On Eterno Padre, yo os ofrezco el sacrificio que de Si Mismo os hizo sobre la Cruz Vuestro Amadísimo Hijo y mi Divino Redentor.
Os lo ofrezco en nombre de todas las criaturas para daros la gloria que merecéis en acción de gracias por vuestros beneficios, para aplacar
Vuestra Divina Justicia irritada por los pecados del mundo, para alcanzar las gracias que necesito para mí, para mis deudos, para la Iglesia, para el mundo entero y para las benditas almas del Purgatorio.
Amén
Dondequiera que vaya, Tú;
dondequiera que me detenga, Tú;
¡Sólo Tú, todavía Tú, siempre Tú!
Cielo, tú; Tierra, tú.
Donde quiera que yo mire, Tú;
¡Sólo Tú, todavía Tú, siempre Tú!”.
-Poesía del Jasidismo
Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
Con tal que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre.
Amén.
P. Julián Ospina
Señor sé que me apoyas, me das valentía.
Me has ungido Señor con el aceite bautismal.
Tu mano me sostendrá, y tu brazo me dará fuerza.
No podrá atormentarme el enemigo, ni me hará sufrir el malvado.
Destrozarás a mis rivales, golpearás a quienes me odian.
Tu fidelidad y tu amor me acompañarán, tu nombre me asegurará la victoria.
Padre, mi Dios, mi refugio, mi salvación, tu bondad me protegerá siempre, tu promesa será firme.
Mantendrás mi nombre grabado en el cielo. No apartarás tu amor de mi, serás fiel y no cambiarán tus palabras.
Serás como el sol ante mí, firme como la luna y yo tu testigo fiel.
Amén
- Pacto que Dios hizo con David en el Salmo 89: 20-38 hecha oración para nosotros
Cumplid, Señor, los designios de vuestra misericordia, suscitad a los hombres de vuestra diestra, tales como los habéis mostrado a tantos de vuestros más grandes servidores.
Invocación a Dios Padre
Dios Todopoderoso, acordáos de nosotros empleando la omnipotencia de vuestro brazo nunca menguado, para darnos vida y llevarnos a tu perfección. Renovad los milagros, haced nuevos prodigios (Eclo 36,6.), dejadnos experimentar el socorro de vuestro brazo (Sab 5,17). Oh gran Dios, que de piedras toscas (Mt.3,9) podéis hacer otros tantos hijos de Abraham, decid una sola palabra en Dios, para enviar buenos “operarios a vuestra mies” (Lc 10,2), y buenos misioneros a vuestra Iglesia.
Dios de Bondad, acordáos de vuestras antiguas misericordias; acordáos de las reiteradas promesas que nos habéis hecho por medio de vuestros profetas y de vuestro mismo Hijo, de escuchar nuestras justas peticiones.
Mas acordáos sobre todo de vuestro querido Hijo. “Contempla la cara de tu Ungido” (Sal 83,10) Acordáos de su agonía, su confusión y su queja amorosa en el Huerto de los Olivos cuando dijo: ¿De qué sirve mi sangre?(Sal 29,10)
Acordáos, Señor, de nosotros en los efectos de Vuestra Justicia.
“Ya es tiempo de hacer lo que habéis prometido. Violada está vuestra divina ley” (Sal 118,126); abandonado vuestro evangelio; torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a vuestros mismos siervos. Desolada está la tierra (Jer 12,11), la impiedad se asienta en los tronos, vuestro santuario es profanado, la abominación está en el mismo lugar santo (Dan 9,27; Mt 24,15; Mc 13,14). ¿Lo dejaréis todo así abandonado, justo Señor, Dios de las venganzas? ¿Todo llegará a ser como Sodoma y Gomorra? ¿Os callaréis, siempre? ¿Seguiréis soportándolo todo? ¿No es preciso que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo, y que venga a nosotros vuestro reino?¿No os dicen todos los justos de la tierra: Venid, Señor Jesús! (Ap 22,20) Todas las criaturas, hasta las más insensibles, gimen bajo el peso de los innumerables pecados de Babilonia y piden vuestra venida para restaurarlo todo. “La creación entera gime”(Rom 8,22).
Invocación a Dios Hijo
Señor Jesús, Acordáos de dar a vuestra Madre, acordáos de concluir por María los años de la gracia como los habéis comenzado por Ella.
Dad hijos y siervos a vuestra Madre, de lo contrario dejadme morir (Gén 30,1).
Acordáos de sus entrañas y de sus pechos, y no me rechacéis; acordáos de quien sois hijo y escuchadme: acordáos de lo que Ella es para Vos y de lo que Vos sois para Ella.
Nada pido para mí, todo para vuestra gloria.
Sacerdotes libres con vuestra libertad, desprendidos de todo, sin padre, sin madre, sin hermanos, sin parientes según la carne, sin amigos según el mundo, sin bienes, sin estorbos, sin cuidados, y hasta sin voluntad propia (Mc 10,29; Lc 14,26).
Esclavos de vuestro amor y de vuestra voluntad, hombres según vuestro corazón que, sin voluntad propia que los manche y los detenga, cumplan siempre la vuestra y derriben a todos vuestros enemigos.
Hombres siempre prontos a serviros, siempre dispuestos a obedeceros a la voz de sus superiores, como Samuel: “Heme aquí” (1 Re 3,16) siempre listos a correr y a sufrirlo todo con Vos y para Vos.
Verdaderos hijos de María, vuestra Santísima Madre, engendrados y concebidos por su caridad, sostenidos por su brazo, y enriquecidos por sus gracias.
Verdaderos siervos de la Santísima Virgen quienes, como Santo Domingo, con la antorcha brillante y ardiente del santo Evangelio en la boca y el santo Rosario en la mano, vayan por todas partes, ladrando como perros, ardiendo como hogueras, e iluminando las tinieblas del mundo como soles, y que por medio de una verdadera devoción a María, esto es, interior sin hipocresía, tierna sin indiferencia, constante sin ligereza, y santa sin presunción, aplasten doquiera que vayan la cabeza de la antigua serpiente.
De lo contrario, dejadme morir. ¿Acaso no es preferible morir, Dios mío, que veros tan cruel e impunemente ofendido todos los días, y hallarme cada vez más en peligro de ser arrastrado por los torrentes de iniquidad que van creciendo?
Invocación al Espíritu Santo
Espíritu Santo, acordáos de producir y de formar hijos de Dios con María vuestra divina y fiel esposa. Habéis formado a Jesús cabeza de los predestinados, con Ella y en Ella; con Ella y en Ella debéis formar también todos sus miembros.
