santidad. Decir «me urge ser santo» es la única actitud sensata; lo demás es vanidad.En el Evangelio (Lc 7, 31-35), Jesús confronta a aquellos espíritus hipercríticos y pesimistas que jamás ven nada bueno en sus semejantes. Rechazaban a Juan el Bautista por su austeridad acusándolo de estar endemoniado, y criticaban a Jesús por compartir la mesa llamándolo comilón. Hay personas que sufren de esta misma ceguera espiritual: incapaces de alegrarse con el bien ajeno, ocultan su propia envidia buscando siempre la contraria.Son como las moscas en un jardín florido. Aunque el jardín esté lleno de flores hermosas, si el jardinero ha abonado con estiércol, la mosca ignora la belleza y se dirige directo a la podredumbre para quedarse allí. La mosca representa el complejo de fijarse únicamente en la miseria, el defecto y lo podrido. La abeja, en cambio, llega al mismo jardín y va directo a las flores. Extrae de ellas lo que necesita y transforma la amargura en dulce miel para beneficio de los demás.Cada uno de nosotros es un jardín donde conviven virtudes y flaquezas. Frente a los demás, ¿cómo actuamos? ¿Tenemos el complejo de la mosca, buscando el estiércol del defecto ajeno, o el don de la abeja, que sabe extraer lo bueno y esparcir dulzura? Jesucristo nos pide hoy una conversión profunda: dejemos de actuar como moscas atrapadas en la amargura del pecado y transformémonos en abejas de Dios, capaces de edificar la Iglesia mediante la caridad y la santidad sincera. Amén.HOSPITALITOS 🏥 DE LA FE
P. Héctor Pernía, mfc
Gómez Graterol
Cafecito Espiritual
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☕ CAFECITO ESPIRITUAL: "El amor que Dios nos ha mostrado haciéndose hombre, muriendo y resucitando por nosotros y, como respuesta, aquel con el que también nosotros nos ofrecemos humildemente a Él y a nuestros hermanos: en la constancia fiel de la caridad de cada día, como también en los gestos más extraordinarios, hasta el martirio, algunas veces, como lamentablemente sucede también hoy a muchos cristianos en diversas partes del mundo" (León XIV). Dios Trinidad: ¡Ilumínanos! Santifícanos, especialmente a nuestras autoridades (1 Tim 2,1-3). Hazme un instrumento de tu Amor. DIOS TE BENDIGA, GRACIA Y PAZ🤴🏻☧🕊️ ☕
PALABRAS DEL SANTO PAPA FRANCISCO (Lc 7,31-35)
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Es precisamente la clase dominante la que cierra las puertas al camino que Dios quiere salvarnos. Y así entendemos los intensos diálogos de Jesús con la clase dominante de su tiempo: discuten, lo ponen a prueba, le tienden trampas para ver si cae, porque es la resistencia la que nos salva. Jesús les dice: «¡Pero no los entiendo! Son como esos niños: les tocamos la flauta y no bailaron; les cantamos un lamento y no lloraron. ¿Qué quieren?». «Queremos lo nuestro: ¡queremos la salvación a nuestra manera!». Siempre es este cierre al camino de Dios. (...) No creen en la misericordia ni en el perdón: creen en los sacrificios. «Quiero misericordia, no sacrificios». Creen que todo debe estar resuelto, ordenado, claro. Este es el drama de la resistencia a la salvación. Nosotros también, cada uno de nosotros, llevamos este drama dentro. Pero nos conviene preguntarnos: (...) «¿Creo que Jesús es el Maestro que nos enseña la salvación, o voy por todas partes buscando gurús que me enseñen? ¿Un camino más seguro, o me refugio bajo el techo de prescripciones y los muchos mandamientos de los hombres? Y así me siento seguro, y con esta —suena un poco duro decirlo— seguridad, compro mi salvación, que Jesús da gratuitamente con la generosidad de Dios. Nos conviene hacernos estas preguntas hoy. Y la última: ¿Me resisto a la salvación de Jesús? (Francisco - Homilía de Santa Marta, 3 de octubre de 2014)