Oh, amantisimo Jesús mio Sacramentado que dijiste: "Confiad, venid a Mí todos"
A Vos vengo lleno de confianza en vuestra infinita misericordia. Os adoro, os amo, creo que vuestro amor llega hasta la más delicada ternura para con nosotros, y porque creo en la infinita bandad de vuestro amantísimo corazón, le pido grandes cosas. Dadme Señor vuestro amor, dadme el tender siempre a la perfección, dadme el probaros mi amor con una confianza firme e inquebrantable.
Oh mi dulcisimo Jesús, dadme también la gracia deseada:
Yo lo espero todo de vuestra infinita bondad, no tengo ninguna duda; confío en el Corazón de mi Dios, cuyo poder es infinito; en el Corazón de mi Padre, cuya ternura me infunde felicidad y alegria. Estoy seguro de ser oído y descanso en el seno paternal de vuestra amorisísima providencia.
Virgen Inmaculada y Madre mia, presentad nuestras plegarias a vuestro Divino Hijo
(Pídase la gracia.... Padrenuestro)
Jesús bueno omnipotente y misericor-dioso, mirad con piedad nuestras necesidades de todo género y especialmente lo que hoy os encomendamos; remediadia Señor desde vuestro Eucarístico Trono.
Amén
( Se conceden 100 días de indulgencias a todas las personas que recen devotamente la anterior oración)
BALTASAR ALVAREZ, Obispo de Pereira
Recuerdo del Congreso Eucaristico de Bogotá.
V. - Oh Dios, venid en mi ayuda.
R. - Apresuráos, Señor, a socorrerme.
Gloria al padre, al hijo y al Espíritu Santo…
I AVEMARIA
¡Oh María! llamada con razón omnipotencia suplicante, por el poder ilimitado que os concedió el Eterno Padre, os suplico me asistáis en la necesidad en que me encuentro, y ya que podéis y deseáis socorrerme, no me abando-néis, pues sois especialísima Abogada en las causas desesperadas.
Creo que la gloria de Dios, vuestro honor y el bien de mi alma, están interesados en la concesión de este favor.
Por lo tanto usad conmigo del poder que habéis recibido, y para obligaros más os diré con Santa Matilde, a quien Vos misma revelásteis la práctica saludable de las Tres Avemarías.
Avemaría etc.
II AVEMARIA
¡Oh dulcísima María! que sois con toda propiedad trono de la sabiduría in-creada, pues el Verbo Divino - Sabiduría de Dios - al hacerse hombre, moró en vuestro seno virginal, y ahora reside en vuestro purísimo corazón como en su trono.
Ya que Jesucristo os ha comunicado toda su ciencia, en el grado en que podía comunicarla a la criatura más per-fecta, me abandono en vuestras manos para obtener la gracia que deseo, y a fin de obligaros más os diré con San Antonio de Padua y San Leonardo de Puerto mauricio, los más celosos predicadores de vuestras Tres Avemarías.
Avemaría etc.
III AVEMARIA
¡Oh Madre del bello amor! a quien el Espírita Santo inflamó en el fuego de la caridad divina para consuelo y alivio de la humanidad caída. Bien se que no merezco el precioso favor que solicito, pues muchas veces he contristado al Espíritu Consolador con mis infidelidades a su gracia; sin embargo me reconozco culpable y pido perdón, recordando que sois Madre de los pecadores arrepentidos. Y para moveros más os diré con San Alfonso de Ligorio, el panegirista de vuestra misericordia y el doctor de vuestras Tres Avemarías.
(Rezar el Avemaría)
ORACION
¡Oh Reina del Cielo y de la tierra, dulcísima María! aceptad bondadosa las plegarias de un hijo que pone en Vos toda su confianza, apoyado precisamente en el Poder, Subidurin y 4 mor con que os adornó la Santisima Trinidad.
Alcanzadme la gracia que deseo y yo en cambio cifraré mi gloria en amaros y en haceros conocer de todos los mortales.
Así sea.
“Todos los que lleven mi medalla recibirán grandes gracias y las gracias serán muy abundantes si la llevan con devoción”.
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección, y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.
Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
(ORACIÓN PREPARATORIA)
En una medianoche iluminada con luz celeste como de Nochebuena —la del 18 de julio de 1830— se apareció por primera vez la Virgen Santísima a santa Catalina Labouré, Hija de la Caridad de san Vicente de Paúl.
Y le habló a la santa de las desgracias y calamidades del mundo con tanta pena y compasión que se le anudaba la voz en la garganta y le saltaban las lágrimas de los ojos.
¡Cómo nos ama nuestra Madre del cielo! ¡Cómo siente las penas de cada uno de sus hijos! Que tu recuerdo y tu medalla, Virgen Milagrosa, sean alivio y consuelo de todos los que sufren y lloran en desamparo.
(Después de hacer una pausa para meditar lo leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando las oraciones Acordaos, a continuación):
Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que uno solo de los que han acudido a tu protección e implorando tu auxilio, haya sido desamparado. Nosotros, pecadores, animados con tal confianza, acudimos a ti, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de nuestros pecados nos atrevemos a comparecer ante ti. Oh madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.
Rezar tres Avemarías con la jaculatoria: OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI.
(ORACIÓN PREPARATORIA)
En su primera aparición, la Virgen Milagrosa enseñó a santa Catalina la manera como había de portarse en las penas y tribulaciones que se avecinaban.
"Ven al pie de este altar —le dice la celestial Señora—, aquí se distribuirán las gracias sobre cuantas personas las pidan con confianza y fervor, sobre grandes y pequeños".
Que la Virgen de la santa medalla y Jesús del sagrario sean siempre luz, fortaleza y guía de nuestra vida.
(Meditar y terminar con las ORACIONES FINALES)
(ORACIÓN PREPARATORIA)
En sus confidencias dijo la Virgen Milagrosa a sor Catalina: "Acontecerán no pequeñas calamidades. El peligro será grande. Llegará un momento en que todo se creerá perdido. Entonces yo estaré con ustedes: tengan confianza…".
Refugiémonos en esta confianza, fuertemente apoyada en las seguridades que de su presencia y de su protección nos da la Virgen Milagrosa. Y en las horas malas y en los trances difíciles no cesemos de invocarla: "Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros".
(Meditar y terminar con las ORACIONES FINALES)
(ORACIÓN PREPARATORIA)
En la tarde del 27 de noviembre de 1830, baja otra vez del cielo la Santísima Virgen para manifestarse a santa Catalina Labouré.
De pie entre resplandores de gloria, tiene en sus manos una pequeña esfera y aparece en actitud como de profunda oración. Después, sin dejar de apretar la esfera contra su pecho, mira a sor Catalina para decirle: "Esta esfera representa al mundo entero…, y a cada persona en particular".
Como el hijo pequeño en brazos de su madre, así estamos nosotros en el regazo de María, muy junto a su Corazón Inmaculado. ¿Podría encontrarse un sitio más seguro?
(Meditar y terminar con las ORACIONES FINALES)
(Comenzar con la ORACIÓN PREPARATORIA)
De las manos de María Milagrosa, como de una fuente luminosa, brotaban en cascada rayos de luz. Y la Virgen explicó: "Es el símbolo de las gracias que yo derramo sobre cuantas personas me las piden", haciéndome comprender —añade santa Catalina— lo mucho que le agradan las súplicas que se le hacen, y la liberalidad con que las atiende.
La Virgen Milagrosa es la Madre de la divina gracia que quiere confirmar y afianzar nuestra fe en su omnipotente y universal mediación. ¿Por qué, pues, no acudir a ella en todas nuestras necesidades?