El reinado especial de Dios Padre ha durado hasta el diluvio, y concluyó con el diluvio de agua; el reinado de Jesucristo terminó con un diluvio de sangre; mas vuestro reinado, Espíritu del Padre y del Hijo, continúa, y terminará con un diluvio de fuego de amor y de justicia (1 Jn 5,8).
¿Cuándo vendrá ese diluvio de fuego de amor puro, que debéis encender en toda la tierra, de una manera a la par tan dulce y vehemente que abrasará y convertirá todas las naciones?
Enviad a vuestro Espíritu y serán creados, y renovaréis la faz del mundo (Sal 103,30).
Enviad ese Espíritu que es todo fuego purísimo para formar sacerdotes llenos de fuego por cuyo ministerio sea renovada la faz de la tierra, y reformada vuestra Iglesia.
¡Ah Señor! congrega nos de nationibus (Sal 105,47), juntadnos, reunidnos a fin de que alaben y bendigan por ello a vuestro Nombre santo y poderoso.
Los misioneros de María
¿Cuáles son esos misioneros que vivirán en vuestra heredad alimentándose de la divina dulzura que les habéis preparado? Son esos pobres misioneros abandonados a la Providencia, que rebosarán de vuestras divinas delicias; son esos animales misteriosos de Ezequiel (Ez 1,5-14) que tendrán la humanidad del hombre por su caridad desinteresada y benéfica para con el prójimo, la bravura del león por su santa cólera y su celo ardiente y discreto contra los demonios y los hijos de Babilonia; la fuerza del buey por sus trabajos apostólicos y su mortificación de la carne, y en fin, la agilidad del águila por su contemplación en Dios. Esos imitadores de los apóstoles predicarán con tal virtud y fortaleza que removerán todos los espíritus y los corazones en los lugares donde prediquen.
Por su abandono a la Providencia y su devoción a María tendrán plateadas alas de paloma, es decir, la pureza de doctrina y de costumbres; y dorado el dorso, esto es, una perfecta caridad para con el prójimo para soportar sus defectos, y un gran amor a Jesucristo para llevar su cruz.
Realizad vuestra obra puramente divina; juntad, llamad, traed a vuestros elegidos de todos los lugares de vuestro imperio, para formar un cuerpo de ejército contra vuestros enemigos.
Llamamiento final:
“El que sea del Señor que se junte conmigo” (Ex 32,26) Que todos los buenos sacerdotes que están esparcidos por el mundo cristiano, ora se hallen actualmente en el combate, ora estén ya retirados de la lucha en los desiertos y soledades, vengan a unirse con nosotros: la unión hace la fuerza a fin de que formemos, bajo el estandarte de la Cruz un ejército dispuesto en orden de batalla y bien disciplinado, para atacar en masa a los enemigos de Dios que ya han dado el toque de alarma (Sal 45,4): rechinaron los dientes” (Sal 34,16), “bramaron” (Sal 2,1), “se multiplicaron”(Sal 24,19)."Rompamos sus coyundas, arrojemos de nosotros sus ataduras. El que mora en los Cielos se ríe de ellos” (Sal 2,3-4). “¡Alzase Dios! ¡Se dispersan sus enemigos!”(Sal 67,1).
¡Señor, levantáos! ¿Por qué aparentáis dormir? Desperézate! (Sal 43,24)
Levantáos con toda vuestra omnipotencia, vuestra misericordia, vuestra justicia para formaros una compañía escogida de guardias reales que custodien vuestra casa, defiendan vuestro honor, y salven a vuestras almas, para que no haya más que un redil y un pastor (Jn 10,16), y que todos os tributen gloria en vuestro templo (Sal 28,9).
Amén.
¡Dios solo!
ORACIÓN ABRASADA Corta de San Luis María Grignon de Montfort
Señor, acordáos de vuestra Congregación que habéis poseído desde el principio, pensando en ella desde la eternidad (Sal 73,2); que teníais en vuestra mano todopoderosa cuando con una palabra sacasteis el universo de la nada; que ocultabais aún en vuestro corazón cuando vuestro Hijo, al morir en la Cruz, la consagró con su sangre, y la confió, cual precioso depósito, a los cuidados de su Santísima Madre.
Cumplid, Señor, los designios de vuestra misericordia, suscitad a los hombres de vuestra diestra, tales como los habéis mostrado, dando ilustraciones proféticas a algunos de vuestros más grandes servidores: a San Francisco de Paula, a San Vicente Ferrer, a Santa Catalina de Siena, y a tantas otras grandes almas del siglo pasado y aún del presente.
Invocación a Dios Padre
Dios Todopoderoso, acordáos de esta Compañía empleando la omnipotencia de vuestro brazo nunca menguado, para darle vida y llevarla a su perfección. Renovad los milagros, haced nuevos prodigios (Eclo 36,6.), dejadnos experimentar el socorro de vuestro brazo (Sab 5,17). Oh gran Dios, que de piedras toscas (Mt.3,9) podéis hacer otros tantos hijos de Abraham, decid una sola palabra en Dios, para enviar buenos “operarios a vuestra mies” (Lc 10,2), y buenos misioneros a vuestra Iglesia.
Dios de Bondad, acordáos de vuestras antiguas misericordias y por esa misma misericordia acordáos de esta Congregación; acordáos de las reiteradas promesas que nos habéis hecho por medio de vuestros profetas y de vuestro mismo Hijo, de escuchar nuestras justas peticiones. Acordáos de las plegarias que a este fin os han hecho vuestros siervos y siervas desde hace tantos siglos; que sus súplicas, sus gemidos, sus lágrimas y su sangre derramada acudan a vuestra presencia, para implorar poderosamente vuestra misericordia.
Mas acordáos sobre todo de vuestro querido Hijo. “Contempla la cara de tu Ungido” (Sal 83,10) Acordáos de su agonía, su confusión y su queja amorosa en el Huerto de los Olivos cuando dijo: ¿De qué sirve mi sangre?(Sal 29,10) Su muerte cruel y su sangre vertida os claman misericordia, para que, mediante esta Congregación, su imperio sea establecido sobre las ruinas del de sus enemigos.
Acordáos, Señor, de esta comunidad en los efectos de Vuestra Justicia.
