Jesús, dulce memoria,
que da las verdaderas alegrías al corazón
pero más que miel y todo lo demás
su dulce presencia.
Nada más dulce es cantado
nada más agradable es oído
no hay más dulce pensamiento
que Jesús, Hijo de Dios.
Jesús, esperanza del penitente;
¡qué piadoso eres a ellos que luchan!
¡qué bueno eres a ellos que te buscan!
¿pero qué eres para los que te encuentran?
No hay lengua que pueda decir,
no hay letra que pueda expresar:
el con experiencia puede creer,
lo que es amar a Jesús.
Sé, Jesús, nuestra alegría,
tú quien serás la recompensa en el futuro:
que nuestra gloria este en ti
por todos los siglos.
Amen.
Me llamas Maestro y con todo no me preguntas.
Me llamas Luz. y no me ves.
Me llamas Verdad y no me crees.
Me llamas Camino y no vas por él.
Dices que soy hermoso y no me amas.
Dices que soy rico y no me pides.
Dices que soy eterno y no me buscas.
Dices que soy misericordioso y no confias en mí.
Dices que soy noble y no me sirves.
Dices que soy omnipotente y no me honras.
Dices que soy justo y no me temes.
Señor, enséñame a conocerte, amarte y servirte.
Amén
Oh Jesús, que habeis dicho: «Si quieres agradarme, confía en Mí; Si quieres agradarme más, confia más: si quieres agradarme inmensamente, confia inmensamente» ¡Aumenta mi confianza: yo confío inmensamente en Vos! En Vos, Señor espero.
Abridme vuestro Corazón Sagrado. joh. Jesús! descubridme sus encantos y unidme a El para siempre.
Que todas las palpitaciones de mi pobre corazón que no cesan ni aún durante el sueño, sean un testimonio de mi amor por Vos, y os digan sin cesar: Señor, yo os amo. Recibid el poco bien que hago; dadme gracia para reparar el mal que he cometido, para que os alabe en el tiempo y os bendiga en la eternidad. - Asi sea.
"Sagrado Corazón de Jesús, en Vos Confío"
Virgen María, Madre de Dios y dulcísima Madre del Buen Consejo, nos consagramos a tu Inmaculado Corazón. Por ti seremos llevados a Cristo tu Hijo e Hijo unigénito de Dios y por Él y con Él al Padre eterno.
Caminaremos en la luz de la fe, la esperanza y el amor para que el mundo crea que Cristo es el salvador enviado por el padre.
Nos comprometemos a ser sus testigos hasta los confines de la tierra.
Así bajo la maternal protección tuya y de una sola alma para presenciar su muerte y resurrección para que la Santísima Trinidad sea adorada, alabada y amada por el mundo entero.
Amén
Enseñame, Señor, único Maestro,
lo que tengo que enseñar
y lo que tengo que aprender.
Enseñame el arte de escuchar
más excepcional que las palabras elocuentes.
Enseñame a colocar en mi libro de ruta
el viaje al mundo interior
donde pueda oir el rumor de la verdad.
Dame el regalo del silencio,
de la alegría y la misericordia.
Que sepa esperar igual que el labrador
contempla el surco con los ojos abiertos
a la admiración y a la sorpresa.
Que mi corazón no sea una plaza vacía,
un territorio privado,
sino el rincón soleado donde puedan
sentirse comodos los hambrientos de amistad.
Que buscando aprenda,
esperando ame
y conociéndome te conozca
como el beso de la luz que entra por la ventana
me ayuda a descubrir el sol inmenso.
Amén
- San Agustin
Señor de los Milagros, aquí vengo lleno de fe y amor porque eres mi DIOS Y REDENTOR agradezco tu poder de creador y mis limitaciones de criatura, pero me siento feliz porque tú has querido ser mi amigo y mi hermano. Quiero que todo mi ser, cuerpo y alma estén abiertos a tu plan de salvación, que toda mi vida esté dentro de tus planes y así colaborar contigo haciendo en todo la voluntad del PADRE.
Amén.
