On Madre mía, yo sé que soy tal, que si fuese solo por mí acabo separándome de Vos. Pero sé que Vos sois tan insondablemente buena y tan insondablemente poderosa, que podéis como que prohibirme de separarme de Vos, como que impedir que me separarme de Vos. Y entonces, mi confianza en ser fiel resulta, oh mi Madre, esencialmente de esto: es que Os pido que no permitáis que me separe de Vos. Y tengo certeza de que nunca se oyó decir que alguien que haya recurrido a vuestra protección, reclamado vuestra asistencia, implorado vuestro socorro, fuese por Vos desamparado. Esta mi súplica tampoco dejará de ser oída.
Amén
Concedednos, Madre y Señora nuestra, que así como el guerrero no escoge el teatro de batalla y está dispuesto a hacer, en cualquier campo, el holocausto de su vida, así también sepamos luchar contra los enemigos — velados o declarados — de vuestro Nombre y de la Santa Iglesia, donde quiera que seamos mandados: tanto en el anonimato cuanto en la gloria, tanto en el heroísmo invisible y como que impalpable de la existencia prosaica de todos los días, cuanto en los lances trágicos de los acontecimientos que vuestro mensaje de Fátima prenuncia.
Esta gracia nosotros Os la imploramos como favor del cual no somos dignos y si no estremecemos delante de todo lo que ella significa, es que sabemos poder confiar, con confianza sin límites, en vuestro Corazón Inmaculado, fuerza de los flacos, esperanza de los desvalidos, refugio y consolación dulcísima de los humildes.
Amén.
Cuánto, Señora, es dulce vuestra afabilidad, ¡y cuán inescrutables vuestros designios!
Vos nos hacéis sentir de mil modos, en los días de penumbras, como en los de luz, las delicadezas grandiosamente sabias de Vuestras vías. Y al mismo tiempo las minucias de Vuestras misericordias. Es el conjunto de luces que encendéis a lo largo de nuestros pasos.
Luz necesaria porque deseáis que caminemos la mayoría de las veces cercados de sombras, encontrando mil piedras por el camino y, a veces, atrás de las piedras, emboscadas inesperadas. Queréis que confiemos en la prueba y en la borrasca. Mandáis una y otra para que seamos abnegados. Y mandáis Vuestras caricias para que avancemos en la Fe. Esa es la majestad regia de Vuestra vía. Ayudadnos a lo largo de ella, oh Señora de Sabiduría y Madre de Misericordia.
Amén.
Oh Señora mía, madre del consuelo que recibo de Dios! Tú clelestial rocío que me refresca en mis penas, luz para mi alma cuando está rodeada de tinienblas, guía en mis viajes, fortaleza en mis debilidades, consuelo en mis lágrimas y esperanza de nuestra salvación, oye mis ruegos y apiádate de mí como conviene a la Madre de un Dios que tanto ama a los pobres.
Tú que eres mi defensa y alegría, haz que sea digno de gozar contigo aquella felicidad de la cual tú gozas en el Cielo. Yo sé que siendo Tú la Madre de Dios, si quieres, puedes darme esta gracia.
Oh María! Consuelo para los pecadores, Madre de la verdadera vida, concédeme el recibir tu consuelo y compañía.
Amén
Yo, si hubiera cometido todos los crímenes posibles,
Siempre mantendría la misma confianza,
Porque sé bien que esta multitud de ofensas
Es solo una gota en un brasero ardiendo.
Sí, necesito un corazón ardiendo de ternura,
Que sea mi sostén y sin esperar nada a cambio,
Que ame todo en mí, incluso mi debilidad
Y no me quite, ni la noche ni el día.
No, no pude encontrar ninguna otra criatura.
Que me ame hasta ese punto y sin morir.
Porque necesito un Dios que tome mi naturaleza,
Que se convierta en mi hermano y quién puede sufrir.
Sé muy bien que todas nuestras ofensas
tienen ante tus ojos el menor valor.
Y por dar valor a todos mis sacrificios,
quiero arrojarlos a tu divino Corazón.
No, tu no me encontraste una criatura sin mancha,
En medio de rayos nos diste tu ley;
Y en tu Sagrado Corazón, oh Jesús, me escondo,
No, no tiemblo, porque mi virtud eres tú.
(Santa Teresita del Niño Jesús)
Madre mía Celestial
qué me tienes reservado:
no sé si es dolor o alegría;
pero sé que en este día
en que me siento agotada,
solo pienso en tu Hijo
que llevó su cruz a cuestas,
que cargó todo el dolor
sin expresar una queja.
Cuánto sufrió Jesús
por el mundo y sus pecados.