“Ya es tiempo de hacer lo que habéis prometido. Violada está vuestra divina ley” (Sal 118,126); abandonado vuestro evangelio; torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran a vuestros mismos siervos. Desolada está la tierra (Jer 12,11), la impiedad se asienta en los tronos, vuestro santuario es profanado, la abominación está en el mismo lugar santo (Dan 9,27; Mt 24,15; Mc 13,14). ¿Lo dejaréis todo así abandonado, justo Señor, Dios de las venganzas? ¿Todo llegará a ser como Sodoma y Gomorra? ¿Os callaréis, siempre? ¿Seguiréis soportándolo todo? ¿No es preciso que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo, y que venga a nosotros vuestro reino? ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de vuestros amigos una futura renovación de vuestra Iglesia? ¿No han de convertirse los judíos a la verdad? ¿No es lo que espera la Iglesia? ¿No os claman todos los santos del cielo ¡Justicia, Venganza! (Ap 6,10)? ¿No os dicen todos los justos de la tierra: Venid, Señor Jesús! (Ap 22,20) Todas las criaturas, hasta las más insensibles, gimen bajo el peso de los innumerables pecados de Babilonia y piden vuestra venida para restaurarlo todo. “La creación entera gime”(Rom 8,22).
Invocación a Dios Hijo
Señor Jesús, Acordáos de dar a vuestra Madre una nueva Compañía para renovar por ella todas las cosas y para concluir por María los años de la gracia como los habéis comenzado por Ella.
Dad hijos y siervos a vuestra Madre, de lo contrario dejadme morir (Gén 30,1).
Para vuestra Madre os pido. Acordáos de sus entrañas y de sus pechos, y no me rechacéis; acordáos de quien sois hijo y escuchadme: acordáos de lo que Ella es para Vos y de lo que Vos sois para Ella y satisfaced mis deseos.
¿Qué os pido? Nada para mí, todo para vuestra gloria.
¿Qué os pido? Lo que podéis, y aún me atrevo a decirlo -lo que debéis concederme, como verdadero Dios que sois, a quien todo poder ha sido dado en el cielo y en la tierra (Mt 28,18), y como el mejor de todos los hijos, que amáis infinitamente a vuestra Madre.
¿Qué os pido?
Sacerdotes libres con vuestra libertad, desprendidos de todo, sin padre, sin madre, sin hermanos, sin parientes según la carne, sin amigos según el mundo, sin bienes, sin estorbos, sin cuidados, y hasta sin voluntad propia (Mc 10,29; Lc 14,26).
Esclavos de vuestro amor y de vuestra voluntad, hombres según vuestro corazón que, sin voluntad propia que los manche y los detenga, cumplan siempre la vuestra y derriben a todos vuestros enemigos, como David, con el cayado de la Cruz y la honda del Rosario en las manos (1 Re 17,40; - Hijos: Nubes levantadas por encima de la tierra, y llenas de celestial rocío que sin impedimento vuelen por todas partes al soplo del Espíritu Santo. Ellos son del número de los que vuestros profetas tenían ante la vista cuando preguntaban;¿Quiénes son estos que vuelan como las nubes? (Is 60,8) Iban a doquiera los impulsaba el Espíritu (Ez 1,12) .
Hombres siempre prontos a serviros, siempre dispuestos a obedeceros a la voz de sus superiores, como Samuel: “Heme aquí” (1 Re 3,16) siempre listos a correr y a sufrirlo todo con Vos y para Vos, como los Apóstoles: Vamos también nosotros para morir con El (Jn 11,16).
Verdaderos hijos de María, vuestra Santísima Madre, engendrados y concebidos por su caridad, llevados en su seno, pegados a sus pechos, alimentados con su leche, educados por sus cuidados, sostenidos por su brazo, y enriquecidos por sus gracias.
Verdaderos siervos de la Santísima Virgen quienes, como Santo Domingo, con la antorcha brillante y ardiente del santo Evangelio en la boca y el santo Rosario en la mano, vayan por todas partes, ladrando como perros, ardiendo como hogueras, e iluminando las tinieblas del mundo como soles, y que por medio de una verdadera devoción a María, esto es, interior sin hipocresía, tierna sin indiferencia, constante sin ligereza, y santa sin presunción, aplasten doquiera que vayan la cabeza de la antigua serpiente, para que se cumpla plenamente la maldición que habéis pronunciado contra ella.: Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu raza y la suya; Ella aplastará tu cabeza (Gén 3,15).
Es verdad, Señor, que el demonio, como lo habéis predicho, pondrá grandes asechanzas al calcañar de esta mujer misteriosa, es decir, a esta compañía de hijos suyos que vendrán hacia el fin del mundo, y que habrá grandes enemistades entre la bienaventurada posteridad de María y la raza maldita de Satanás. Pero es una enemistad netamente divina y la única de que sois autor: pondré enemistades. Más esos combates y esas persecuciones que los hijos de Belial (2 Cor 6,15) suscitarán contra el linaje de vuestra Santa Madre, sólo servirán para que brille mejor el poder de vuestra gracia, la intrepidez de su virtud y la autoridad de vuestra Madre; pues desde el principio del mundo le habéis confiado la misión de aplastar a aquel orgulloso por la humildad de su corazón y de su calcañar.
De lo contrario, dejadme morir. ¿Acaso no es preferible morir, Dios mío, que veros tan cruel e impunemente ofendido todos los días, y hallarme cada vez más en peligro de ser arrastrado por los torrentes de iniquidad que van creciendo? Prefiero mil veces la muerte. O enviadme socorro desde el cielo, o quitadme la vida. Si no tuviera la esperanza de que, mirando por vuestra gloria, escucharéis tarde o temprano a este pobre pecador, como habéis escuchado a tantos otros.
Este pobre clamó y el Señor le escuchó (Sal 33,7)-, yo os pediría lo mismo que un profeta: llevad mi alma (1 Re 19,4). Pero la confianza que tengo en vuestra misericordia me mueve a decir con otro profeta: no moriré, sino que viviré y contará las obras del Señor (Sal 117,17); hasta que pueda decir con Simeón: NUNC DIMITTIS: Ahora despedid, Señor, a vuestro siervo en paz (Lc 2,29-30)… porque mis ojos han visto vuestra salvación .
Invocación al Espíritu Santo
Espíritu Santo, acordáos de producir y de formar hijos de Dios con María vuestra divina y fiel esposa. Habéis formado a Jesús cabeza de los predestinados, con Ella y en Ella; con Ella y en Ella debéis formar también todos sus miembros. No engendráis ninguna persona divina en el seno de la Divinidad pero Vos solo formáis todas las personas divinas fuera de la Divinidad, y todos los santos que han sido y serán hasta el fin del mundo son tantas obras de vuestro amor unido a María.
El reinado especial de Dios Padre ha durado hasta el diluvio, y concluyó con el diluvio de agua; el reinado de Jesucristo terminó con un diluvio de sangre; mas vuestro reinado, Espíritu del Padre y del Hijo, continúa, y terminará con un diluvio de fuego de amor y de justicia (1 Jn 5,8).