(Meditar y terminar con las ORACIONES FINALES)
(ORACIÓN PREPARATORIA)
Como marco de gloria aureolando a la Virgen, vio sor Catalina aparecer unas letras de oro que decían: "¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!".
Y enseguida oyó una voz que recomendaba llevar la medalla y repetir a menudo aquella oración-jaculatoria, y prometía gracias especiales a los que así lo hicieran.
¿Dejaremos nosotros de hacerlo? Sería imperdonable dejar de utilizar un medio tan fácil de aseguramos en todo momento el favor de la Santísima Virgen.
(Meditar y terminar con las ORACIONES FINALES)
(ORACIÓN PREPARATORIA)
Nuestra Señora ordenó a sor Catalina que fuera acuñada una medalla según el modelo que ella misma le había diseñado.
Después le dijo: "Cuantas personas la lleven, recibirán grandes gracias que serán más abundantes de llevarla al cuello y con confianza".
Esta es la Gran Promesa de la Medalla Milagrosa. Agradezcámosle tanta bondad, y escudemos siempre nuestro pecho con la medalla que es prenda segura de la protección de María.
(Meditar y terminar con las ORACIONES FINALES)
(ORACIÓN PREPARATORIA)
Fueron tantos y tan portentosos los milagros obrados por doquier por la nueva medalla (conversiones de pecadores obstinados, curación de enfermos desahuciados, hechos maravillosos de todas clases) que la voz popular empezó a denominarla con el sobrenombre de la medalla de los milagros, la Medalla Milagrosa; y con este apellido glorioso se ha propagado rápidamente por todo el mundo.
Deseosos de contribuir también nosotros a la mayor gloria de Dios y honor de su Madre Santísima, seamos desde este día apóstoles de su milagrosa medalla.
(Meditar y terminar con las ORACIONES FINALES)
(ORACIÓN PREPARATORIA)
Las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa constituyen indudablemente una de las pruebas más exquisitas de su amor maternal y misericordioso.
Amemos a quien tanto nos amó y nos ama. "Si amo a María —decía san Juan Bérchmans— tengo asegurada mi eterna salvación".
Como su feliz vidente y confidente, santa Catalina Labouré, pidámosle cada día a Nuestra Señora, la gracia de su amor y de su devoción.
(Meditar y terminar con las ORACIONES FINALES)
¡Oh, María…!
En tus manos pongo esta súplica. Bendícela. Después preséntala a Jesús. Haz valer tu amor de Madre y tu poder de Reina.
¡Oh, María…!
Cuento con tu ayuda. Confío en tu poder. Me entrego a tu voluntad. Estoy seguro de tu misericordia. Madre de Dios. Madre mía, ruega por mí.
(Pídale con fe y confianza las gracias que desee alcanzar).
Oh Señor Jesucristo, yo confío esta intención a tu Sacratísimo Corazón: (Indicar la petición) Mírame solamente Jesús, y luego haz que Tu Sacratísimo Corazón te inspire. Que tu Sagrado Corazón decida. ¡Yo cuento con Él! ¡Yo confío en él! ¡Yo me entrego a Su Misericordia! Señor Jesús, Tu no me defraudarás.
Sagrado Corazón de Jesús, yo confío en Tí.
Sagrado Corazón de Jesús, yo creo en Tu Amor por mí.
Sagrado Corazón de Jesús, que venga tu reino.
¡Oh! Sagrado Corazón de Jesús, yo te he pedido muchas gracias, pero imploro ardientemente esta. Tómala, ponla en Tu Sagrado Corazón. Cuando El Padre Eterno la vea, cubierta con Tu Preciosa Sangre, no la rechazará. Ya no será mi plegaria, sino la tuya, oh Jesús. Oh Sagrado Corazón de Jesús, yo pongo mi confianza en Tí. Que jamás sea confundido. Amén.
(29.12.1989) (Extracto tomado de: Una Llamada Nupcial Divina)
Oración inicial.
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os agradezco todos los favores y las gracias con que habéis enriquecido el alma del beato Carlo Acutis durante los quince años que transcurrió en esta tierra y, por los méritos de este amado Ángel de la Juventud, concededme la gracia que fervientemente os ruego… (aquí se formula la gracia que se desea obtener).
DÍA PRIMERO
"Yo no pero Dios"
Beato Carlo Acutis, que has hecho de tu vida una continua renuncia y desolación, concédeme la gracia de buscar las cosas del Cielo y despreciar aquellas que pasan. Que así sea.
Se recitan como agradecimiento a Dios por los dones concedidos a Carlo en sus 15 años de vida terrenal: 5 Padre Nuestro, 5 Ave María, 5 Gloria al Padre.
DÍA SEGUNDO
"Estar siempre unido a Jesús, ese es mi proyecto de vida"
Beato Carlo Acutis, que has vivido en el Corazón de Jesús, concédeme la gracia de cumplir, en su totalidad, este diseño de amor. Que así sea.
Se recitan como agradecimiento a Dios por los dones concedidos a Carlo en sus 15 años de vida terrenal: 5 Padre Nuestro, 5 Ave María, 5 Gloria al Padre.
DÍA TERCERO
"Pide continuamente ayuda a tu Ángel de la Guarda que debe convertirse en tu mejor amigo"
Beato Carlo Acutis, que has buscado, ya en este mundo, la compañía de los Santos Ángeles, concédeme la gracia de vivir con rectitud como así desea mi Ángel de la Guarda. Que así sea.
Se recitan como agradecimiento a Dios por los dones concedidos a Carlo en sus 15 años de vida terrenal: 5 Padre Nuestro, 5 Ave María, 5 Gloria al Padre.
DÍA CUARTO
"Nuestra alma es como un globo aerostático... Si existiese un pecado mortal, el alma caería a la tierra y la confesión sería como el fuego... Es necesario confesarse a menudo"
Beato Carlo Acutis, que has vivido de forma ejemplar este sacramento de reconciliación, concédeme la gracia de buscar periódicamente la confesión con una profunda constricción. Que así sea.
Se recitan como agradecimiento a Dios por los dones concedidos a Carlo en sus 15 años de vida terrenal: 5 Padre Nuestro, 5 Ave María, 5 Gloria al Padre.
DÍA QUINTO
"La tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo. La felicidad es dirigir la mirada a Dios"
Beato Carlo Acutis, que nunca has apartado la mirada de Jesús, tu gran amor, concédeme la gracia de vivir ya en este mundo esta verdadera felicidad. Que así sea.
Se recitan como agradecimiento a Dios por los dones concedidos a Carlo en sus 15 años de vida terrenal: 5 Padre Nuestro, 5 Ave María, 5 Gloria al Padre.
DÍA SEXTO
"Lo único por lo que debemos rogar a Dios en nuestras oraciones es por tener ganas de ser santos"
Beato Carlo Acutis, que siempre has sido capaz de pedir a Dios lo que es esencial, concédeme la gracia de un profundo deseo para el Cielo. Que así sea.
Se recitan como agradecimiento a Dios por los dones concedidos a Carlo en sus 15 años de vida terrenal: 5 Padre Nuestro, 5 Ave María, 5 Gloria al Padre.
DÍA SÉPTIMO
"La Virgen María es la única Mujer de mi vida"
Beato Carlo Acutis, que has amado a la Virgen María más que a nada, concédeme la gracia de responder al amor de esta Madre cariñosa y bondadosa. Que así sea.
Se recitan como agradecimiento a Dios por los dones concedidos a Carlo en sus 15 años de vida terrenal: 5 Padre Nuestro, 5 Ave María, 5 Gloria al Padre.