Y también pienso por Ti,
tu dolor no se compara;
nada ni nadie en la tierra
sufrió lo que tú sufriste
y siento que yo, Virgen mía,
tendría que estar llorando
no de pena, sino de alegría,
por la carga que me das.
Madre, perdón por tener
estos malos pensamientos.
Ahora me siento aliviada,
sé que estoy iluminada
y me siento resguardada
con toda tu protección.
Amén.
Glorioso patriarca san José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una buena solución. Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en ti. Que no se diga que te haya invocado en vano y, como puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder.
Amén».
Sagrado Corazón de Jesús, ante tu corazón traspasado yo acudo con toda mi fe para rogarte por el consuelo que necesita mi alma en este momento.
En esta difícil situación que enfrento no me abandones, oh amado Jesús.
En este tiempo de crisis, angustia y dificultad que vivo, permanece a mi lado y dame fuerzas para avanzar. Abre puertas en dónde yo no puedo ver salida. Construye caminos en donde yo veo gigantescos muros.
Que tus brazos poderosos se abran y derramen esas bendiciones que necesito para que me des la tranquilidad que tanto deseo.
(Haz aquí tu petición)
Refúgiame en el fuego ardiente de tu Sagrado Corazón y líbrame de las dificultades que me atormentan. Socórreme, extiende tu mano, ponme en el cruce de tus brazos, recostado sobre tu pecho santo, escuchando los dulces latidos de tu corazón.
Ven a mí dulce Señor, recibe esta humilde súplica. No dejes de luchar por mí, sé que me amas, que soy una perla preciosa ante tus ojos y no dejarás que nada malo me pase.
Sagrado Corazón de Jesús, sé mi protección y amparo. Sé mi luz y mi fuerza, Sé mi refugio y mi resguardo seguro.
Amén.
Oh Dios Padre Misericordioso, concédeme la dicha de saber imitar
a santa Inés virgen y mártir,
que siendo aún casi una niña
ofreció en Roma el supremo testimonio de la fe,
consagrando con el martirio el título de la castidad,
ayúdame a seguir sus pasos, a ser:
fiel al amor de tu hijo Jesús,
que murió por nosotros en la Cruz,
fiel en lo mucho y en lo poco,
fiel en la alegría y en la tristeza,
fiel en la adversidad y en la bonanza,
fiel en el hogar y en trabajo,
fiel en el estudio y en la diversión
fiel en la bondad y en la oración.
Que nunca me separe de ti,
y, que por la intercesión de Santa Inés,
pueda obtener remediar
esta apremiante dificultad que tanto me aflige:
(hacer la petición).
Señor, te suplico me escuches,
confiando en tu gran bondad
y por la mediación de santa Inés,
espero ser prontamente socorrido.
También te solicito me ayudes
a caminar rectamente por el sendero de la fe,
el amor, la virtud y la bondad,
y bajo el amparo protector
de la Santísima Virgen María,
me mantengas siempre alejado
de las ocasiones de pecado,
de injusticias y maldades,
de violentos y opresores
y me concedas todo aquello
que sea más conveniente
para tu mayor honra y gloria
y provecho de mi alma,
para morir en tu gracia y gozarte eternamente
en la bienaventuranza del cielo.
Amén.
¡Oh, Señor, hazme entender que no todo lo que brilla es oro!
No me dejes caer en las tentaciones de placeres pasajeros.
Que no me fie de las falsas promesas del demonio.
Que no me deje engañar por aquel leve susurro, que en un principio parece ser Tu voz.
Pero que en realidad, es el diablo queriendo hacerme tropezar de vuelta con la misma piedra.
Te suplico me ayudes a encontrarte en cada pequeño detalle, Señor.
Que pueda verte en lo más hermoso de Tu Creación, en las plantas, en los pajaros, en el agua y en el cielo.
Y que no me acostumbre a escarbar en el vacío, y llenarme de polvo arrastrandome en el suelo.
Gracias por haberme hecho cristiano.
Porque lo único que quiero es vivir mi vida tan solo como un buen administrador de ella, y no como su dueño.
Si el verdadero dueño de la vida, eres Tu, Señor.
Ayudame a caminar por el sendero de Tu amor.
Y cuando me pierda, cuando olvide de donde vengo y adónde quiero llegar, recuerdame, Señor, que nada a lo que valga la pena aferrarse se encuentra en este mundo.
Por el contrario, hazme entender que el sentido de nuestra existencia se resume en una sola palabra: Eternidad.
Amén.
¡Te suplico, Señor, arrebata de mi alma estas manchas impuras que son la vanidad, el egoísmo y la autosuficiencia!
¡Ayudame, Señor, a ser humilde!