¿Cuándo vendrá ese diluvio de fuego de amor puro, que debéis encender en toda la tierra, de una manera a la par tan dulce y vehemente que abrasará y convertirá todas las naciones: los turcos, los idólatras y aún los mismos judíos? No hay quien se esconda de su calor (Sal 18,7).
Enciéndase ese fuego divino que Jesucristo vino a traer a la tierra, antes de que encendáis el de vuestra cólera, que ha de reducir el universo a cenizas. Enviad a vuestro Espíritu y serán creados, y renovaréis la faz del mundo (Sal 103,30).
Enviad a la tierra a ese Espíritu que es todo fuego purísimo para formar sacerdotes llenos de fuego por cuyo ministerio sea renovada la faz de la tierra, y reformada vuestra Iglesia.
Es una reunión, una asamblea, una selección, una segregación de predestinados que debéis hacer en el mundo y de entre el mundo. “Yo los elegí de en medio del mundo” (Jn 15,19)
Es un rebaño de corderos apacibles que debéis juntar entre tantos lobos (Lc 10,3); una bandada de castas palomas y águilas reales entre tantos cuervos; un enjambre de abejas entre tantos zánganos; una manada de ágiles ciervos entre tantas tortugas; un batallón de valientes leones entre tantas liebres tímidas. ¡Ah Señor! congrega nos de nationibus (Sal 105,47), juntadnos, reunidnos a fin de que alaben y bendigan por ello a vuestro Nombre santo y poderoso.
Los misioneros de María
Habéis predicho esta ilustre Compañía por vuestro profeta, que habla de ella en términos muy oscuros y misteriosos, pero enteramente divinos: “Hiciste caer una lluvia generosa, para reanimar a los tuyos redimidos. Y tus familiares hallaron reposo, en el lugar que tu bondad les preparó. El Señor da a los mensajeros la noticia: Dios dispersó un inmenso ejército. Huyen reyes, huyen con sus tropas; una mujer en su carpa reparte el botín: alas de paloma cubiertas de plata y de oro en su plumaje. Mientras el Todopoderoso vencía a los reyes, caían nieves sobre el Salmón (Jue 9,48). Montes de Dios, montes de Basán, altos y encumbrados, montes escarpados, montes de Basán. ¿Por qué miran celosos al monte que Dios quiso habitar, en que el Señor habita para siempre?”(Sal 67,10-17)
¿Y qué otra cosa es, Señor, esa lluvia generosa que habéis preparado para vuestra empobrecida heredad, sino esta falange de santos misioneros Hijos de María, vuestra Esposa, que debéis reunir y separar del común de las gentes, para bien de vuestra Iglesia, tan debilitada y manchada por los crímenes de sus hijos?
¿Cuáles son esos animales y esos pobres que vivirán en vuestra heredad alimentándose de la divina dulzura que les habéis preparado? Son esos pobres misioneros abandonados a la Providencia, que rebosarán de vuestras divinas delicias; son esos animales misteriosos de Ezequiel (Ez 1,5-14) que tendrán la humanidad del hombre por su caridad desinteresada y benéfica para con el prójimo, la bravura del león por su santa cólera y su celo ardiente y discreto contra los demonios y los hijos de Babilonia; la fuerza del buey por sus trabajos apostólicos y su mortificación de la carne, y en fin, la agilidad del águila por su contemplación en Dios. Tales serán los misioneros que queréis enviar a vuestra Iglesia. Tendrán una mirada de hombre para el prójimo, una mirada de león contra vuestros enemigos, una mirada de buey contra sí mismos y una mirada de águila para Vos.
Esos imitadores de los apóstoles predicarán con tal virtud y fortaleza que removerán todos los espíritus y los corazones en los lugares donde prediquen. Les daréis vuestra palabra: y aún vuestra boca y vuestra sabiduría: a la que no podrá resistir ninguno de sus adversarios (Lc 21,15).
Ellos son los predilectos en quienes Vos en calidad de Rey de las virtudes, de Jesucristo el muy amado, tendréis vuestras complacencias, ya que no perseguirán otro fin en sus misiones que el de tributaros la gloria de los despojos arrebatados a vuestros enemigos.
Por su abandono a la Providencia y su devoción a María tendrán plateadas alas de paloma, es decir, la pureza de doctrina y de costumbres; y dorado el dorso, esto es, una perfecta caridad para con el prójimo para soportar sus defectos, y un gran amor a Jesucristo para llevar su cruz.
Como Rey de los cielos y Rey de Reyes, separaréis del común de las gentes a esos misioneros para hacerlos más blancos que la nieve del monte Selmón, que es monte de Dios, monte abundante y fértil, monte fuerte y macizo, monte en que el Señor se complace de modo maravilloso, y en donde habita y morará hasta el fin.
¿Quién es, Señor, Dios de verdad, esta montaña misteriosa, de la que nos decís tantas maravillas, sino María vuestra amada Esposa, cuyos cimientos habéis puesto sobre las cumbres de las más altas montañas? (Sal 86 1; Is 2,2; Miq 4,1)
Dichosos mil veces los sacerdotes que os habéis dignado escoger y predestinar para que moren con Vos en esa abundante y divina montaña para llegar a ser reyes de la eternidad por su desprecio de la tierra y su elevación en Dios; para hacerse más blancos que la nieve por su unión a María, vuestra Esposa toda hermosa, toda pura e inmaculada; y para enriquecerse con el rocío del cielo y la fertilidad de la tierra (Gén 27,28), con todas las bendiciones temporales y eternas de que María está llena.
Desde lo alto de este monte, como Moisés, lanzarán dardos contra sus enemigos, por medio de sus ardientes oraciones para postrarlos o convertirlos (Ex 17,8-13).
Sobre este monte aprenderán, de la boca misma de Jesucristo que siempre mora allí, la inteligencia de sus ocho bienaventuranzas (Mt 5,3-11).
Sobre este monte de Dios serán transfigurados con El como en el Tabor, morirán con El como en el Calvario, y subirán al cielo con El como en el monte de los Olivos.
A Vos sólo corresponde reunir, por medio de vuestra gracia, esta Congregación. Si el hombre inicia la obra, nada se hará; si toma parte en ella, la dañará, y la echará a perder. Es vuestra obra, gran Dios. Realizad vuestra obra puramente divina; juntad, llamad, traed a vuestros elegidos de todos los lugares de vuestro imperio, para formar un cuerpo de ejército contra vuestros enemigos.