DÍA OCTAVO
"La Eucaristía es mi autopista hacia el Cielo"
Beato Carlo Acutis, que siempre buscabas a tu Jesús escondido en el tabernáculo, concédeme la gracia de un profundo fervor eucarístico. Que así sea.
Se recitan como agradecimiento a Dios por los dones concedidos a Carlo en sus 15 años de vida terrenal: 5 Padre Nuestro, 5 Ave María, 5 Gloria al Padre.
DÍA NOVENO
"Estoy contento de morir porque he vivido mi vida sin malgastar ni un solo minuto de ella en cosas que no le gustan a Dios"
Beato Carlo Acutis, concédeme la gracia de las gracias, es decir, la perseverancia fi nal y una muerte santa. Que así sea.
Se recitan como agradecimiento a Dios por los dones concedidos a Carlo en sus 15 años de vida terrenal: 5 Padre Nuestro, 5 Ave María, 5 Gloria al Padre.
Oración final.
Dios Padre de Misericordia, eleva a la gloria de los altares a este tu beato Carlo Acutis, para que para él Tú estés más lleno de gloria. Concédenos el honor de invocarlo Santo, él que ha vivido Tu voluntad en todas las cosas, y por sus méritos concédeme la gracia que fervientemente deseo. Amén.
@unpasoaldia.com
Oh Señor Jesucristo, a Tu Sacratísimo Corazón confío estas intenciones (menciona tus intenciones). Solo mírame, y luego haz lo que tu Sagrado Corazón te inspire. Deja que tu Sagrado Corazón decida, yo cuento con él, en él confío y me arrojo a tu misericordia, Señor Jesús. No me fallarás. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío. Sagrado Corazón de Jesús, creo en tu amor por mí. Sagrado Corazón de Jesús, venga Tu Reino. Oh Sagrado Corazón de Jesús, te he pedido muchos favores, pero este te lo imploro de todo corazón. Recíbelo. Colócalo en Tu Corazón abierto y quebrantado; Y, cuando el Padre Eterno lo contemple, Cubierto con Tu Preciosa Sangre, no lo rechazará. Ya no será mi oración, sino la tuya, oh Jesús.
Oh Sagrado Corazón de Jesús, en Ti pongo toda mi confianza. No me dejes decepcionar.
Amén.
Rezála diariamente durante la novena (9 días)
Conocemos la vida de santa Rita, pero es necesario durante estos días profundizar en su espiritualidad, para que nuestra devoción a la santa no se reduzca a pedirle que interceda por nosotros, sino que nos muestre el camino que hemos de seguir para vivir las exigencias de nuestra vocación cristiana en el estado de vida en que nos encontremos.
La Palabra de Cristo habite en nosotros abundantemente, enseñándonos y exhortándonos unos a otros con toda sabiduría, con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y dando gracias a Dios en nuestros corazones. Amén
(Reflexión para cada día de la novena)
Oración de los fieles para todos los días:
Oremos a nuestro Padre que esta en los cielos, por medio de su Hijo Jesucristo, para que con el impulso del Espíritu Santo aprendamos a confiar en él en todos los acontecimientos de nuestra vida. Amén
Día primero
Reflexión: La mujer fuerte.
Dice Santo Padre Juan Pablo II: "Hija espiritual de san Agustín, puso en práctica sus enseñanzas a pesar de no tener muchos conocimientos ni leer sus libros. La recomendación que hace el santo a las mujeres consagradas de seguir al Cordero donde vaya y de contemplar con los ojos interiores las llagas del crucificado, las cicatrices del resucitado, la sangre del que muere.... todo en la balanza del amor (Cf. San Agustín, De Santa Virginitate 52, 54-55), fue cumplida literalmente por Rita. La lección de la santa se concentra en estos puntos típicos de su espiritualidad: el ofrecimiento del perdón, la aceptación del sufrimiento, no en forma de resignación o como fruto de la debilidad femenina, sino como fuerza del amor hacia Cristo. Verdaderamente santa Rita es la mujer fuerte, la virgen prudente de que habla la Escritura (Cf Pr 3 1, 10ss; Mt 25, 1ss); ella nos indica, en todos los estados de la vida, y no con palabras sino con hechos, cuál es el camino de la auténtica santidad como seguimiento fiel a Cristo hasta la cruz".
Estas palabras del Papa nos animan a mirar a santa Rita como modelo a seguir en nuestra vida diaria, y nos sirven para comprender las exigencias de la vocación a la que hemos sido llamados.
Día segundo
Reflexión: La ley del perdón.
El primer fruto de la redención es la ley del perdón. Gracias a la muerte de Cristo, todos nuestros pecados han sido perdonados, hemos obtenido la salvación. Cristo desde la cruz nos enseña que esta salvación va unida a la necesidad de perdonar también nosotros.
En la biografía de Rita aparece nítidamente el cumplimiento fiel de esta ley evangélica. Rita, ante el asesinato de su marido, elige el camino del perdón. Si pensamos en lo que siente su corazón de esposa y madre, podemos valorar y medir la grandeza de su actitud frente a los asesinos de su marido. Rita perdona, y perdona de corazón.
La tradición cuenta su reacción al tener delante de si el cadáver de su esposo y contemplar en la cara de sus hijos las señales del odio y el deseo de venganza. Rita pide a Dios la muerte de sus hijos antes que el rencor destroce para siempre sus vidas. Es el comportamiento heroico de una madre cristiana. Su instinto materno le hace desear que sus hijos vivan, pero ante el peligro de que pierdan la vida eterna, pide a Dios que se los lleve. El perdón a los enemigos y el profundo amor a sus hijos se funden en un corazón que tiene entrañas de misericordia para con todos, y que solamente desea que el amor de Dios llene las vidas de todos los hombres. Puedes decir con sinceridad y verdad: perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden?
Día tercero
Reflexión: Bienaventurados los que trabajan por la paz.
La ciudad de Casia, en tiempos de santa Rita, era una ciudad dividida, llena de rivalidades, con divisiones muy profundas entre las familias. El asesinato del marido de Rita fue fruto de esa situación.
El perdón de Rita a sus enemigos no se quedó en pura teoría, sino que pasó a la acción. Rita trabajó incansablemente para sembrar la paz y la concordia en las familias rivales de Casia; a su entrada en el monasterio ya había conseguido la reconciliación.
Rita, que sufrió tanto por las riñas y discordias entre seres queridos, nos puede repetir hoy las Palabras de san Agustín: "Ama la paz, ten paz, posee la paz, conquista a cuantos puedas para que posean la paz. ¡Qué bien es amar la paz! Es decir, el poseerla. Tened paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis, para encender a los demás" (San Agustín, Sermo 357, 2- 30).
Día cuarto
Reflexión: El ideal religioso de santa Rita: sólo Dios.
Sabemos cómo santa Rita fue modelo de comportamiento en todos los estados de su vida. Rita entra en el monasterio de agustinas de Casia y allí continúa, con la ayuda de la gracia, su obra de santificación. Su primer biógrafo no pudo hacer un elogio más breve y más hermoso de este periodo de su vida; nos dice: "perseveró durante 40 años en el servicio a Dios con amor”. Esta sencilla frase expresa con claridad su fidelidad total al ideal de vida religiosa que abrazó.
La fuerza del pensamiento Agustiniano lleva a la santa a vivir dedicada por entero a Dios. Rita dará ejemplo a sus hermanas por el fiel cumplimiento de la obediencia, por su espíritu de oración y sacrificio, pero sobre todo por su entera consagración a las cosas de Dios.