Que busque siempre amar antes que ser amado, dar antes que recibir, consolar antes que ser consolado, socorrer antes que pedir socorro, y comprender antes que ser comprendido.
¡Por favor, Señor, regalame la valentía de querer encontrar, a toda costa, el lado positivo en cada cosa mala que pueda pasarme!
¡Ayúdame a sonreír siempre y en todo lugar, y que cada vez que sea mal tratado, reciba ese odio con los brazos abiertos!
Y que donde haya oscuridad, sepa yo poner luz
Donde haya inquietud, ponga yo paz y calma
Ofreciendote antes mis problemas, mis incertidumbres, mis dudas, mis temores, y todo aquello que nuble mi vida.
Para poder concentrarme sólamente en vivir por y para Vos, Señor mío.
Amén.
Poco Señor, muy poco te doy
tan fácil es caer ante las distracciones del mundo, tan fácil es...
pero aún así en mi infidelidad
Tú lo das todo, siempre todo
nada te reservas...
Cuando contemplo tu bondad
quisiera sólo llorar... Cómo es que puedo fallar? Una y otra vez...
pero tu brazo extendido siempre está para ponerme de pie.
Deseo darte todo Señor
todo lo que tengo, aunque es nada
pero esa nada no la quiero
Y tú me respondes:
Sin tu nada yo no puedo darte mi todo.
Es necesario que pases por esta batalla
de tu: yo, el mundo, la carne y el demonio
para que mi grandeza se manifieste fuertemente en tí.
Lo acepto Señor, pero jamás permitas que me aparte muy lejos de ti...
Toma tu siempre el control.
Padre Nuestro...
“Oh, Jesucristo,
tú que fuiste elegido para venir a este mundo,
tú que eres el hijo de Dios,
Mi señor tú dijiste una vez:
“Cualquier cosa que pidáis al padre en mi nombre, será concebido”
hoy vengo a ti en humildad,
con el corazón en mano
y llena de fe en tu nombre
te pido hoy que cumplas mi petición
que en mis propias fuerzas no puedo lograr:
(Decir con mucha fe lo que deseas)
Escucha Señor mi oración.
lléname de tu inmensa paz,
y de tu gracia divina»
Amén.
“Dios, Padre santo,
tú que guías mis caminos,
mira que estoy pasando por días malos,
ayudarme a superar esta adversidad.
A salir victorioso de estas pruebas
a las que hoy me enfrento,
y a comprender que después
del día malo, viene la lluvia de
bendiciones.
Señor, Tú eres mi pastor,
nunca dejes que me pierda
y ayúdame a perseverar,
porque si tienes cuidado de mi, yo estaré bien.”
Amén.
“Oh san Judas de Tadeo;
Tú que obras para que lo imposible sea posible,
tú que conoces los deseos de nuestra alma;
y obras a favor de los que en ti confían;
tú que suples todas nuestras necesidades
siempre que estén por el camino del bien.
A ti, amado santo, pido socorro este día
para que me ayudes a lograr lo que tanto deseo
y lo que abunda en mi corazón, te pido que
(di tu petición)
Tú todo lo puedes, porque fuiste agraciado a los ojos de Dios
y el colocó en ti la batuta para superar
los tiempos difíciles, escucha hoy mi oración.”
Amén.
“Dios creador,
tú que dijiste pide y se os dará,
te pido escuches mi oración.
En humildad vengo a a ti a pedirte
Oh Padre Amado.
Que se haga tu voluntad,
y me ayudes a cumplir lo que tanto deseo
y necesito en mi vida (hacer el pedido),
te pido, puedas hacerme ese favor.
Todopoderoso.
suple todas mis necesidades,
te lo pido en tu nombre.”
Amén
JESÚS DIVINO Y JUSTO JUEZ DE VIVOS Y MUERTOS:
Eterno Sol de Justicia Encarnado en el Casto Vientre de la Virgen María, por la salud del linaje humano.
Justo Juez, Creador del Cielo y de la Tierra, y muerto en la Cruz por mi amor:
Tú, que fuiste envuelto en un Sudario
y puesto en un Sepulcro
del que al tercer día Resucitaste,
Vencedor de la muerte y del infierno,
Justo y Divino Juez, oye mis súplicas que Te hago para (_______)
Atiende a mis ruegos, escucha mis peticiones, y dales favorable despacho.
Tu Voz Imperiosa serenaba las tempestades,
sanaba a los enfermos
y resucitaba a los muertos,
como a Lázaro y al hijo de la viuda de Naim.
El Imperio de Tu Voz
ponía en fuga a los demonios,
haciéndolos salir
de los cuerpos de los poseídos
y daba vista a los ciegos,
habla a los mudos,
oído a los sordos
y perdón a los pecadores,
como a la Magdalena
y al paralítico de la piscina.