Señor Jesús, ayúdame a aprovechar al máximo mi vida aquí en la tierra para hacer todo el bien que pueda y amar tanto como pueda. Enséñame a confiar en ti y a comprender que lo que me hace infeliz son mis preocupaciones, mis dudas y mi egoísmo. Tomar mi cruz y seguirte significa poner toda mi confianza en ti. Que tu gracia, Señor, abra mi entendimiento y abra mi espíritu a tu acción. Aunque no entienda, aunque no sepa lo que está pasando en este tiempo de oración, da tu gracia, Señor, al siervo que soy; sin ella no soy nada y no puedo hacer nada hermoso y grande a tus ojos.
Amén.
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros
Dios hijo, redentor del mundo, …
Dios, Espíritu Santo, …
Trinidad Santa un solo Dios, …
Jesús, Hijo de Dios vivo, …
Jesús, resplandor del Padre, …
Jesús, candor de la luz eterna, …
Jesús, rey de la gloria, …
Jesús, sol de justicia, …
Jesús, hijo de la Virgen María, …
Jesús, amable, …
Jesús, admirable, …
Jesús, Dios fuerte, …
Jesús, padre del siglo futuro, …
Jesús, mensajero del plan divino, …
Jesús, todopoderoso, …
Jesús, pacientísimo, …
Jesús, obedientísimo, …
Jesús, manso y humilde de corazón, …
Jesús, amante de la castidad, …
Jesús, amador nuestro, …
Jesús, Dios de paz, …
Jesús, autor de la vida, …
Jesús, modelo de virtudes, …
Jesús, celoso de la salvación de las almas, …
Jesús, nuestro Dios, …
Jesús, nuestro refugio, …
Jesús, padre de los pobres, …
Jesús, tesoro de los fieles, …
Jesús, buen pastor, …
Jesús, luz verdadera, …
Jesús, sabiduría eterna, …
Jesús, bondad infinita, …
Jesús, camino y vida nuestra, …
Jesús, gozo de los ángeles, …
Jesús, rey de los patriarcas, …
Jesús, maestro de los apóstoles, …
Jesús, doctor de los evangelistas, …
Jesús, fortaleza de los mártires, …
Jesús, luz de los confesores, …
Jesús, pureza de las vírgenes, …
Jesús, corona de todos los santos, …
Sednos propicio; Perdónanos, Jesús.
Sednos propicio; Escúchanos, Jesús.
De todo mal, líbranos, Jesús.
De todo pecado, líbranos, Jesús.
De tu ira, …
De las asechanzas del demonio, …
Del espíritu impuro, …
De la muerte eterna, …
Del menosprecio de tus inspiraciones, …
Por el misterio de tu santa encarnación, líbranos, Jesús de todo mal.
Por tu natividad, líbranos, Jesús de todo mal
Por tu infancia, …
Por tu divinísima vida,…
Por tus trabajos, …
Por tu agonía y Pasión,…
Por tu cruz y desamparo, …
Por tus sufrimientos, …
Por tu muerte y sepultura, …
Por tu resurrección, …
Por tu ascensión, …
Por tu institución de la santísima Eucaristía, …
Por tus gozos, …
Por tu gloria, …
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Jesús.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Jesús.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros, Jesús.
Jesús, óyenos,
Jesús, óyenos.
Jesús, escúchanos
Jesús, escúchanos.
Oración
Te pedimos Señor, que quienes veneremos el Santísimo Nombre de Jesús disfrutemos en esta vida de la dulzura de su gracia y de su gozo eterno en el Cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén
Tu eres, oh Cristo Jesús, mi Padre santo, mi Dios misericordioso, mi Rey infinitamente grande; eres mi buen pastor, mi único maestro, mi auxilio lleno de bondad, mi bien-amado de una belleza maravillosa, mi pan vivo, mi sacerdote eterno, mi guía para la patria, mi verdadera luz, santa dulzura, mi camino recto, mi preclara sapiencia, mi pura simplicidad, mi paz y concordia; eres, en fin, toda mi salvaguardia, mi herencia preciosa, mi eterna salvación. Oh Jesucristo, amable señor, ¿por qué en toda mi vida, amé, por qué deseé otra cosa sino a ti? ¿Dónde estaba yo cuando no pensaba en en ti? ¡Ah, que a partir de ahora, mi corazón sólo te desee y por ti se abrase, Señor Jesús! Deseos de mi alma, corre, que ya bastante tardaste; apresúrate hacia el fin al que aspiras; procura de verdad Aquél que buscas. Oh Jesús, anatema sea quien no te ama. Aquél que no te ama se llene de amarguras.