Lo que sabemos de su vida nos ayuda a comprender su progreso en la virtud, su unión cada día más estrecha con Cristo. Ella, y también nosotros, como firme propósito, podemos repetir la frase de san Agustín: "A ti sólo amo, a ti sólo busco, a ti sólo estoy dispuesto a servir" (Soliloquios 1, 1).
Día quinto
Reflexión: El verdadero amor cristiano.
Rita entiende el amor cristiano al estilo de Agustín: "Amar a Dios sin ningún deseo de recompensa". No desear nada de Dios sino a Dios mismo. Entregarse a él por entero y difundir ese amor a los demás sin esperar nada a cambio.
Muchas veces, cuando nosotros acudimos a santa Rita es para que ella interceda ante el Señor y nosotros podamos obtener la gracia que creemos necesitar. La llamamos "la santa de los imposibles". Sin embargo, al reflexionar sobre su manera de amar, comprendemos que el verdadero amor no espera nada, que la auténtica oración cristiana es más alabanza y acción de gracias que petición.
Santa Rita nos enseña en qué consiste el verdadero amor cristiano: dar sin pedir nada a cambio. Alabar y bendecir a Dios porque nos ama es la forma mis pura de la caridad, infundida por el Espíritu en el corazón de los santos, y la fuente del amor al prójimo.
Día sexto
Reflexión: Una espina de Cristo.
Personas estigmatizadas han existido siempre y, aunque la naturaleza de los estigmas no sea siempre de fácil explicación, su origen es bastante evidente. Proceden casi siempre de un amor intenso a la pasión de Cristo.
Rita fue una santa estigmatizada porque llevó las señales de la pasión de Cristo. La estigmatización fue el punto culminante de su vida mística. El llevar en la frente una espina de la corona de Cristo fue uno de los rasgos de su vida que más impresionó a las personas que la conocieron.
Los estigmas son, en primer lugar, un hecho interior, espiritual; son una herida de amor. El amor de Rita a Cristo, coronado de espinas y crucificado, hace que aparezca en su frente un a de las espinas de la corona de Cristo. Rita recibe una espina, y el intenso dolor que le produce aparece visiblemente reflejado en su frente. Rita llevó la espina durante 15 años como un sello de amor.
Al meditar en esta escena de la vida de Rita comprendemos el valor redentor de la pasión de Cristo y valoramos la estrecha unión que existe entre muerte y resurrección. Rita, con su estigma, nos enseña a meditar y contemplar el misterio pascual, y a fundamentar nuestra esperanza, sabiendo que si somos hijos, también seremos herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él para ser, también con él, glorificados (Rm 8, 17).
Día séptimo
Reflexión: Camino de humildad.
La fama de santidad de santa Rita era notória. Su experiencia mística y su participación intensa y prolongada en la pasión de Cristo era evidente. A pesar de todo ello, Rita nunca se creyó perfecta: siempre hubo en ella un deseo de mejorar, de avanzar en la perfección, de recorrer día a día el camino que lleva a la unión con el Señor, a través de la práctica de la virtud de la humildad.
Rita, siguiendo la doctrina de San Agustín, aprende que la humildad es el fundamento de todas las virtudes, el único camino recto para llegar a la santidad: "Cuantas veces me preguntes sobre los preceptos de la vida cristiana, no te responderé otra cosa sino humildad, aunque la necesidad me obligase tal vez a decir otras" (San Agustín, Epist. 118, 22).
Uno de los rasgos de la humildad cristiana es reconocer lo que somos en realidad, es decir, frágiles y pecadores. Otro es confesar la grandeza y el amor de Dios, a quien debemos todo lo que de bueno existe en nosotros. Rita, que vive en humildad y sufrimiento, en obediencia y servicio a los demás, crece en santidad y nos enseña la manera de progresar en la virtud: caminar en humildad.
Día octavo
Reflexión: Nuestra confianza en el Señor.
El conocimiento de la propia imperfección no lleva al desánimo ni a la tristeza. Lleva, más bien, al abandono en Dios y al empeño por acelerar el paso. Nuestra santa nos estimula, con su ejemplo, a lo uno y a lo otro. Rita experimentó la eficacia de abandonarse en Dios; estaba convencida de que la caridad, la humildad y la paz son inseparables. Ella nos exhorta a proseguir con gran empeño por el camino de la perfección, poniendo toda nuestra confianza en el Señor. San Agustín, hablando a sus fieles, que quería ver siempre más dignos de Cristo, les exhorta así: "que te desagrade esto que eres ahora si quieres llegar a lo que todavía no eres. Cuando te has complacido de ti mismo, te has parado; si has dicho basta, estás perdido. Camina siempre, progresa siempre: no te pares por el camino, no vuelvas para atrás, no te desvíes... Es mejor un cojo en el camino que un corredor fuera de él" (Sermo 169, 18). Rita ha visto que estas palabras nos enseñan a fiarnos de Dios para que se cumplan en nosotros sus designios divinos, que son siempre designios de misericordia. Ella lo experimentó en todos los acontecimientos, hasta en los más dramáticos de su vida. Sabe por experiencia que vivimos seguros sólo si en todo nos fiamos de Dios y avanzamos por el camino de la santificación y colaboramos en la santificación de nuestros hermanos.
Día noveno
Reflexión: La alegría en el servicio de Dios.
Dos son las razones que corroboran esta actitud en la vida de Rita: la primera es que la alegría es un componente inseparable de la santidad cristiana; la segunda es que Rita ha recibido de Dios la misión de hacerla florecer en el corazón y en los labios de sus devotos.
Santa Rita nos enseña la manera de dar el perdón pronto y generoso; la alegría de la paz buscada como bien supremo, del amor fraterno intenso y sincero, de la fe plena y filial en Dios. Santa Rita nos enseña la dicha profunda que nace de la cruz, llevada con Cristo y por Cristo.
Los prodigios que Dios realiza por su intercesión poderosa son un signo y una enseñanza: un signo de que él está presente en medio de su pueblo, que peregrina hacia la patria celeste; una enseñanza, para imitar la virtud de santa Rita y aprender el mensaje de servicio que se desprende de su vida.
Oración Final
Dios todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita tanta gracia, que amase a sus enemigos y llevase en su corazón y en su frente las señales del amor y pasión de tu Hijo; concédenos, por la intercesión y méritos de la santa, de tal manera perdonar a nuestros enemigos y venerar los dolores de la pasión de tu Hijo, que consigamos los premios prometidos a los humildes y atribulados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Para obtener favores del Siervo de Dios José Gregorio Hernández.
¡OH Trinidad amabilísima!: En Ti creo, en Ti espero y te amo con todo mi corazón. Te pido que llenes mi alma de tu gracia y me conserves siempre en tu amistad.
¡Señor Dios Rey Todopoderoso!: En Tus manos están puestas todas las cosas. Si Tú quieres salvar a tu pueblo no hay quien pueda resistir a tu voluntad. Tú has hecho el Cielo y la Tierra y todo cuanto en ellos se contiene. Tú eres el dueño del universo y nada puede oponerse a tu querer. Por tanto ahora, Señor Dios de nuestros Padres, ten piedad de nosotros porque las adversidades tratan de perdernos y de acabar con nuestra paz. No dejes de escuchar a estos tus siervos que rescataste con la Preciosa Sangre de Tu Único Hijo.
Muéstrate compasivo con nosotros. Cambia nuestro llanto en gozo, para que consiguiendo las gracias que te imploramos, alabemos Señor tu nombre y no dejen nuestros labios de proclamar tus alabanzas.