Tú Te hiciste invisible a los enemigos.
A Tu Voz retrocedieron,
cayendo por tierra en el Huerto,
los que fueron a aprisionarte.
Y cuando expirabas en la Cruz,
a Tu Poderosa Voz se estremecieron los orbes.
Tú abriste las cárceles a Pedro
y lo sacaste de ellas sin ser visto
por la guardia de Herodes
Tú salvaste a Dimas,
el ladrón arrepentido,
y perdonaste a la adúltera.
Te suplicamos, Señor Jesús,
Justo Juez, que liberes a ( _______)
De todo enemigo visible e invisible.
La Sábana Santa
en que fuiste envuelto nos cubra;
Tu Sagrada Sombra nos esconda;
el Velo que cubrió Tus Ojos,
ciegue a los que nos persiguen;
y los que nos deseen el mal,
ojos tengan y no nos vean;
pies tengan, y no nos alcancen;
manos tengan, y no nos tienten;
oídos, y no nos oigan;
lengua tengan, y no nos acusen;
y sus labios enmudezcan en los tribunales,
cuando intenten perjudicarnos.
¡Oh, Jesucristo, Justo y Divino Juez!
Favorécenos en toda clase
de angustias y aflicciones,
lances y compromisos,
y haz que al invocarte y aclamar
al Imperio de Tu Poderosa y Santa Voz,
llamándote en nuestro auxilio,
las prisiones se abran,
las cadenas y los lazos se rompan,
los grillos y las rejas se quiebren,
los cuchillos se doblen y toda arma
que sea forjada en contra de (_______)
se embote e inutilice.
Ni los caballos nos alcancen,
ni los espías nos miren ni nos encuentren.
Tu Sangre nos bañe,
Tu Manto nos cubra,
Tu Mano nos bendiga,
Tu Poder nos oculte,
Tu Cruz nos defienda,
y sea nuestro Escudo en la vida
y en la hora de nuestra muerte.
¡Oh! Justo Juez, Hijo del Eterno Padre, Quien con Él y con el Espíritu Santo eres Un Solo Dios Verdadero.
¡Oh! Verbo Divino, hecho Hombre:
Yo Te suplico cubras a (_______)
con el Manto de la Santísima Trinidad,
para que, nos libres de todos los peligros, y
glorifiquemos Tu Santo Nombre.
Amén.
Señor Jesucristo, hijo del padre, manda ahora tu espíritu sobre la tierra. Haz que el espíritu santo habite en el corazón de todos los pueblos, para que sean preservados de la corrupción, de las calamidades y de la guerra. Que la señora de todos los pueblos la santísima virgen María sea nuestra abogada.
Amén
Señor Dios mío, haz que mi corazón te desee, y te busque deseándote, te encuentre buscándote, te ame encontrándote, y amándote sea redimido de mis males, y no recaiga en los pecados perdonados. Inspira, Dios mío, a mi corazón la penitencia, a mi espíritu la contrición, a mis ojos el torrente de las lágrimas, a mis manos la generosidad de la limosna. Señor, Rey mío, extingue en mí los deseos de la carne y enciende el fuego de tu amor. Redentor mío, expulsa de mí el espíritu de soberbia y concédeme propicio el tesoro de tu humildad. Salvador mío, aleja de mí el furor de la ira y otórgame benigno el sereno espíritu de la paciencia. Creador mío, arranca de mí el rencor del alma, y otórgame, Señor, la dulzura de un alma mansa. Concédeme, Padre clementísimo, una fe sólida, una esperanza bien ordenada, una caridad permanente. Señor, mi guía soberana, aleja de mí la vanidad, la inconstancia de la mente, la divagación del corazón, la ligereza del lenguaje, el orgullo de la vista, la glotonería del vientre, todo ultraje contra el prójimo, los pecados de detracción, el afán de la curiosidad malsana, el deseo de las riquezas, la usurpación de las dignidades, el apetito de vanagloria, el mal de la hipocresía, la vergüenza de la adulación, el desprecio de los pobres, la opresión de los débiles, el ardor de la avaricia, el orín de la envidia y la muerte de la blasfemia.
Líbrame, Creador mío, de toda temeridad, de la pertinacia, la inquietud, la ociosidad, la somnolencia y la pereza, la pesadez del espíritu, la ceguera del corazón, la obstinación en mis opiniones, la crueldad de las costumbres, la desobediencia a los preceptos del bien, y la resistencia a los buenos consejos. Aparta también de mí la intemperancia del lenguaje, todo lo que pueda violar los derechos de los pobres y de los débiles, toda calumnia contra los inocentes, toda negligencia contra mis súbditos, toda iniquidad contra mis domésticos, toda ingratitud contra mis amigos y toda dureza respecto de mi prójimo.