Oh dulce Jesús, se el amor, las delicias, la admiración de todo corazón dignamente consagrado a vuestra gloria. Dios de mi corazón y mi plenitud, Jesucristo, que en ti mi corazón desfallezca, y se tu mismo, mi vida. Enciéndase en mi alma la brasa ardiente de tu amor, y se convierta en un incendio todo divino, al arder para siempre en el altar de mi corazón; que inflame lo íntimo de mi ser y abrase el fondo de mi alma; para que, en el día de mi muerte, aparezca delante de ti enteramente consumido en tu amor.
Así sea.
- Oración de San Agustin
Ven, ¡Oh Jesús!, que vives en María; ven a vivir y reinar en nosotros, que tu vida se exprese en nuestra vida para vivir tan sólo para Ti. Forja en nuestra alma, ioh, Cristo!, tus virtudes, tu Espíritu divino y santidad, tus máximas perfectas y tus normas y el ardor de tu eterna caridad. Danos parte, Señor, en tus misterios para que te podamos imitar; tú que eres Luz de Luz, danos tus luces, y en pos de ti podremos caminar. Reina, Cristo, en nosotros por tu Madre, sobre el demonio y la naturaleza, en virtud de tu nombre soberano, para la gloria del Padre celestial.
Amén
No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.
¡Oh Buen Jesús Señor de la vida! Tú que al morir le quitas el aguijón a la muerte y nos ofreces un camino de fe y esperanza. Aquí nos tienes ¡Oh Buen Jesús Señor de la vida! Tristes y agobiados por tantos problemas en nuestro mundo, En nuestro pueblo, en nuestros hogares y en la sociedad. Danos la capacidad de experimentar tu protección en los Momentos difíciles de enfermedad, hambre, guerra, muerte y abandono. Orienta Señor nuestra vida por los caminos de amor y de paz, y haz que caminar contigo sea nuestro gozo durante todos los días de nuestra vida. Amen. ¡Oh Jesús! Camina con nosotros, por tu amor llévanos al cielo para gozar de la presencia Trinitaria por los siglos de los siglos. Amen
Me persigno
con los tres clavos
y me abrazo de la cruz,
Cruz Santa,
Cruz Digna,
Cruz Divina.
Yo te alabo y te bendigo
por el Señor Jesus que murió en ti.
no dejes llegar cosas malas
Junto de mi.
Que la Cruz y la Corona
vayan siempre delante de mi,
y muevan los corazones
que estén en contra de mi.
Cristo Jesus vive,
Cristo Jesus reina,
Cristo Jesus de todos
mis enemigos
me defienda.
El Padre me libre,
El Hijo me guarde
Y el Espíritu Santo
por nosotros hable.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Alabado sea el Santísimo Sacramento de el Altar por siempre sea alabado el corazon amoroso de Jesus Sacramentado.
“Que el Nombre de Dios más santo, más sagrado, más adorable, más incomprensible e indescifrable sea siempre alabado, bendecido, amado, adorado y glorificado, en el Cielo, en la tierra y debajo de la tierra , por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar.
Amén.”
Hna Maria de San Pedro
Creo, Señor, fortalece mi fe;
espero, señor, asegura mi esperanza;
amo, Señor, inflama mi amor;
pésame, Señor, aumente mi arrepentimiento.
Te adoro como a mi primer principio,
Te deseo como a último fin,
Te alabo como a bienhechor perpetuo,
Te invoco como a defensor propicio.
Dirígeme con tu sabiduría,
contenme con tu justicia,
consuélame con tu clemencia,
protégeme con tu poder.
Te ofrezco mis pensamientos para pensar en Ti,
mis palabras, para hablar de Ti,
mis obras para obrar conforme a Ti,
mis trabajos, para padecerlos por Ti.
Quiero lo que Tu quieres,
lo quiero porque lo quieres,
lo quiero como lo quieres,
lo quiero en cuanto lo quieres.
Te ruego Señor, que alumbres mi entendimiento,
abrases mi voluntad,
purifiques mi cuerpo,
santifiques mi alma.
Llore las iniquidades pasadas,
rechace las tentaciones futuras,
corrija las inclinaciones viciosas,
cultive las virtudes necesarias.
Concédeme buen Dios, amor a Ti,
celo del prójimo,
desprecio del mundo.
Procure yo obedecer a los superiores,
atender a los inferiores,
favorecer a los amigos,
perdonar a los enemigos.