Llamamiento final:
Ved, Señor, Dios de los ejércitos, como los capitanes forman escuadrones completos, los potentados levantan grandes ejércitos, los navegantes equipan flotas enteras, los mercaderes acuden en gran número a ferias y mercados.
¡Cuántos ladrones, impíos, borrachos y libertinos se juntan contra Vos todos los días tan presto y tan fácilmente! Un simple silbido, un toque de tambor, una daga embotada que muestran, un ramo seco de laurel que prometen, un pedazo de tierra roja o blanca que ofrecen, en tres palabras: el deseo de un honor fugaz, de un miserable interés, de un mezquino placer sensual, reúne en un instante a los mercaderes y cubre tierra y mar con una turba-multa de réprobos, que, siendo divididos entre sí o por la distancia de lugares, o por los intereses opuestos, se unen sin embargo hasta la muerte para haceros la guerra bajo el estandarte y el mando del demonio.
¡Y Vos, Señor! Habiendo tanta gloria, dulzura y provecho en serviros ¿casi nadie tomará partido por Vos? ¿Serán tan escasos los soldados que se alisten bajo vuestra bandera? ¿No habrá alguno que otro que, celando por vuestra gloria, grite en medio de sus hermanos, como San Miguel: Quis ut Deus? ¿Quién es como Dios?
¡Ah! permitidme decir a voces por doquiera: ¡fuego! ¡fuego! ¡fuego! ¡socorro! ¡socorro! ¡socorro! ¡Fuego en la casa de Dios! ¡fuego en las almas! ¡fuego hasta en el mismo santuario! ¡Socorro para vuestro hermano que lo asesinan! ¡socorro para nuestros hijos que van degollando! ¡socorro para nuestro querido padre que están apuñalando!
“El que sea del Señor que se junte conmigo” (Ex 32,26) Que todos los buenos sacerdotes que están esparcidos por el mundo cristiano, ora se hallen actualmente en el combate, ora estén ya retirados de la lucha en los desiertos y soledades, vengan a unirse con nosotros: la unión hace la fuerza a fin de que formemos, bajo el estandarte de la Cruz un ejército dispuesto en orden de batalla y bien disciplinado, para atacar en masa a los enemigos de Dios que ya han dado el toque de alarma (Sal 45,4): rechinaron los dientes” (Sal 34,16), “bramaron” (Sal 2,1), “se multiplicaron”(Sal 24,19)."Rompamos sus coyundas, arrojemos de nosotros sus ataduras. El que mora en los Cielos se ríe de ellos” (Sal 2,3-4). “¡Alzase Dios! ¡Se dispersan sus enemigos!”(Sal 67,1).
¡Señor, levantáos! ¿Por qué aparentáis dormir? Desperézate! (Sal 43,24) Levantáos con toda vuestra omnipotencia, vuestra misericordia, vuestra justicia para formaros una compañía escogida de guardias reales que custodien vuestra casa, defiendan vuestro honor, y salven a vuestras almas, para que no haya más que un redil y un pastor (Jn 10,16), y que todos os tributen gloria en vuestro templo (Sal 28,9). Amén.
¡Dios solo!
ORACIÓN ABRASADA de San Luis María Grignon de Montfort
Escúchame y respóndeme, Señor,
Porque estoy afligido y desamparado.
Guarda mi alma, vela por mi,
Sálvame Dios mío, en ti confío.
Tu eres mi Dios, ten misericordia de mí;
A ti clamo todo el día.
Se alegra mi alma,
Porque a ti, oh Señor, elevo mi alma.
Tu Señor, eres bueno e indulgente,
Lleno de amor y misericordia para con los que te invocan.
Escucha mi oración,
pon atención a la voz de mis ruegos.
A ti clamo el día de mi angustia,
porque siempre me respondes.
Oh Señor, nadie como tú,
Ninguna obra es como la tuya.
Enséñame, Señor, tu camino y caminaré en tu verdad;
Afirma mi corazón con el temor a tu nombre.
Señor Dios mío, te alabaré y daré gracias con todo el corazón,
Y glorificaré tu nombre para siempre.
Tu, Señor, Dios misericordioso y clemente,
Lento a la ira, lleno de amor y lealtad,
Mírame, y ten piedad de mí;
otórgame tu fuerza,
y guárdame como hijo tuyo.
Salmo 86(85)
No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero; por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero.
Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios, y todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí.
Pues ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en migajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera y gloríate en tu gloria; escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón.
Amén
- SAN JUAN DE LA CRUZ
Señor,
Tú puedes volver atrás conmigo y caminar conmigo a través de mi vida desde el momento que fuera concebido.
Ayúdame, Señor, aun entonces: límpiame y líbrame de todo lo que pudo causarme dificultades en el momento de mi concepción. Tú estabas presente en el momento que fui formado en el vientre de mi madre. Líbrame y sáname de cualquier ataduras en mi espíritu que hayan podido llegarme por mi madre o las circunstancias de la vida de mis padres aún cuando tomaba forma. Por esto, te doy gracias.
También te alabo, Jesús, porque además me estás sanando del trauma de nacer. (Muchas de nuestras madres tuvieron partos largos y dolorosos cuando nacimos, y esto tiene un efecto en la criatura). Te pido, Señor, que me cures del dolor de nacer y de todo lo que sufrí al nacer. Te doy gracias, Señor, porque Tú estabas allí para recibirme en tus brazos cuando nací. Conságrame en ese mismo momento al servicio de Dios. Gracias, Jesús, porque esto se ha hecho.
Señor Jesús, te alabo porque en esos primeros meses de mi infancia tú estabas conmigo cuando te necesité. (Hay muchas personas que necesitaban más amor del que recibieron de su madre, porque fueron separados por circunstancias que no pudieron evitarse. No recibieron el amor que les hubiera ayudado a sentir fuerza y estabilidad).
Hubo veces que necesité que mi madre me acunara en su pecho y me meciera y me contara cuentos infantiles como solamente sabe hacerlo una madre. Señor, hazlo Tú en lo más profundo de mi ser. Envíame a tu madre, María, para que me estreche en su regazo, me dé calor y me haga todo lo que una madre hace para brindarle a su hijo ternura y seguridad. Déjame sentir su amor maternal tan conmovedor, confortante y profundo que nada ya pueda separarme de ese amor otra vez. Te doy gracias y te alabo. Señor, porque sé que ahora mismo estoy cobijado en los brazos de tu madre y en los tuyos.