¡Oh Dios mío, misericordia mía, te pido por tu amado Hijo, que me concedas hacer obras de caridad y misericordia, compartir los dolores de los afligidos, socorrer las necesidades de los indigentes, ayudar a los desgraciados, volver al buen camino a los extraviados, consolar a los tristes, proteger a los oprimidos, tender la mano a los pobres, levantar a los abatidos, pagar a mis deudores, perdonar a los que me han ofendido, amar a quienes me odian, dar bien por mal, no despreciar a ninguno, sino honrar a todos, imitar a los buenos, desconfiar de los malvados, abrazar todas la virtudes y rechazar todos los vicios, ser paciente en la adversidad, moderado en la prosperidad, poner una guardia a mi boca y una barrera en torno a mis labios, pisotear los bienes terrenos y tener sed de los celestiales.
Amén
Madre, acógenos solícita
bajo tu manto
para que nuestro caminar
siempre sea en el cielo;
a quienes acudimos a ti con grandes necesidades,
protégenos del hambre, de la peste y del fuego.
Habla a tu Hijo
como cuando El estaba en la tierra
y ayudaba en apuros y penurias;
dile: "No tienen vino ni alimento",
y El, con certeza,
escuchará nuestra súplica.
El te escogió
para que seas tú la segunda Eva
y salves lo que la primera perdió:
si por ella fuimos arrastrados a la ruina,
de ti nos brota
la fuente de la eterna salvación.
Segun los planes del amor
y sabiduría del Padre,
este mundo será siempre un valle de lágrimas,
hasta que amanezca
el sol radiante de la transfiguración
y la tierra refleje la gozosa gloria del cielo.
En dependencia de tu Hijo, se te ha concedido
que puedas devolvernos
la vida de la gracia antes perdida:
que apartes o mitigues las aflicciones de esta tierra,
o la transformes
en caminos para nuestra salvación.
Generosamente despliega hoy
tu corazón de madre;
y como Colaboradora del Señor Jesús,
manifiesta en plenitud
tu poder y tu bondad
allí donde irrumpen violentos poderes infernales.
Como tu Hijo, que durante su vida terrena
saciaba el hambre
y traía consuelo y salud a los enfermos,
así con El pasa ahora entre nosotros
bendiciendo en silencio, para darnos
el inmenso poder de tus manos de madre.
Manifiestate a todo el mundo como la Gran Señal, ante quien desaparezcan la astucia del Demonio
y la miseria terrena;
en ti encuentren los pueblos amparo y auxilio
y te proclamen alegremente
como Medianera de la Salvación.
Nuestra necesidad
se ha hecho tan extrema,
que, sin tu socorro, pereceremos;
solo tú puedes preservarnos de sucumbir;
ven y míranos en torno a ti
congregados y suplicantes.
Con tu Hijo, sé nuestra liberación
de la furia del infierno
y de la tormenta del tiempo;
con todas las voces de nuestra gratitud
te alabamos eternamente
como a la excelsa Madre de los pueblos.
Proclamamos tu nombre con valentía
y guiaremos a los hombres hasta tu Santuario,
para que jubilosos
llenos de amor
glorifiquen contigo a la Santísima Trinidad
en la tierra y en el cielo.
Amén.
Padre, me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea,
te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo.
Y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.
Charles de Foucauld
Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
Al cielo sube,
Por nada te acongojes,
Nada te turbe.
A Jesucristo sigue
Con pecho grande,
Y, venga lo que venga,
Nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo
Es gloria vana;
Nada tiene de estable,
Todo se pasa.
Aspira a lo celeste,
Que siempre dura;
Fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.
Ámala cual merece
Bondad inmensa;
Pero no hay amor fino
Sin la paciencia.
Confianza y fe viva
Mantenga el alma,
Que quien cree y espera
Todo lo alcanza.
Del infierno acosado
Aunque se viere,
Burlará sus furores
Quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos,
Cruces, desgracias;
Siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.
Id, pues, bienes del mundo;
Id, dichas vanas;
Aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.
Santa Teresa de Jesús
Señor de mi vida, cuánto amor has revelado a mi corazón mostrándome cada día todas las bendiciones y las cosas con que me has provisto durante mi camino de vida.
Tú has reparado mis fuerzas y me has conducido por caminos seguros. Quiero abrirme hoy a tu voluntad, a pisar firme sobre la roca de tu Palabra y luchar con valentía en esta batalla espiritual que enfrenta mi alma contra todas esas supuestas "maravillas" que el mundo me ofrece.