Venza el deleite con la mortificación,
la avaricia con la largueza,
la ira con la mansedumbre,
la tibieza con el fervor.
Hazme prudente en las determinaciones,
vigilante en los peligros,
paciente en las adversidades,
humilde en las prosperidades.
Haz Señor, que sea en la oración atento,
en la comida, sobrio,
en mi oficio, diligente,
en los propósitos, constante.
Cuide de tener inocencia interior,
modestia exterior,
conducta edificante,
vida arreglada.
Que me aplique a domar la naturaleza,
a corresponder a la gracia,
a guardar tu ley,
a merecer la salvación.
Aprenda de Ti cuán frágil es lo terreno,
cuán grande lo divino,
cuán breve lo temporal,
cuán duradero lo eterno.
Concédeme que me prepare a la muerte,
que tema el juicio,
que evite el infierno,
que obtenga el paraíso.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
- Papa Clemente XI
Corazón de Jesús, Llama Ardiente, Llama de Amor.
Corazón de Jesús, Humilde Corazón.
Corazón de Jesús, Amante Corazón.
Corazón de Jesús, Todo Fortaleza.
Corazón de Jesús, Paz del espíritu.
Corazón de Jesús, Esperanza del cristiano.
Corazón de Jesús, Misericordioso Corazón.
Amén
¡Oh Dios de gran misericordia!, bondad infinita, desde el abismo de su abatimiento, toda la humanidad implora hoy Tu misericordia, Tu compasión, ¡Oh Dios!; y clama con la potente voz de la desdicha.
¡Dios de Benevolencia, no desoigas la oración de este exilio terrenal! ¡Oh señor!, Bondad que escapa nuestra comprensión, que conoces nuestra miseria a fondo y sabes que con nuestras fuerzas no podemos elevarnos a Ti, Te lo imploramos: Adelante con Tu gracia y continúa aumentando Tu misericordia en nosotros, para que podamos, fielmente, cumplir Tu santa voluntad, a lo largo de nuestra vida y a la hora de la muerte. Que la omnipotencia de tu misericordia nos escude de las flechas que arrojan los enemigos de nuestra salvación, para que con confianza, como hijos Tuyos, aguardemos la última venida (día que Tú solo sabes). Y esperamos obtener lo que Jesús nos prometió a pesar de nuestra mezquindad.
Porque Jesús es nuestra esperanza: Através de su Corazón misericordioso, como en el Reino de los Cielos.
Oh Dios, cuya Misericordia es infinita y cuyos tesoros de compasión no tienen límites, míranos con Tu favor y aumenta Tu Misericordia dentro de nosotros, para que en nuestras grandes ansiedades no desesperemos, sino que siempre, con gran confianza, nos conformemos con Tu Santa Voluntad, la cual es idéntica con Tu Misericordia, por Nuestro Señor Jesucristo, Rey de Misericordia, quien con Vos y el Espíritu Santo manifiesta Misericordia hacia nosotros por siempre.
Amén.
¡Quédate con nosotros, Señor!…
¡Quédate con nosotros hoy y siempre!
Camina a nuestro lado.
Escucha nuestros pesares.
Acompaña nuestros pasos cada día.
Ilumina con tu luz nuestro sendero,
que unas veces es llano, fácil de transitar,
pero otras, las más, torcido y pedregoso,
con cimas y cañadas, subidas y bajadas,
que nos hacen tropezar y caer.
¡Quédate con nosotros, Señor!
¡Quédate con nosotros hoy y siempre!
Camina a nuestro lado.
Escucha nuestros pesares.
Y no permitas que el miedo nos devore,
ni la angustia nos hunda
en el profundo abismo de la desesperanza,
de donde pocos vuelven.
¡Quédate con nosotros, Señor!
¡Quédate con nosotros hoy y siempre!
Acompaña nuestros pasos cada día.
Ilumina con tu luz nuestro sendero.
Enséñanos a ver lo que tus ojos ven.
Enséñanos a abrir el corazón al amor verdadero.
Enséñanos a amar con tu amor siempre nuevo,
que simplemente ama y se entrega,
sin poner condiciones, ni presentar excusas.
¡Quédate con nosotros, Señor!
¡Quédate con nosotros hoy y siempre!
Camina a nuestro lado.
Escucha nuestros pesares.