(También hay personas que necesitaron más del amor paternal en sus vidas). Por cualquier razón que me haya sentido descuidado, rechazado, Señor, llena esa parte de mi ser con un profundo amor paternal que sólo viene de un padre. Aunque yo no esté consciente de haber necesitado unos brazos fuertes y un "papito" que me amara y me diera seguridad y apoyo, dámelo Tú ahora. Gracias, Señor, porque esto también lo estás haciendo.
(Según crecíamos, algunos de nosotros pertenecíamos a familias donde no había mucho tiempo para nosotros como individuos). He llegado a entender y a aceptarlo, pero una parte de mi ser en realidad nunca se sintió completa, nunca se sintió verdaderamente querida. Te pido hoy una curación de ese sentimiento. Señor, hazme saber que soy tu hijo, una persona importante en tu familia, un ser único que amas de una manera muy especial.
Cúrame, Señor, las heridas causadas por las relaciones con mi familia, el hermano o hermana que no me entendía del todo o que no me demostraba amor y bondad debidamente. Una parte mía nunca se sintió amada por eso. Déjame ahora alcanzar en perdón a ese hermano o hermana. Quizás a través de los años, nunca he podido aceptarlos porque nunca me sentí verdadera¬mente aceptado por ellos. Dame un gran amor por ellos. Así que la próxima vez que los vea haya tanto amor que todo lo viejo habrá pasado. Me habrás renovado. Te doy gracias por eso, Señor.
(Según crecíamos, el primer trauma real en nuestra vida pudo haber sido cuando fuimos a la escuela por primera vez. Esa fue la primera vez que nos ausentábamos del hogar y todo lo que ello representaba. Para algunos de nosotros que éramos muy sensibles, que éramos tímidos, inseguros, esto fue difícil; - quedarnos con aquella maestra extraña, con compañeros extraños, en un lugar extraño).
Señor, de veras nunca me recuperaré de esa experiencia, porque había cosas que esperaban de mí y cosas que me herían mucho. Hubo maestras intratables y niños que no me mostraban amor o comprensión.
Te pido, Señor, que me sanes de todos esos años que pasé en la sala de clase, que me quites todo el dolor y sufrimiento que recibí en ese tiempo. Me retraje en ese entonces, Señor, y empecé a sentir miedo de hablar en grupos porque me habían ridiculizado, castigado, criticado en la escuela. Dejé de hablar porque era demasiado doloroso. Señor, te pido que abras la puerta de mi corazón. Déjame relacionarme en grupos de una manera más abierta y libre de lo que he podido hasta ahora. Según se lleva a cabo esta curación, tendré la confianza y el valor de hacer lo que me pidas en toda situación. Gracias, Señor, porque creo que estás sanándome ya.
Señor, cuando entré en la adolescencia, empecé a experimentar cosas que me asustaron, me avergonzaron y me causaron dolor. Nunca he podido sobreponerme del todo a algunas experiencias que tuve cuando me estaba conociendo a mí mismo, lo que significa ser persona. Te pido, Señor Jesús, que sanes todas las experiencias que tuve como adolescente; las cosas que hice y que me hicieron y de las que nunca he sanado. Entra en mi corazón y quita todas las experiencias que me causaron sufrimiento o vergüenza. No te pido, Jesús, que borres esto de mi mente sino que lo transformes de manera que pueda recordarlo sin vergüenza, con acción de gracias.
Hazme comprender por lo que hoy están pasando los jóvenes, porque yo mismo también he pasado por ello: esa época de búsqueda y conflicto. Según me voy sanando, déjame ayudar a otros a encontrar la curación.
Señor, al salir de este período de mi vida, y al empezar a crecer en la vocación a que me llamabas, tuve dificultades. (Algunos fuimos llamados a ser esposos y esposas, algunos fuimos llamados al celibato, otros escogieron la soltería o ahora son viudos o divorciados. Ha habido dolor, ha habido sufrimientos; no hay carrera alguna en la tierra que no conlleve dificultades de ajuste, problemas que necesitaban curarse en la vida privada). Te pido, Jesús, que me cures en el estado de vida que me encuentro hoy, y todo lo que eso ha significado para el mundo que me rodea.
(Esposos y esposas tienen cosas del pasado que se interponen en sus relaciones, heridas y sufrimientos que solamente pueden existir entre quienes tratan de vivir juntos y conocerse en una situación muy íntima). Señor, sáname de estas cosas. Haz que mi matrimonio empiece a ser de nuevo lo que Dios quiere que sea. Toma en tus manos todas las heridas y sufrimientos del pasado, para que desde ahora en adelante este matrimonio sea limpio y de nuevo tan libre y tan sano como sea posible.
Gracias, Padre, que mediante esta curación podemos llegar a ser la clase de marido y mujer que Tú pides que seamos.
(Los sacerdotes, religiosas y religiosos han tenido heridas que los han alejado de Jesús en vez de acercarlos a Él). Señor, ayúdame a sentir tal calor y fortaleza de amor en mí que nunca jamás dude yo, si el camino que sigo es al que me has llamado. Dame valor y confianza en la obra que me has llamado a hacer. Llévame adelante con propósito y metas nuevas. Gracias, Padre, porque sé que estás haciéndolo.
(La gente soltera que se han sentido llamados a esa vida, siguen los pasos de Jesús con un dolor y sufrimiento que sólo Dios conoce). Me he sentido solo y en ocasiones, abandonado y totalmente rechazado por el resto de la humanidad. Señor Jesús, lléname hoy de un nuevo sentido de fortaleza y propósito. Hazme comprender lo que has puesto en mi corazón. Déjame ser un testimonio vivo de Jesucristo. Te doy gracias, Padre, porque sé que estás haciendo esto.
Según siento la unción de tu amor, te glorifico, Señor, porque sé que está hecho. Señor, no hay poder en el cielo y la tierra que pueda impedirlo. Te alabo, Señor, porque sé que mientras más te entrego, dándote gracias y alabándote por ello, más me das la fortaleza de tu presencia, el poder de tu espíritu, el amor de tu Divino Hijo. Te alabo, Jesús, por esta curación y te glorifico. Gracias.
Amén.
(Ahora permanece en silencio unos diez minutos. Deja que el Espíritu de Dios complete la obra de curación en ti. Vacía tu corazón de todo lo que no es de Dios. Deja que Dios vuelva a llenarlo con su Amor).
@Catholicnet
Misericordia Divina, supremo atributo de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, misterio incomprensible, en Ti confío.
Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, más sublime que los cielos, en Ti confío.
Misericordia Divina, manantial de milagros y maravillas, en Ti confío.
Misericordia Divina, que bajas a la tierra en la Persona del Verbo Encamado, en Ti confío.