Tú me ofreces una puerta para seguir tus pasos. No es una puerta sencilla de atravesar, pues debo dejar que mi alma sea conducida por aquello que Tú deseas y no por aquellas pasiones que me gobiernan.
Ayúdame a no deslumbrarme con las fascinaciones terrenales y abrir puertas que nada tienen que ver con tu amor.
Quiero ser leal a tus mandamientos aunque muchos se aparten de mí por ello.
Líbrame de ese mal espíritu de la pereza, que me mantiene estancado en situaciones de vida que no me permiten progresar y en donde termino haciendo más mal que bien a los míos y a los que más quiero. Sé que Tú permanecerás a mi lado.
Derrama tu misericordia sobre mí y dame el impulso para salir adelante. Ayúdame a levantarme cuando caigo, a despreciar mis fallas y corregir mis defectos, a levantarme en victoria y huir de toda vanidad y deseos de sobresalir que cierran el corazón.
Ayúdame, oh mi Dios, a desterrar ese mal hábito de quedarme sin hacer nada encerrándome en mis propias inseguridades.
Tú me has dicho en varias ocasiones que es esforzándome cómo lograré construir escalones hacia tu Reino, es por ello que te pido que me des fortaleza para no dejarme arropar por la pereza y no sucumbir ante una falsa comodidad.
Dame poder y deseo de superarme, de arrancarme de raíz ese comportamiento cómodo de terminar dejando que sean otros los que hagan mientras yo me hundo en el inseguro piso del conformismo.
Ven y oriéntame en mi camino. Aunque me cueste, aunque libre mil batallas en mi interior y el mundo se me haga pequeño, iré siempre en tu dirección. Tengo la certeza de que todo lo puedo en Ti, de que soy un vencedor a tu lado y de que me das la fuerza para poder superar cualquier obstáculo y derrotar esa pereza que no me deja avanzar.
Tuyo soy Señor, tuyo soy. Confío en Ti y en que ahora derramas tu Gracia sobre mí para levantar la mirada y salir renovado a conquistar mi corazón bajo la bandera de la esperanza y de la fe.
Amén.
Todavía me cuesta, Señor, poner las redes de mi vida entre tus manos. Sé que Tú tienes un camino distinto para mi vida. Todavía me cuesta, Señor, poner las redes de mi vida entre tus manos. Parece que temo tus proyectos, tus planes.
Parece que todavía prefiero seguir mis gustos, gozar de salud, decidir mis pasos, tenerlo todo bajo el control de mis deseos.
Sé que Tú tienes un camino distinto para mi vida. Quizá difícil, quizá incomprensible, quizá lleno de espinas. Pero viene de Ti, y eres Tú quien sabes lo que es mejor, lo que me permite avanzar hacia el amor y la esperanza.
Ayúdame a descubrir ese proyecto. Dame fuerzas para confiar, para no olvidar que eres un Padre bueno. Permíteme reconocer que la Cruz es parte del camino del que ama, es una astilla que nos permite contagiarnos del fuego de amor que trajiste al mundo.
Quisiera hoy, en estas horas de mi caminar frágil, dejar mi vida entre tus manos, como jarrón dócil, como vasija humilde, como barro confiado. Dejar que modeles en mi alma y en mi cuerpo tu proyecto; permitirte conquistar mis ideas y mis actos; prestarme para que también otros, desde mi vida transformada, puedan avanzar hacia la esperanza y descubrir Tu Amor eterno.
Amén
1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.
3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.
4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.
8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Amén
Juan XXIII
Oh Dios, que a San Pío de Pietrelcina, sacerdote capuchino, le has concedido el insigne privilegio de participar, de modo admirable, de la pasión de tu Hijo: concédeme, por su intercesión, La gracia de(……) que ardientemente deseo y otórgame, sobre todo, que yo me conforme a la muerte de Jesús para alcanzar después la gloria de la resurrección.
Amén
Gloria al Padre….. (3 veces)
Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro
sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición.
Que mis ojos sonrían diariamente
por el cuidado y compañerismo
de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente
por las alegrías y dolores que compartimos.
Que mi boca sonría diariamente
con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente
de la alegría que tú me brindas.
Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Amén.
-Madre Teresa de Calcuta M.C.
Oración a San Expedito en crisis económica en la familia
Me presento ante ti, San Expedito, humilde y pecador, para que me ayudes, por tu poderosa intercesión, a poner remedio a los problemas económicos en mi trabajo y en mi casa.
Quiero pedir tu poderoso apoyo, San Expedito, ven a mi hogar, protege y que haz que pueda rendir ingresos.