Haz que nuestro corazón arda como el tuyo,
en el fuego sagrado de tu Espíritu,
que es fuego que purifica y salva;
fuego de Amor,
fuego de Vida y Verdad,
fuego de Justicia y Santidad.
¡Quédate con nosotros, Señor!
¡Quédate con nosotros hoy y siempre!
Camina a nuestro lado.
Escucha nuestros pesares.
Acompaña nuestros pasos cada día.
Ilumina con tu luz nuestro sendero,
Condúcenos al Padre
que siempre nos espera con los brazos abiertos
para estrecharnos con fuerza,
y entregarnos su Amor, su Vida, y su Bondad.
¡Quédate con nosotros, Señor!
¡Quédate con nosotros cada día!
Quédate hoy, mañana, y siempre!
Amén.
Señor Jesús, que victorioso derrotaste a la muerte y nos invitas a ser partícipes de tu victoria, concédenos hoy experimentar tu vida nueva y vencer el mal que se pueda presentar en nuestra vida. Que, con la ayuda de tu espíritu, podamos hoy ser testigos de la bondad del Padre, que escucha siempre la oración de sus hijos y nos libra de todos nuestros temores.
Amén.
Padre nuestro
Ave María
Gloria
Oh, Cristo Bendito,
que has vencido a la muerte y a tus enemigos,
dándonos esperanzas a los pobres y los débiles,
que tanto padecemos aquí en la tierra;
por ti he sido bautizado, y de ti soy devoto,
acude a mi encuentro, hermoso, Jesús
para adorarte sin dudarlo,
porque Tú nos has salvado del infierno,
Tú nos has ofrecido la vida eterna,
y solo tenemos que hacer el bien para ello,
cosa que es buena para los demás,
y para nosotros mismos;
pues quien actúa bien se siente bien en cuerpo y espíritu;
Cristo, tuya es la gloria ahora y siempre.
Amén
Dios Todopoderoso que habéis sufrido la muerte sobre el árbol de la Cruz, por nuestros pecados, acompañadme.
Santa Cruz de Cristo, sed mi esperanza. Santa Cruz de Jesucristo, tened piedad de mi.
Santa Cruz de Jesucristo, rechazad de mi, toda arma cortante.
Santa Cruz de Jesucristo, derramad sobre mí, todo bien.
Santa Cruz de Jesucristo, descartad de mi, todo mal.
Santa Cruz de Jesucristo, haced que alcance el camino de la salud.
Santa Cruz de Jesucristo, preservadme de accidentes corporales y temporales.
Que adore la Cruz de Jesucristo por siempre.
Jesús de Nazaret crucificado, tened piedad de mi y haced que el espíritu maligno y nocivo huya de mi por todos los siglos,
Amen.
En honor de la sangre preciosa de Jesucristo, en honor de tu Encarnación por donde puede conducirnos a la vida eterna, tan cierto como Jesucristo, nació el día de la Natividad y fue crucificado el Viernes Santo.
Angel de mi guarda, mi dulce compañía, no le desampares, ni de noche ni de día...
¡Oh Amabalísimo Jesús, Manso Cordero de Dios! Yo, miserable pecador, saludo y ahorro la Sagrada Llaga en Vuestro Hombro, donde habéis cargado la pesada Cruz. En esta Sagrada Llaga, Vuestra Carne fue tan desgarrada, que hasta el mismo hueso quedó expuesto a la vista; y esto, en turno, Os ha causado una angustia profundísima. Esta aflicción fue más aguda que todas las demás heridas, en Vuestro Benditísimo Cuerpo.
¡O mi afligidísimo Jesús! Os adoro; Os alabo; Os Glorifico y Os doy gracias por esta Sagrada y muy dolorosa herida. Por medio de ese agudísimo dolor y por el aplastante peso de la ponderosa Cruz, Os suplico que tengáis misericordia de mí que soy un pobre pecador. Perdonad todos mis pecados, los mortales y geniales. Guiarme en el camino al Cielo por el estrecho sendero de Vuestra Sagrada Cruz.
Amén
Señor, aunque no merezco
que Tú escuches mi quejido,
por la muerte que has sufrido,
escucha lo que te ofrezco
y escucha lo que te pido;
A ofrecerte, Señor, vengo
mi ser, mi vida, mi amor,
mi alegría, mi dolor;
cuanto puedo y cuanto tengo;
cuanto me has dado, Señor.