Misericordia Divina, que manaste de la herida abierta en el Corazón de Jesús, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en la institución de la Sagrada Eucaristía, en Ti confío.
Misericordia Divina, que fundaste la Santa Iglesia, en Ti confío.
Misericordia Divina, presente en el Sacramento del Santo Bautismo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos acompañas en toda nuestra vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos envuelves de modo particular en la hora de la muerte, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos concedes la vida inmortal, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos acompañas en cada momento de la vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos proteges de los fuegos del infierno, en Ti confío.
Misericordia Divina, por quien se convierte el pecador endurecido, en Ti confío.
Misericordia Divina, que dejas atónitos a los ángeles, inasequible también a los santos, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos levantas de toda miseria, en Ti confío.
Misericordia Divina, fuente de felicidad y alegría, en Ti confío.
Misericordia Divina, que de la nada nos llamaste a la existencia, en Ti confío.
Misericordia Divina, que abrazas todas las obras de Tus manos, en Ti confío.
Misericordia Divina, que presides todo lo que existe y existirá, en Ti confío.
Misericordia Divina, en la que todos estamos sumergidos, en Ti confío.
Misericordia Divina, dulce consuelo de los corazones angustiados, en Ti confío.
Misericordia Divina, única esperanza de las almas desesperadas, en Ti confío.
Misericordia Divina, descanso de los corazones y paz en los momentos de angustia, en Ti confío.
Misericordia divina, delicia y éxtasis de las almas santas, en Ti confío.
Misericordia Divina, que inspiras confianza aun contra toda esperanza perdida, en Ti confío.
Misericordia Divina, que brotas del seno del Padre, en Ti confío.
Oh Dios eterno, cuya misericordia es infinita y cuyo tesoro de compasión no tiene límites, míranos con bondad y aumenta tu misericordia hacia nosotros, para que, en los momentos difíciles, no nos desesperemos ni nos desanimemos, sino que, con gran confianza, nos conformemos a tu santa voluntad, que es el mismo amor y misericordia.
Santa Faustina Kowalska (1905-1938) religiosa
Diario (Fátima, Marianos de la Inmaculada Concepción, 2003), 949-950
Gracias, Señor, por los apóstoles, pilares de tu Iglesia,
Bendito seas por Pedro, humilde pescador de Galilea,
Bendito seas por Andrés, el primero llamado,
Bendito seas por Santiago que atrae a tantos peregrinos a Compostela,
Bendito seas por Juan que descansó en tu Corazón,
Bendito seas por Felipe que nos invita: “Ven y mira” (Jn 1, 46),
Bendito seas por Bartolomé, a quien llamaste debajo de la higuera,
Bendito seas por Mateo, evangelista y apóstol que dejó su oficio de publicano,
Bendito seas por Tomás que pasa de la incredulidad a una de las más bellas profesiones de fe: “¡Señor mío y Dios mío! (Juan 20:28),
Bendito seas por Santiago, hijo de Alfeo,
Bendito seas por Simón el Zelote,
Bendito seas por Judas.
¡Señor, haz que te busquemos constantemente, tengamos el deseo de escucharte y ser sanados por ti!
¡Ten piedad de nosotros que no somos nada sin ti!
Amén
Dios mío, Señor del tiempo y de la historia, que designaste a tu Hijo predilecto, para que fuera el Rey de reyes y Señor de señores, tanto en el Cielo como en la Tierra, y que además, diste la instrucción a tu siervo San José, de ponerle por nombre "Jesús", para que, al sonido pronunciado de su Santo Nombre, toda rodilla se doble en el Cielo, en la Tierra y en los abismos, te rogamos que, por ese amor que sientes por todos los hijos que te aman, selles ese Santo Nombre para siempre en mi corazón, que mis pensamientos sean rodeados por Él, y que mis labios lo pronuncien en cada instante del día; al despertar y al anochecer, que sea mi defensa ante la tentación, mi esperanza en medio de las pruebas, mi fortaleza en el sufrimiento, mi refugio en todos los peligros, mi consuelo a la hora de mi muerte, mi escudo impenetrable frente a mis enemigos, y mi mayor providencia a la hora de la necesidad. Por tu bendito Santo Nombre, os ruego, Señor mío.
Amén.
Qriswell Quero de Pérez, en Pildorasdefe
Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro».
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.
Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.
No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
Amén
Dame fuerzas para buscarte Señor y Dios mío, mi única esperanza: no permitas que deje de buscarte por cansancio, sino que te busque siempre con renovada ilusión.
Tú, que hiciste que te encontrara y me inculcaste ese afán por sumergirme más y más en ti, dame fuerzas para continuar en ello. Mira, ante ti están mis fuerzas y mi debilidad. Conserva aquéllas, cura ésta.
Mira que ante ti están mis conocimientos y mi ignorancia. Allí donde me abriste, acógeme cuando entre. Y allí donde me cerraste, ábreme cuando llame.
Haz que me acuerde de ti, que te comprenda, que te ame. Acrecienta en mí estos dones, hasta que me transformes completamente en nueva criatura.
Amén
- San Agustín (De Trinitate 15, 28, 51)
Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno
Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios,
si mi lengua no puede
decir cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora
Final aumentes y perfecciones mi amor por Ti.
Amén.
TE AMO, OH MI DIOS
San Juan María Vianney
Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros.
Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que en todo nos vaya bien; sin eso todo será malo.
Ten piedad de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti porque sin ti nada podemos. Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu búsqueda a menos que Tú me enseñes, y no puedo encontrarte si Tú no sales a mi encuentro.
Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré.
Amén
- San Anselmo
Dios mío , mi bien, nada es más importante que tú, sólo tú puedes llenar mi corazón. Yo no voy a adorar las cosas que muchas personas siguen y buscan con engaño.
Tú eres todo lo que quiero, eres mi gozo, eres mi riqueza, eres mi alegría; por eso vivo sonriendo.
Tú siempre me cuidas y yo puedo ser feliz durante toda mi vida.
Amén
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos,
los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza
el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
Creemos que un día
has de venir como juez.
Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.
Gracias por las veces que me he encontrado debil hasta la inutilidad, porque entonces he sentido que eres tu mi unica fortaleza.
Gracias porque a pesar de mi insistencia no me concedistes cosas que te pedi porque tu sabia que me harian daño.
Gracias por las cosas que no te he pedido y que sin embargo me has dado.
Gracias por las heridas que he recibido en el camino porque me hacen acercarme mas ati.
Gracias por tus bondades que han llegado a mi de mil maneras y que aun cuando no te he sabido agradecer, continuas derramandolas sobre mi.