Que pueda obtener el dinero suficiente para las necesidades de mi familia, para que así, la tranquilidad y la alegría reinen en mi casa y den gloria al Señor que todo lo provee.
Por tu gracia, bendito Santo, pido, ruego, suplico al Dios de todo lo posible, para que mi familia y yo podamos alcanzar un proyecto de vida digno.
(Haga aquí su petición)
Confío en tu pronto auxilio, San Expedito, confío en que Tú, la Virgen y los Santos Ángeles custodios, intercederán por mi familia y los míos ante la Santísima Trinidad, para que pronto podamos tener soluciones a nuestras necesidades.
Te lo pido por el poderoso nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén
- Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Invoco el poder intercesor y la presencia renovadora de San Expedito en este tiempo de problemas financieros. Ofrezco mi cuerpo, corazón, mente y alma en el altar de la luz de nuestro Señor Jesucristo.
Tengo la fe y la plena confianza de que tú, San Expedito serás mi fuerza en este momento de necesidad. Ven junto con la Santísima Virgen María, a socorrerme en este momento de mayor necesidad.
(Haga aquí su petición)
En el nombre de la Santísima Trinidad, te pido que me ayudes a encontrar pronto una manera de salir de esta crisis. Mi necesidad económica es urgente.
Sé mi luz y guía en esta situación para que pueda vivir con la paz, en el amor, la prosperidad y la abundancia, alabando y glorificando por siempre a Dios nuestro Señor.
Intercede ante nuestro Señor, junto con todas las potestades del Cielo y los Santos Ángeles y la Virgen María, para que pronto pueda librarme yo de este problema pasajero. Amén.
- Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Tú que conoces lo que es necesario para llevar una vida de gracia y en santidad, te pido que me asistas en las circunstancias por las que estoy atravesando, lo necesito con urgencia, pues esto me roba la paz y seguridad.
Te ruego que intercedas ante la Santísima Trinidad, para que por tu gracia y tu favor se me otorgue la petición de...
(Haga aquí su petición)
Sé que yo también puedo ser digno de recibir tus bendiciones y favores. Te lo pido por el poderoso nombre de nuestro Señor Jesucristo, junto con la Virgen María y la asistencia de todos los ángeles y los santos del Cielo. Amén.
- Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Señor, sé luz en mi mente, paz en mi corazón, sabiduría en mis decisiones, amor en mis relaciones.
Te necesito, sólo Tú eres capaz de calmar mis penas.
Sólo en Ti tengo depositada mi esperanza, sólo en Ti podré encontrar un lugar donde protegerme y así no darle lugar al miedo y a las distintas formas del mal.
Muchos miedos son los que me atacan a diario. Por eso, hoy, reconozco ante Ti que estoy plagado de miserias, y acudo a Ti como mi amigo y mi hermano, para que me llenes de tu alegría y tu gozo, para que renueves esa fuerza esperanzadora que levanta del suelo a todos quienes confiados a Ti buscan ayuda Señor mío, Tú conoces que todos los vacíos de mi ser, ellos sólo pueden ser llenados por tu gracia y tu presencia.
Mis miedos, mis preocupaciones, mis dolores, mis confusiones, sólo pueden encontrar soluciones y sanación en Ti. Sé que con tu ayuda podré superar todos esos miedos que no me dejan avanzar.
Muéveme con tu Santo Espíritu. Tú me acompañas y me das valor para enfrentar esas circunstancias que ponen a temblar mis rodillas. Me mantengo fiel a Ti, porque estoy seguro que no me vas a fallar. Toma mi vida Señor, toma mi mente y mi corazón y hazme un fiel discípulo de tu amor.
Tú me das la certeza de una esperanza tranquila y llena de gozo cuando, en muchas ocasiones en tu Evangelio, dices "No teman". Quien cree en Ti jamás quedará defraudado y no habrá temor alguno que haga tambalear su fe. Quiero dejar que te acerques siempre a mí, vivir en comunióncontigo toda mi vida, que mis faltas jamás me separen de tu amor porque siempre busco tu perdón.
Todo miedo que hay dentro de mí se desvanece cuando te acepto y mi boca dice confiado: "Creo en Ti, Señor mío". Toca mi corazón, sánalo, libéralo del miedo y de las situaciones adversas que lo hacen poner inquieto. Eres mi fortaleza y estoy seguro de que tu amor y tu misericordia no se apartan de mi espíritu.
Confío en tu promesa fiel, confío en tu Palabra que me conforta. Quiero que también a mí me digas esas palabras de esperanzas que le pronunciaste a Josué "No tengas miedo ni te acobartes, porque Yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas." (v 1,9) Sopla Señor mío, sopla fuerte, sopla las bendiciones sobre mí que traen consigo tu Espíritu Santo para que me ayudes a creer y a dar un verdadero testimonio de tu amor al mundo, sin temores, sin miedos.