Y a cambio de esta alma llena de amor
que vengo a ofrecerte,
dame una vida Serena
y una muerte Santa y buena...
Cristo de la Buena Muerte.
AMEN
Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: “Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes. Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas”. (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa.)
Primera Oración
Padrenuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesucristo ¡Sois la eterna dulzura de todos los que Os aman; la alegría que sobrepasa todo gozo y deseo; la salvación y esperanza de todos los pecadores. Habéis manifestado no tener mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los amáis hasta el punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por amor a ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado desde el instante de Vuestra Concepción y especialmente durante Vuestra Sagrada Pasión; así como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad, según el plan divino.
Acordaos, Oh Señor, que durante la última cena con Vuestros discípulos les habéis Lavado los pies; y después, les distéis Vuestro Sacratísimo Cuerpo, y Vuestra Sangre Preciosísima. Luego, confortándolos con dulzura, les anunciasteis Vuestra próxima Pasión.
Acordaos de la tristeza y amargura que habéis experimentado en Vuestra Alma, como Vos mismo lo afirmasteis, diciendo
”Mi Alma está triste hasta la muerte.”
Acordaos de todos los temores, las angustias y los dolores que habéis soportado, en Vuestro Sagrado Cuerpo, antes del suplicio de la crucifixión. Después de haber orado tres veces, todo bañado de sudor sangriento, fuisteis traicionado por Vuestro discípulo. Judas; apresado por los habitantes de una nación que habíais escogido y enaltecido. Fuisteis acusado por falsos testigos e injustamente juzgado por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de Vuestra madurez, y en la solemne estación pascual.
Acordaos que fuisteis despojado de Vuestra propia vestidura, y revestido con manto de irrisión. Os cubrieron los Ojos y la Cara infligiendo bofetadas. Después, coronándoos de espinas, pusieron en Vuestras manos una caña. Finalmente, fuisteis atado a la columna, desgarrado con azotes y agobiado de oprobios y ultrajes.
En memoria de todas estas penas y dolores que habéis soportado antes de Vuestra Pasión en la Cruz concededme antes de morir, una contrición verdadera, una confesión sincera y completa, adecuada satisfacción; y la remisión de todos mis pecados. Amén.
Segunda Oración.
Padrenuestro - Ave Maria
¡Oh Jesús, la verdadera libertad de los ángeles y paraíso de delicias! Acordaos del horror y la tristeza con que fuisteis oprimido, cuando Vuestros enemigos como leones furiosos, os rodearon con miles de injurias: salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos. Os atormentaron a su antojo. En consideración a estos tormentos y a las palabras injuriosas, Os suplico. ¡Oh mi Salvador, y Redentor! que me libréis de todos mis enemigos visibles e invisibles y que bajo Vuestra protección, hagáis que yo alcance la perfección de la salvación eterna. Amén.
Tercera Oración.
Padrenuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, Creador del Cielo y de la Tierra, al que nada puede contener ni limitar! Vos abarcáis todo; y todo es sostenido bajo Vuestra amorosa potestad. Acordaos del dolor muy amargo que sufristeis cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe clavaron Vuestras Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no viéndoos en un estado suficientemente lamentable para satisfacer su furor, agrandaron Vuestras Llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible crueldad. Extendieron Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con jalones y estirones violentos, en toda dirección, dislocaron Vuestros Huesos.
¡Oh Jesús!, en memoria de este santo dolor que habéis soportado con tanto amor en la Cruz, Os suplico concederme la gracia de temeros y amaros. Amén.
Cuarta Oración.
Padrenuestro - Ave María.
O Jesús, Médico Celestial! elevado en la Cruz para curar nuestras llagas con las Vuestras! Acordaos de las contusiones y los desfallecimientos que habéis sufrido en todos Vuestros Miembros; y que fueron distendidos a tal grado, que no ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la cima de la cabeza hasta la planta de los pies, ninguna parte de Vuestro Cuerpo estaba exenta de tormentos. Sin embargo, olvidando todos Vuestros sufrimientos, no dejasteis de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”
Por esta inmensa misericordia, y en memoria de estos sufrimientos, Os hago esta súplica: conceded que el recuerdo de Vuestra muy amarga Pasión, nos alcance una perfecta contrición, y la remisión de todos nuestros pecados. Amén.