Gracias señor, porque no entienda yo muchas cosas que haces, pero asi yo aprendere a cumplir y respetar tu gran voluntad.
HAGASE TU VOLUNTAD Señor, en tu manos dejo cada una de mis obras del dia de hoy, por favor guia mis acciones y ayudame a alcanzar mis propositos, aleja al enemigo mal intencionado de mi vida y permiteme avanzar por caminos de alegria y bendicion.
Mi vida y mis mas grandes anhelos estan bajo tu cuidado, porque confio en tio, confio en tu grandes promesas mi señor y porque se que tu has de cumplir tu palabra en mi vida.
¡¡AMEN!!
Te amo Dios mío, y mi sólo deseo es amarte hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Señor, y la única gracia que te pido, es aquella de amarte eternamente.
Dios mío, si mi lengua no pudiera decir en cada instante que te amo, quiero que mi corazón te lo repita tantas veces cuamtas respiro.
Te amo, oh mi Dios salvador, porque has sido crucificado por mí, y me tienes acá crucificado por ti.
Dios mío, dame la gracia de morir amándote y sabiendo que te amo.
Amén
Padre, en tus manos me pongo, haz de mi lo que quieras.
Por todo lo que hagas de mi, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal de que Tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi alma entre Tus manos, te la doy, Dios mío, con todo el ardor de mi corazón porque te amo, y es para mi, una necesidad de amor el darme, el entregarme entre tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre.
Amen
Hoy me pongo ante tu presencia Señor y te pido me ayudes a caminar con sinceridad y rectitud.
Muchas veces nos hemos equivocado por las malas decisiones o por no dejarnos iluminar por tu presencia.
Muchas veces ha podido más nuestro ego o nuestra soberbia y no te hemos dejado actuar.
Dame tu gracia y tu amor para que en fe yo pueda caminar iluminado por el sendero que me lleva a la santidad y ante tu presencia. Bendícenos con el Espíritu Santo cada vez que nos agobie el cansancio.
Nuestras almas necesitan fuerza y nuestros corazones necesitan la confianza para que en esta época nosotros podamos acercarnos a ti y a tu reino.
Quiero ser un buen ser humano, quiero que cada una de mis acciones expresen tu amor y tu presencia en mí.
Quiero que me ayudes a ser fuerte y a vencer todas las tentaciones que el medio propone.
Te suplico que toques mi corazón y lo hagas arder de pasión por Ti.
Amén.
Al terminar la oración un Padre Nuestro.
Infundid, Señor, vuestra gracia en nuestras almas, para que, pues hemos creído la Encarnación de vuestro Hijo y Señor nuestro Jesucristo anunciada por el Ángel, por los merecimientos de su Pasión y Muerte, alcancemos la gloria de la Resurrección. Amén.
¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman! (Tres veces).
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.
Dios mío, creo en ti, espero en ti, te amo sobre todas las cosas con toda mi alma, con todo mi corazón, con todas mis fuerzas; te amo porque eres infinitamente bueno y porque eres digno de ser amado; y, porque te amo, me pesa de todo corazón haberte ofendido: ten misericordia de mí, pecador.
Amén.
Señor santo, Padre omnipotente, Dios eterno, por tu generosidad y la de tu Hijo quien por mí padeció pasión y muerte, y por la excelentísima santidad de su Madre, y por los méritos de todos los santos, concédeme a mí, pecador e indigno de cualquier beneficio tuyo, que sólo a ti ame, que siempre tenga sed de tu amor, que continuamente tenga en el corazón el beneficio de la pasión, que reconozca mi miseria, que desee ser pisado y despreciado de todos; que sólo la culpa me entristezca.
Amén.
Creador incomprensible, yo te adoro. Soy ante ti como un poco de polvo, un ser de ayer, de la hora pasada. Me basta retroceder sólo unos pocos años, y no existía todavía…
Las cosas seguían su curso sin mí. Pero tú existes desde la eternidad. ¡Oh Dios!, desde la eternidad te has bastado a ti mismo, el Padre al Hijo y el Hijo al Padre.
¿No deberías también poderme bastarme a mí, tu pobre criatura?…
En ti encuentro todo cuanto puedo anhelar. Me basta si te tengo…
¡Dáteme a mi como yo me doy a ti, Dios mío! ¡Dáteme tú mismo!
Fortaléceme, Dios todopoderoso, con tu fuerza interior; consuélame con tu paz, que siempre permanece; sáciame con la belleza de tu rostro; ilumíname con tu esplendor increado; purifícame con el aroma de tu santidad inexpresable; déjame sumergirme en ti y darme de beber del torrente de tu gracia cuanto puede apetecer un hombre mortal, de los torrentes que fluyen del Padre y del Hijo; de la gracia de tu amor eterno y consubstancial.
Amén.
¡Oh Señor!, tú has creado todas las cosas. Tú les has dado su ser y las has puesto en equilibrio y armonía. Están llenas de tu misterio, que toca el corazón si es piadoso.
También a nosotros, ¡oh Señor!, nos has llamado a la existencia y nos has puesto entre ti y las cosas. Según tu modelo nos has creado y nos has dado parte de tu soberanía. Tú has puesto en nuestras manos tu mundo, para que nos sirva y completemos en él tu obra. Pero hemos de estarte sometidos, y nuestro dominio se convierte en rebelión y robo si no nos inclinamos ante ti, el único que llevas la corona eterna y eres Señor por derecho propio.
Maravillosa, ¡oh Dios!, es tu generosidad. Tú no has temido por tu soberanía al crear seres con poder sobre ellos mismos y al confiar tu voluntad a su libertad. ¡Grande y verdadero Rey eres tú!
Tú has puesto en mis manos el honor de tu voluntad. Cada palabra de tu revelación dice que me respetas y te confías a mí, me das dignidad y responsabilidad. Concédeme la santa mayoría de edad, que es capaz de aceptar la ley que tú guardas y de asumir la responsabilidad que tú me transfieres. Ten despierto mi corazón para que esté ante ti en todo momento, y haz que mi actuación se convierta en ese dominio y esa obediencia a que tú me has llamado. Amén.
“Toma Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi inteligencia y toda mi voluntad. Todo lo que tengo y todo lo que poseo. Tú me diste todo, a ti, Señor, te lo devuelvo. Todo es tuyo, dispón de todo según tu entera voluntad. Dame solo la posibilidad de amarte y tu gracia, solo eso me basta.” (Acto de Abandono de San Ignacio de Loyola)
Toma mi Señor, y recibe mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Tí, Señor, lo torno; todo es tuyo; dispón de ello conforme a tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que esto me basta.
Amén.