Muéveme, Jesús mío, con tu Santo Espíritu, que me acompañe siempre en todos mis retos y en aquellos momentos de desolación y de flaquezas que a veces siento que me tumban al piso y me hacen incapaz de continuar la lucha por ser cada día mejor. Dame la fuerza y tu poder para vencer los miedos y estar libre de angustias.
Guía mi corazón y mi mente con el Espíritu Santo, esa presencia poderosa contenida en tus tres divinas personas que ilumina nuestras vidas y nos hace ser personas decididas y valientes en la fe. Te amo Jesús, y confío en que en este momento, Tú estás rompiendo con todas esas cadenas que me tienen atado a la desesperanza, y aunque camine por sendas oscuras, ya no vacilare ni temeré, porque tu fuerza y tu poder están conmigo y me infundes confianza.
Amén
Quédate conmigo, Señor, porque es necesario que
estés presente para que no te olvide. Ya sabes lo fácil que te abandono.
Quédate conmigo, Señor, porque soy débil
y necesito tu fuerza para no caer tan a menudo.
Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida,
y sin ti, no tengo fervor.
Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz,
y sin ti, estoy en tinieblas.
Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.
Quédate conmigo, Señor, para que escuche tu voz
y te siga.
Quédate conmigo, Señor, porque deseo amarte
mucho y estar siempre en tu compañía.
Quédate conmigo, Señor, si deseas que te sea fiel.
Quédate conmigo, Señor, porque por pobre que sea mi alma,
quiero que sea un lugar de consuelo para Ti, un nido de amor.
Amén
~ San Pío de Pietrelcina
Se reza tambien para después de la Comunión
Santísimo Justo Juez. Hijo de Santa María, que mi cuerpo no se asombre ni mi sangre sea vertida, donde quiera que vaya y venga, las manos del Señor delante las tenga, de mi Señor San Andrés, antes y después, las de mi Señor San Blas, delante y detrás, las de la Señora Virgen María, que vayan y venga mis enemigos, salgan con ojos y no me vean, con armas y no me ofendan, justicia y no me prendan, con el paño que Nuestro Señor Jesucristo fue su cuerpo envuelto sea mi cuerpo, que no sea herido ni preso, ni a la verguenza de la cárcel puesto.
Si este día hubiese alguna sentencia en contra mía, que se revoque por la bendición del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén. La compañía de Dios sea conmigo y el Manto de Santa María, su madre, me cobije y de malos peligros me defienda. Ave María Gratia Plena, Dominus Tecum, me libre de todo espíritu no bautizado y por bautizar. Cristo vence, Cristo reina, Cristo de todos los peligros me defienda… El Señor y Justo individual hijo de Santa María Virgen, Aquel que nació en aquel solemne día, que no pueda ser muerto ni me quieran mal.
Amen.
Oh Dios, concederme la serenidad para aceptar aquellas cosas que no puedo cambiar. Valor para cambiar aquellas que puedo y debo cambiar. Y sabiduría para reconocer la diferencia. Oh Dios que por la gloriosa resurrección has destruido la muerte y has hecho irradiar la vida y la inmortalidad, concede a tus hijos que han fallecido, están enfermos y en angustia, la luz de tu presencia, tu fortaleza y la paz. Por JCNS. Amén
¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?
Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor. Cuando te entregues a mi, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios.
No te desesperes. No me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimento de tus deseos.
Cierra los ojos del alma y dime con calma: “Jesús, yo confío en ti”. Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después.
No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas.
Déjame ser Dios y actuar con libertad.
Entrégate confiadamente en mi.
Reposa en mi y deja en mis manos tu futuro.
Dime frecuentemente: “Jesús, yo confío en ti”.
Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas, y querer resolver las cosas a tu manera cuando me dices: “Jesús, yo confío en ti”.
No seas como el paciente que le dice al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos. No tengas miedo.
Yo te amo si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración.
Sigue confiando, cierra los ojos del alma. Continúa diciéndome a toda hora: “Jesús, yo confío en ti”.
Necesito las manos libres para poder obrar.
No me ates con tus preocupaciones inútiles. Satanás quiere eso; agitarte, angustiarte, quitarte la paz. Confía sólo en mi. Reposa en mi, entrégate a mi.
Yo hago los milagros en la proporción de la entrega y confianza que tienes en mi. Así que no te preocupes. Echa en mi todas tus angustias y duerme tranquilo.
Dime siempre: “Jesús, yo confío en ti”. Y veras grandes milagros.
Te lo prometo por mi amor.
Amén