Quinta Oración.
Padrenuestro - Ave María.
¡Oh Jesús!, ¡Espejo de Resplandor Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que habéis sentido al contemplar con anticipación, las almas que habían de condenarse. A la luz de Vuestra Divinidad, habéis vislumbrado la predestinación de aquellos que se salvarían, mediante los méritos de Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente habéis contemplado tristemente la inmensa multitud de réprobos que serian condenados por sus pecados; y Os habéis quejado amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores.
Por este abismo de compasión y piedad y principalmente por la bondad que demostrasteis hacia el buen ladrón, diciéndole: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, hago esta súplica, Dulce Jesús. Os pido que a la hora de mi muerte tengáis misericordia de mí. Amén.
Sexta Oración.
Padrenuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús. Rey infinitamente amado y deseado! Acordaos del dolor que habéis sufrido, cuando, desnudo y como un crimina! común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz. También! fuisteis abandonado de todos Vuestros parientes y amigos con la excepción de Vuestra muy amada Madre. En Vuestra agonía, Ella permaneció fiel junto a Vos; luego, la encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a Maria: “mujer, he aquí a tu hijo!” Y a Juan: “ He aquí a tu Madre!
Os suplico, Oh mi Salvador, por la espada de dolor que entonces traspasó el alma de Vuestra Santísima Madre, que tengáis compasión de mí. Y en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, ten piedad de mí. Asistidme en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén.
Séptima Oración.
Padrenuestro - Ave Maria
¡Oh Jesús, inagotable Fuente de compasión, ten compasión de mí! En profundo gesto de amor, habéis exclamado en la Cruz: “Tengo sed” Era sed por la salvación del género humano. Oh mi Salvador os ruego que inflaméis nuestros corazones con el deseo de dirigirnos a la perfección, en todas nuestras obras. Extinguid en nosotros la concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos mundanos. Amén.
Octava Oración.
Padrenuestro - Ave María.
¡Oh Jesús, Dulzura de los corazones y Deleite del espíritu! Por el vinagre y la hiel amarga que habéis probado en la Cruz, por amor a nosotros, oíd nuestros ruegos. Concedednos la gracia de recibir dignamente Vuestro Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima durante nuestra vida, y también a la hora de la muerte para servir de remedio y consuelo a nuestras almas. Amén.
Novena Oración
Padrenuestro - Ave María.
¡Oh Jesús, Virtud real y gozo del alma! Acordaos del dolor que habéis sentido, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte, insultado y ultrajado por los judíos. Clamasteis en alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Por esta angustia, Os suplico, Oh mi Salvador, que no me abandonéis en los terrores y dolores de mi muerte. Amén.
Décima Oración
Padrenuestro -Ave Maria.
¡Oh Jesús. Principio y Fin de todas las cosas. Sois la Vida y la Virtud plena! Acordaos que por causa nuestra fuisteis sumergido en un abismo de penas, sufriendo dolor desde la planta de los Pies hasta la cima de la Cabeza. En consideración a la enormidad de Vuestras Llagas, enseñadme a guardar, por puro amor a Vos, todos Vuestros Mandamientos; cuyo camino de Vuestra Ley Divina es amplio y agradable para aquellos que Os aman, Amén.
Undécima Oración
Padrenuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia! En memoria de las llagas que penetraron hasta la médula de Vuestros Huesos y Entrañas, para atraerme hacia Vos, presento esta súplica. Yo, miserable pecador, profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis del pecado. Ocultadme de Vuestro Rostro tan justamente irritado contra mí. Escondedme en los huecos de Vuestras Llagas hasta que Vuestra cólera y justìsíma indignación hayan cesado. Amén.
Duodécima Oración
Padrenuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, Sello de la Unidad. y Vínculo de la Caridad! Acordaos de la multitud de Llagas con que fuisteis herido, desde la Cabeza hasta los Pies. Esas Llagas fueron laceradas y enrojecidas, Oh dulce Jesús, por la efusión de Vuestra adorable Sangre. ¡Oh, qué dolor tan grande y repleto habéis sufrido por amor a nosotros, en Vuestra Carne virginal! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo de hacer por nosotros que no habéis hecho? Nada falta. ¡Todo lo habéis cumplido! ¡Oh amable y adorable Jesús! Por el fiel recuerdo de Vuestra Pasión, que el Fruto meritorio de Vuestros sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que en mi corazón, Vuestro Amor aumente cada día hasta que llegue a contemplaros en la eternidad. ¡Oh Amabilísimo Jesús! Vos sois el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera, que Os pido concederme en el Cielo. Amén.