Te adoramos y bendecimos por las extraordinarias gracias que concediste a tu Siervo José Gregorio, especialmente por aquella de amarte a Ti sobre todas las cosas y amar al prójimo como a sí mismo, en lo cual está resumido todo lo que tu Ley y tus profetas nos han recomendado. Por esa especial caridad de tu amado siervo, te pedimos nos asistas en todas nuestras necesidades, especialmente en ésta que te recomendamos hoy.
Dígnate Trinidad misericordiosísima oír a tu Siervo, concediéndonos el favor que te pedimos si es para mayor gloria tuya y bien de nuestra alma.
Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
---
DÍA PRIMERO
¡OH Padre Eterno, Dios Todopoderoso! Te alabamos, te bendecimos y te damos gracias por todas las cualidades y virtudes que regalaste a tu Siervo José Gregorio, especialmente por su inmenso amor hacia los débiles, pobres y enfermos. Tú nos has dicho: “Quien ayuda al pobre, ayuda Dios, y Dios le recompensará”. Por eso nos atrevemos a pedir por medio de tu amado Siervo el favor que humildemente estamos recordándote en esta novena.
Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Aquí se pide la gracia que se desea. (Padre Nuestro y Ave María)
---
DÍA SEGUNDO
¡OH Hijo Amadísimo de Dios! Que te has hecho hombre por amor nuestro y te has quedado en la Santa Hostia en los altares para ser nuestro alimento. Gracias te damos por el inmenso amor que concediste a tu Siervo José Gregorio hacia la Eucaristía, la Comunión y la Santa Misa. Haz que como él, también nosotros recordemos siempre con gran fe tus promesas:
“YO SOY el Pan de Vida bajado del Cielo. Quien coma de este Pan vivirá eternamente, no tendrá la muerte eterna y Yo lo resucitaré en el último día”.
Por intercesión de tu Siervo te pedimos confiadamente la gracia que tanto estamos necesitando.
Aquí se pide la gracia que se desea. (Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
---
DÍA TERCERO
¡OH Espíritu Santo!, Guía de las almas hacia la virtud y la santidad. Nuestro Redentor nos dejó dicho: “Cuando venga el Espíritu Santo, Él os lo enseñará todo y os guiará hacia la verdad”. Te pedimos con toda fe que seas cada día quien ilumine nuestros pasos por el camino de la virtud, alejándonos siempre del pecado y del vicio. Y por intercesión de tu Siervo José Gregorio te imploramos el favor que tanto estamos necesitando.
Aquí se pide la gracia que se desea. (Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
---
DÍA CUARTO
¡OH Padre Celestial! Que has visitado y redimido a tu pueblo suscitándonos un Salvador en la persona de tu propio Hijo, según lo habías anunciado por los profetas, y por medio de Él nos libras de los enemigos de nuestra alma y realizas con nosotros la misericordia que tuviste con nuestros antepasados, recordando tu Santa Alianza y el juramento de ayuda que hiciste a nuestro Padre Abraham.
Gracias te damos por el gran amor que tu Siervo José Gregorio tuvo hacia nuestro amado Redentor, recordando frecuentemente los dolores de su Pasión y las enseñanzas de tu amado Siervo, te pedimos con gran esperanza de ser escuchados, la gracia que en esta novena te estamos implorando. Te la pedimos por los méritos de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Aquí se pide la gracia que se desea. (Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
---
DÍA QUINTO
¡OH Amadísimo Redentor Nuestro!: Hoy queremos recordar tu santísima pasión meditando las palabras que el Profeta dijo acerca de Ti: “Miradlo cómo lo han dejado nuestros pecados, despreciado. Varón de dolores. Humillado, herido, traspasado, triturado por nuestros pecados. Su castigo nos salvó a nosotros. Por sus llagas fuimos curados. El ha cargado con todos nuestros pecados. Fue llevado al matadero como un manso cordero, sin protestar, sin abrir su boca. Le dieron a beber hiel y vinagre. Se repartieron sus vestidos. Traspasaron sus manos y sus pies y se pueden contar todos sus huesos”. Gracias te damos por el amor que inspiraste a tu Siervo José Gregorio hacia Ti y hacia todos los que sufren. Por tu intercesión te pedimos humildemente la gracia que estamos necesitando. Amén.
Aquí se pide la gracia que se desea. (Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
---
DÍA SEXTO
¡OH Espíritu Santo! Enviado por nuestro amable Redentor para librarnos del error y darnos un especial gusto por la virtud y las obras buenas: hoy te pedimos con toda fe nos concedas el mismo espíritu de resignación y paz que tuvo Jesucristo Nuestro Señor cuando en el Huerto de los Olivos oraba diciendo: “Padre, si es posible aleja de mí estos sufrimientos. Pero que no se haga lo que Yo quiero sino lo que quieras Tú. Si no es posible que se alejen de mí estos sufrimientos, hágase tu Voluntad”. Por medio de tu fiel Siervo José Gregorio a quien le concediste no sólo la gracia de curar los males, sino de hacer soportar con gran paciencia las penas que la Providencia quiere que suframos, haz, te lo suplicamos, que si conviene para bien de nuestras almas obtengamos el favor especial que con nuestra oración estamos implorando en esta novena. Amén.
Aquí se pide la gracia que se desea. (Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
---
DÍA SÉPTIMO
¡Padre Misericordioso siempre dispuesto al perdón! Agobiados por el recuerdo de nuestros muchos pecados queremos rezarte hoy arrepentidos la preciosa oración que te compuso tu Siervo el profeta David: “Misericordia Dios mío por tu bondad. Por tu inmensa compasión borra mi culpa. Borra del todo mi pecado. Purifícame de mis culpas, pues yo reconozco mis faltas. Tengo siempre presente mis pecados. Contra ti, contra ti, sólo pequé: Cometí la maldad que aborreces.
Te gusta un corazón sincero y en mi interior me recomiendas sabiduría. Purifícame y quedaré más blanco que la nieve. Aparta de mi pecado tu vista. Borra en mí toda culpa. ¡OH Dios, crea en mí un corazón puro! No me arrojes lejos de tu presencia. No alejes de mí tu Santo Espíritu. Líbrame del castigo que merezco. Otros sacrificios quizás no quieres hoy. Mi sacrificio es un espíritu arrepentido. Un espíritu arrepentido humillado, Tú no lo desprecias. En cambio enseñaré a otros tus doctrinas. Haré que pecadores se vuelvan tuyos y proclamaré tus alabanzas siempre, siempre”. Amén, Aleluya.
Por la intercesión de tu siervo José Gregorio te pedimos con toda fe la gracia que te estamos suplicando en esta novena.
Aquí se pide la gracia que se desea. (Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
---
DÍA OCTAVO
¡Señor Nuestro Jesucristo, Salvador de todos los que creen en Ti! Postrados ante tu Santísima presencia te rogamos con el mayor fervor, que imprimas en nuestro corazón los más vivos sentimientos de fe, esperanza, caridad, dolor de nuestros pecados y propósitos de jamás ofenderte, mientras que nosotros llenos de amor y compasión vamos considerando tus cinco llagas, comenzando por aquellas palabras del Profeta: "Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”.
Alma de Cristo, santifícanos. Cuerpo de Cristo, sálvanos. Sangre de Cristo, embriáganos. Agua del Costado de Cristo, lávanos. Pasión de Cristo, confórtanos.
¡OH buen Jesús, óyenos! Dentro de tus llagas, escóndenos. No permitas que nos apartemos de Ti. Del enemigo malo defiéndenos.
A la hora de la muerte llámanos y mándanos ir a Ti para que con tus santos te alabemos por los siglos de los siglos. Amén.
Por intercesión de tu Siervo José Gregorio te pedimos la gracia que en esta novena, te estamos suplicando.
Aquí se pide la gracia que se desea. (Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
---
DÍA NOVENO
¡OH Espíritu Santo! Que en tu siervo José Gregorio suscitaste una inmensa devoción a la Santísima Virgen. Queremos honrarte rezando la oración que la misma Madre de Dios compuso inspirada por Ti:
“Proclama mi alma la grandeza del Señor. Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace maravillas con su brazo. Dispersa a los orgullosos de corazón y derriba a los poderosos. Eleva a los humildes y a los necesitados los llena de bienes, pero a los que se creen ricos los despide vacíos.
Alabado sea para siempre el Nombre del Señor”.
Por intercesión de tu siervo José Gregorio dígnate concedernos la gracia que tan confiadamente te estamos suplicando, si ha de servir para tu gloria y para nuestro bien. Amén.
Aquí se pide la gracia que se desea. (Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
OFRECIMIENTO PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.
¡Oh santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que Él es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pecadores.
ORACIÓN PREPARATORIA
Oh santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro amantísimo Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea.
ORACIÓN DE CADA DÍA
ORACIÓN FINAL
¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna! Os suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del santísimo rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
---
ORACIÓN PRIMER DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado.
ORACIÓN SEGUNDO DÍA
¡Oh santísima Virgen María, Madre de la divina gracia, que vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales.
ORACIÓN TERCER DIA
¡Oh santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en la otra.
ORACIÓN CUARTO DIA
¡Oh santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el Papa, e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario de vuestro Hijo y su representante en la tierra. Infunde también a nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la santa Iglesia, por medio de los cuales participamos la vida de la gracia en los sacramentos.
ORACIÓN QUINTO DIA
¡Oh santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos!, que movida por el ruego de los pastorcitos, obraste ya curaciones en vuestras apariciones en Fátima, y habéis convertido este lugar, santificado por vuestra presencia, en oficina de vuestras misericordias maternales en favor de todos los afligidos. A vuestro Corazón maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrando las enfermedades de nuestras almas y las aflicciones y dolencias todas de nuestra vida. Echad sobre ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de vuestras manos, para que así podamos serviros y amaros con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.
ORACIÓN SEXTO DIA
Oh santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro amantísimo Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea.
ORACIÓN SÉPTIMO DIA
¡Oh santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro maternal Corazón todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.
ORACIÓN OCTAVO DIA
¡Oh santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro maternal Corazón todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.
ORACIÓN NOVENO DIA
¡Oh santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de vuestro Corazón misericordioso, y les propusiste la devoción al mismo como el medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de la más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea vuestro Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con vuestro Hijo Jesús.
Oración Inicial de todos los días
Hacer la señal de la cruz.
Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.
San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.
Meditación del día correspondiente
Hacer Petición por la cual se ofrece la Novena
Oración Final de todos los días
¡ACUÉRDATE!
¡Acuérdate! Oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío San José que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado tu protección e implorado tu auxilio, haya quedado sin consuelo! Animado con esta confianza, vengo a tu presencia y me recomiendo fervorosamente a tu bondad. No desatiendas mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acógelas propicio y dígnate socorrerme con piedad. Amén.
Meditación de cada día
Día Primero: Fe de San José
La fe es una virtud sobrenatural que nos inclina a creer todo lo que Dios ha revelado y la Iglesia nos propone. Es la virtud sobre la que se apoyan todas las demás virtudes, pues sin ella no participamos de la vida de la gracia. San José creyó con una fe tan viva que sólo la Santísima Virgen pudo aventajarlo. Toda su vida fue verdaderamente una vida de fe, un acto continuo de fe.
Día Segundo: Fervor de San José
El fervor es la prontitud de la voluntad en el servicio de Dios. San José, siervo bueno y fiel, siempre vivió y trabajó por hacer con perfección y diligencia la voluntad de Dios, aunque le ocasionara grandes sacrificios. Los que aman como San José están dispuestos a sacrificar todo cuanto el Señor les pida.
Día Tercero: Amor de San José al prójimo
El amor con que amamos a Dios y el amor con que amamos al prójimo es un solo amor: son dos ramas de una misma raíz porque si al prójimo no le amamos por Dios y con Dios no le amamos con amor verdadero.
El amor de San José a Dios es el mayor que se puede encontrar después de la Virgen María; su amor al prójimo, por tanto, es también el mayor después del de la reina del Cielo.
Día Cuarto: Prudencia de San José
La prudencia es la virtud que dirige todas las cosas a buen fin. Ninguna virtud obra sin que ella le ordene el modo y el tiempo en que debe hacerlo.La prudencia sirvió de guía a san José para llevar a cabo felizmente la misión del Señor de ser custodio de Jesús y esposo de María, a pesar de los grandes trabajos y contradicciones que halló a su paso.
Día Quinto: Fortaleza de San José
La fortaleza es una firmeza de ánimo, una presencia de espíritu, contra todos los males y contrariedades. La vida de San José, después de la de Jesús y María, fue la que mayores contradicciones experimentó; debía ser también varón fuerte. Belén, Nazaret, Egipto, demostraron el heroísmo de la fortaleza del Santo, que sufrió con constancia todos los dolores y trabajos de su vida.
Día Sexto: Pureza de San José
San José fue custodio de Cristo Jesús, y verdadero esposo de la más pura criatura, María Madre de Dios. San José apareció a los ojos de Dios adornado con tanta pureza que el Señor le confió sus más grandes tesoros. Con este ejemplo sublime de pureza. ¿No nos animaremos a ser puros en pensamientos, palabras y obras?
Día Séptimo: Pobreza de San José
Bienaventurados son los pobres de Cristo, que viven desprendidos de los bienes de este mundo y dan a sus hermanos aún de lo preciso. San José tenía ante sí el ejemplo de María y el ejemplo de Jesús, hijo de Dios, que para predicar el desprendimiento y amor a la pobreza se hizo pobre, teniendo por cuna un pesebre en su nacimiento. Vivió pobre San José y dio de su pobreza a los más necesitados.
Día Octavo: Paciencia de San José
Es esta una virtud que nos hace sobrellevar con alegría y paz todos los males de la vida por amor de Dios. Es necesaria la paciencia para alcanzar el cielo; y no hay virtud de mas frecuente ejercicio desde que existe el pecado. En la vida de san José hubo muchas penas pero él padeció con paz, con alegría y completamente resignado a la voluntad de Dios.
Día Noveno: Conformidad de San José con la voluntad de Dios
Todos tenemos absoluta necesidad de esta santa virtud, pues con ella nuestra vida se hace un cielo y sin ella se vuelve un infierno. San José, modelo acabado de todas las virtudes, lo es especialmente de la conformidad con la voluntad de Dios. Toda su vida sembrada de alegrías y de penas, es escogido por Dios Padre para que hiciese sus veces en la Sagrada Familia, asociado a la suerte de Jesús y de María, practicó constantemente esta virtud
Oración para todos los días
Benignísimo Dios de infinita caridad que tanto amaste a los hombres, que les diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciera en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. En torno a él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu Hijo humanado; suplicándote por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén. (Se reza tres veces Gloria al padre)
Día primero
En el principio de los tiempos el Verbo reposaba en el seno de su Padre en lo más alto de los cielos: allí era la causa, a la par que el modelo, de toda creación. En esas profundidades de una incalculable eternidad permanecía el Niño de Belén. Allí es donde debemos datar la genealogía del Eterno que no tiene antepasados, y contemplan la vida de complacencia infinita que allí llevaba. La vida del Verbo Eterno en el seno de su Padre era una vida maravillosa y sin embargo, misterio sublime, busca otra morada en una mansión creada. No era porque en su mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad sino porque su misericordia infinita anhelaba la redención y la salvación del género humano, que sin Él no podría verificarse. El pecado de Adán había ofendido a Dios y esa ofensa infinita no podría ser perdonada sino por los méritos del mismo Dios.
La raza de Adán había desobedecido y merecido un castigo eterno; era pues, necesario para salvarla y satisfacer su culpa que Dios, sin dejar el cielo, tomase la forma del hombre sobre la tierra y con la obediencia a los designios de su Padre, purgase aquella desobediencia, ingratitud y rebeldía. Era necesario en las miras de su amor que tomase la forma, las debilidades e ignorancia sistemática del hombre, que creciese para darle crecimiento espiritual; que sufriese, para morir a sus pasiones y a su orgullo y por eso el Verbo Eterno ardiendo en deseos de salvar al hombre resolvió hacerse hombre también y así redimir al culpable.
Oración a la Santísima Virgen (Para todos los días)
Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiese por madre suya, te suplico que tú misma prepares y dispongas mi alma, y la de todos los que en este tiempo hicieran esta novena, para el nacimiento espiritual de tu adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre!, comunícame algo del profundo recogimiento y divina ternura con la que aguardaste para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén. (Se reza nueve veces el Avemaría y Gloria)
Oración a San José (Para todos los días)
¡Oh Santísimo José!, esposo de María y padre adoptivo de Jesús, infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Te ruego, por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén. (Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria)
Gozos (para todos los días)
Dulce Jesús mío, mi niño adorado,
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Oh sapiencia suma del Dios soberano,
que a infantil alcance te rebajas sacro!
¡Oh Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Oh, Adonai potente que, a Moisés hablando,
de Israel al pueblo disteis los mandatos!
¡Ah! ven prontamente para rescatarnos.
Y que un niño débil muestre fuerte brazo!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Oh raíz sagrada de José, que en lo alto presentan al orbe tu fragante nardo!
¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles bella flor del campo!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Llave de David que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio!
¡Sácanos, oh Niño, con tu blanda mano, de la cárcel triste que labró el pecado!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
Oh lumbre de Oriente sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos!
¡Niño tan preciado, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Espejo sin mancha Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano!
¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y, en forma de Niño da al mísero amparo!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño!
¡Niño que apacientas con suave cayado ya la oveja arisca, ya el cordero manso!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto Bienhechor rocío, como riego santo!
¡Ven hermoso Niño! Ven Dios humanado luce, hermosa estrella, brota flor del campo.
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Ven que ya María previene sus brazos do su niño vean, en tiempo cercano!
¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
¡Del débil auxilio del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado!
¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
Ve ante mis ojos, de ti enamorados! Bese ya tus plantes, bese ya tus manos!
Prosternado en tierra te tiendo los brazos, y aún más que mis frases te dice mi llanto!
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos
¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!
----------------------------------
Oración al Niño Jesús (Para todos los días)
Acuérdate ¡oh dulcísimo Niño Jesús! que dijiste a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento y por ella a todos tus devotos estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado". Llenos de confianza en ti, ¡oh Jesús, que eres la misma verdad!, venimos a exponerte toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos por los méritos de tu encarnación y de tu infancia la gracia de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a ti, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza y de que en virtud de tu divina promesa acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica.
Amén.
Día segundo
El Verbo Eterno se halla a punto de tomar su naturaleza creada en la santa Casa de Nazaret en donde vivían María y José. Cuando la sombra del secreto divino vino a deslizarse sobre ella, María estaba sola sumida en la oración. Pasaba las silenciosas horas de la noche en la unión más estrecha con Dios y mientras oraba, el Verbo tomó posesión de su morada creada. Sin embargo, no llegó repentinamente; antes de presentarse envió un mensajero, que fue el Arcángel San Gabriel, para pedir a María de parte de Dios su consentimiento para la encarnación.
El Creador no quiso efectuar este gran misterio sin la aprobación de su criatura. Aquel momento fue muy solemne. Era potestativo en María el rehusar... ¡Con qué adorables delicias. Con qué inefables complacencias aguardaría la Santísima Trinidad a que María abriese los labios y pronunciase el consentimiento que debió ser suave melodía para sus oídos, y con el cual se conformaba su profunda humildad a la omnipotente voluntad divina! La Virgen Inmaculada ha dado su asentimiento.
El Arcángel ha desaparecido. Dios se ha revestido de una naturaleza creada; la voluntad eterna está cumplida y la creación completa. El Verbo se ha hecho carne, y aunque todavía invisible para el mundo, habita ya entre los hombres que su inmenso amor ha venido a rescatar. (Lo demás como el día primero)
Día tercero
Benignísimo Dios... Así había comenzado su vida encarnada el Niño Jesús. Consideremos el alma gloriosa y el Santo Cuerpo que había tomado, adorándolos profundamente.
Admirando en primer lugar el alma de ese Divino Niño, consideremos en ella la plenitud de su ciencia beatífica, por la cual desde el primer momento de su vida vio la divina esencia más claramente que todos los ángeles y leyó lo pasado y lo por venir con todos sus arcanos y conocimientos. Del alma del Niño Jesús pasamos ahora a su cuerpo, que era un mundo de maravillas, una obra maestra de la mano de Dios. Quiso que fuese pequeño y débil como el de todos los niños y sujeto a todas las incomodidades de la infancia, para asemejarse más a nosotros y participar en nuestras humillaciones. La belleza de este cuerpo del Divino Niño fue superior a cuanto se ha imaginado jamás, y la divina sangre que por sus venas empezó a circular desde el momento de su Encarnación, es la que lavó todas las manchas del mundo culpable.
Pidámosle que lave las nuestras en el sacramento de la penitencia para que el día de su dichosa Navidad nos encuentre purificados, perdonados y dispuestos a recibirle con amor y provecho espiritual. (Lo demás como el día primero)
----------------------------------
Día cuarto
Benignísimo Dios... Desde el seno de su Madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su eterna sumisión a Dios, que continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se sometía a su voluntad; aceptaba con resignación toda su debilidad, toda su humillación, todas sus incomodidades. ¿Quién de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante con el pleno goce de la razón y de la reflexión? Por ahí entró el Divino Niño en su dolorosa y humillante carrera; así empezó a anonadarse delante de su Padre; a enseñarnos lo que Dios merece por parte de su criatura; a expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados. ¿Deseamos hacer una verdadera oración? Empecemos por formarnos de ella una idea exacta, contemplando al Niño en el seno de su Madre.
El Divino Niño ora y ora del modo más excelente. No habla, no medita, ni se deshace en tiernos afectos. Su mismo estado lo acepta con la intención de honrar a Dios, en su oración y en ese estado expresa altamente todo lo que Dios merece, y de qué modo quiere ser adorado por nosotros. Unámonos a las adoraciones del Niño Dios en el seno de María; unámonos a su profundo abatimiento, y sea este el primer efecto de nuestro sacrificio a Dios. Desaparezcamos a nuestros propios ojos, y que Dios sea todo para nosotros. (Lo demás como el día primero)
----------------------------------
Día quinto
Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús en el seno de su purísima Madre; veamos hoy la vida que lleva también María durante el mismo espacio de tiempo. María no cesaba de aspirar el momento en que gozaría de esa visión beatífica terrestre, la faz de Dios encarnado.
Estaba a punto de ver aquella faz humana que debía iluminar el cielo durante toda la eternidad. Iba a leer el amor filial en aquellos mismos ojos cuyos rayos debería esparcir para siempre la felicidad en millones de elegidos. Iba a verle en la ignorancia aparente de la infancia, en los encantos particulares de la juventud y en la serenidad reflexiva de la edad madura.
Tal era la vida de expectativa de María. Era inaudita en sí misma, mas no por eso dejaba de ser el tipo magnífico de toda vida cristiana. No nos contentemos con admirar a Jesús residiendo en María, sino pensemos que en nosotros también reside por esencia, potencia y presencia. (Lo demás como el día primero)
----------------------------------
Día sexto
Jesús había sido concebido en Nazaret, domicilio de José y María, y allí era de creerse que habría de nacer, según todas las probabilidades. Mas Dios lo tenía dispuesto de otra manera, y los profetas habían anunciado que el Mesías nacería en Belén de Judá, ciudad de David. Para que se cumpliese esta predicción, Dios se sirvió de un medio que no parecía tener ninguna relación con este objeto, a saber: la orden dada por el emperador Augusto de que todos los súbditos del imperio romano se empadronasen en el lugar de donde eran originarios.
María y José, como descendientes que eran de David, estaban obligados a ir a Belén. No ignoraba Jesús en qué lugar debía nacer y así inspira a sus padres que se entreguen a la Providencia, y que de esta manera concurran a la ejecución de sus designios. Almas interiores, observen este manejo del Divino Niño, porque es el más importante de la vida espiritual: aprendan que el que se haya entregado a Dios ya no ha de pertenecer a sí mismo, ni ha de querer sino lo que Dios quiera para él. (Lo demás como el día primero)
----------------------------------
Día séptimo
Representémonos el viaje de María y José hacia Belén, llevando consigo, aún no nacido, al Creador del Universo, hecho hombre. Contemplemos la humildad y la obediencia de ese Divino Niño, que aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con una predilección inexplicable obedece así a un príncipe extranjero que forma el censo de población de su provincia, como si hubiese para él en esa circunstancia algo que le halagase, y quisiera apresurarse a aprovechar la ocasión de hacerse empadronar oficial y auténticamente como súbdito en el momento en que venía al mundo. El anhelo de José, la expectativa de María son cosas que no puede expresar el lenguaje humano.
El Padre Eterno se halla, si nos es lícito emplear esta expresión, adorablemente impaciente por dar a su hijo único al mundo y verle ocupar su puesto entre las criaturas visibles. El Espíritu Santo arde en deseos de presentar a la luz del día esa santa humanidad, que Él mismo ha formado con divino esmero. (Lo demás como el día primero)
----------------------------------
Día octavo
Llegan a Belén José y María buscando hospedaje en las posadas, pero no encuentran, ya por hallarse todos ocupados, ya porque se les deshace a causa de su pobreza. Pero, nada puede turbar la paz interior de los que están fijos en Dios. Si José experimentaba tristeza cuando era rechazado de casa en casa, porque pensaba en María y en el Niño, sonreía también con santa tranquilidad cuando fijaba la mirada en su casta esposa.
El ruido de cada puerta que se cerraba ante ellos era una dulce melodía para sus oídos. Eso era lo que había venido a buscar. El deseo de esas humillaciones era lo que había contribuido a hacerle tomar la forma humana. ¡Oh, Divino Niño de Belén! Estos días que tantos han pasado en fiestas y diversiones o descansando suavemente en cómodas y ricas mansiones, ha sido para tus padres un día de fatiga y vejaciones de toda clase.
¡Ay! el espíritu de Belén es el de un mundo que ha olvidado a Dios. ¡Cuántas veces no ha sido también el nuestro! Póngase el sol el 24 de diciembre detrás de los tejados de Belén y sus últimos rayos doran la cima de las rocas escarpadas que lo rodean. Hombres groseros codean rudamente al Señor en las calles de aquella aldea oriental y cierran sus puertas al ver a su Madre. La bóveda de los cielos aparece purpurina por encima de aquellas colinas frecuentadas por los pastores. Las estrellas van apareciendo unas tras otras. Algunas horas más y aparecerá el Verbo Eterno. (Lo demás como el día primero)
----------------------------------
Día noveno
La noche ha cerrado del todo en las campiñas de Belén. Desechados por los hombres y viéndose sin abrigo, María y José han salido de la inhospitalaria población, y se han refugiado en una gruta que se encontraba al pie de la colina. Seguía a la Reina de los Ángeles el asno que le había servido de cabalgadura durante el viaje y en aquella cueva hallaron un manso buey, dejado ahí probablemente por alguno de los caminantes que había ido a buscar hospedaje en la ciudad.
El Divino Niño, desconocido por sus criaturas va a tener que acudir a los irracionales para que calienten con su tibio aliento la atmósfera helada de esa noche de invierno, y le manifiesten con esto su humilde actitud, el respeto y la adoración que le había negado Belén. Pero ha llegado la medianoche y de repente vemos dentro de ese pesebre antes vacío, al Divino Niño esperado, vaticinado, deseado durante cuatro mil años con tan inefables anhelos. A sus pies se postra su Santísima Madre en los transportes de una adoración de la cual nada puede dar idea. José también se le acerca y le rinde el homenaje con que inaugura su misterioso e imperturbable oficio de padre putativo del Redentor de los hombres.
La multitud de ángeles que descienden del cielo a contemplar esa maravilla sin par, deja estallar su alegría y hace vibrar en los aires las armonías de esa "Gloria in Excelsis", que es el eco de adoración que se produce en torno al trono del Altísimo hecha perceptible por un instante a los oídos de la pobre tierra.
Convocados por ellos, vienen en tropel los pastores de la comarca a adorar al "recién nacido" y a presentarle sus humildes ofrendas. Ya brilla en Oriente la misteriosa estrella de Jacob; y ya se pone en marcha hacia Belén la caravana espléndida de los Reyes Magos, que dentro de pocos días vendrán a depositar a los pies del Divino Niño el oro, el incienso y la mirra, que son símbolos de la caridad, de la oración y de la mortificación. ¡Oh, adorable Niño! Nosotros también los que hemos hecho esta novena para prepararnos al día de vuestra Navidad, queremos ofrecerte nuestra pobre adoración: ¡no la rechaces! Ven a nuestras almas, ven a nuestros corazones llenos de amor.
Enciende en ellos la devoción a tu Santa Infancia, no intermitente y solo circunscrita al tiempo de tu Navidad sino siempre y en todos los tiempos; devoción que fiel y celosamente propagada nos conduzca a la vida eterna, librándonos del pecado y sembrando en nosotros todas las virtudes cristianas. (Lo demás como el día primero)
I.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: “En verdad les digo, pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá!”. He aquí que, confiando en tus santas palabra, yo llamo, busco, y pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío en Ti.
II.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: “En verdad les digo, pasarán los cielos y la tierra pero mis palabras jamás pasarán” He ahí que yo, confiando en lo infalible de tus santas palabras pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.
III.- ¡Oh Jesús mío!, que dijiste: “En verdad les digo, todo lo que pidáis a mi Padre en mi Nombre, se les concederá”. He ahí que yo, al Padre Eterno y en tu nombre pido la gracia…….
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.
¡Oh Sagrado Corazón de Jesús, el cual es imposible no sentir compasión por los infelices, ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos las gracias que pedimos en nombre del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre, San José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros. Amén.
Santa Margarita Maria Alocoque