Décima-Tercera Oración
Padrenuestro - Ave María.
¡Oh Jesús! ¡Fuerte León, Rey inmortal e invencible! Acordaos del inmenso dolor que habéis sufrido cuando, agotadas todas Vuestras fuerzas, tanto morales como físicas, inclinasteis la Cabeza y dijisteis: “Todo está consumado”. Por esta angustia y dolor, os suplico, Señor Jesús, que tengáis piedad de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia. Amén.
Décima-Cuarta Oración.
Padrenuestro - Ave María.
¡Oh Jesús! ¡Unico Hijo del Padre Celestial! esplendor y semejanza de su Esencia! Acordaos de la sencilla y humilde recomendación que hicisteis de Vuestra Alma, a Vuestro Padre Eterno, diciéndole: “¡Padre en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu!” Desgarrado Vuestro Cuerpo, destrozado Vuestro Corazón, y abiertas las Entrañas de Vuestra misericordia para redimirnos, habéis expirado. Por Vuestra Preciosa Muerte, Os suplico, Oh Rey de los santos, confortadme. Socorredme para resistir al demonio, la carne y al mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo solamente para Vos. Y a la hora de mi muerte, recibid mi alma peregrina y desterrada que regresa a Vos. Amén.
Décima-Quinta Oración.
Padrenuestro-Ave María.
¡Oh Jesús! ¡Verdadera y fecunda Vid! Acordaos de la abundante efusión de Sangre que tan generosamente habéis derramado de Vuestro Sagrado Cuerpo. Vuestra preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva bajo el lagar.
De Vuestro Costado perforado por un soldado, con la lanza, ha brotado Sangre y agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz., la muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada; la Substancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada; y disecada la médula de Vuestros Huesos. Por esta amarga Pasión, y por la efusión de Vuestra preciosa Sangre, Os suplico, Oh dulcísimo Jesús, que recibáis mi alma, cuando yo esté sufriendo en la agonía de mi muerte. Amén.
Oración Final
¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón, a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación Os sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén.
Corazón misericordioso de Jesús, toma la impureza de mi espíritu y purifícalo con los ríos de tu gracia; gracia que es derramada en abundancia, para todos los hombres que se arrepienten de corazón.
Toma la oscuridad de mi pasado e ilumínalo con tu luz; luz que resplandecerá en medio de la oscuridad, porque hoy reconozco que el pecado me desfigura, me opaca.
Corazón de Jesús, toma mis debilidades y fortaléceme; porque eres mi soporte, mi estandarte en el cual puedo apoyarme para no caer, no desplomarme; toma mi casa en ruinas y restáurala, porque eres mi constructor, mi arquitecto divino que haces de mí una mansión de amor, refugio para los desprotegidos, para los abatidos.
Amado Jesús, toma mi corazón herido, desmoronado y acércalo al tuyo para que lo sanes, lo restaures; toma la desnudez de mi corazón y arrópalo con el manto de tu perdón; perdón que me dará alegría, ánimo para seguir viviendo; viviendo en tu plenitud, en tu presencia.
Corazón misericordioso de Jesús, toma la aridez que hay en mi corazón y transfórmalo en un manantial de aguas limpias; aguas que inunden todo mi ser para ser refrescado, para recibir tu amor, tu hálito divino.
Corazón misericordioso de Jesús, toma la amargura de mi corazón y dulcifícala con tu presencia; presencia que dará descanso a mi espíritu perturbado; toma mi obstinación y dame la docilidad de espíritu para vivir en estado de gracia, en vida de santidad.
Corazón misericordioso de Jesús, toma mis ojos y purifica mi mirada; mirada que me lleve a descubrirte en el rostro triste, en el rostro sufriente. Toma mis oídos y acrecienta los decibeles de amor para escucharte, aún, en medio de mi vida borrascosa y tormentosa.
Corazón misericordioso de Jesús, toma mis manos y sumérgelas en las fuentes de tu perdón; manos que serán bendecidas por torrenciales de misericordia; misericordia que cae como lluvia copiosa del cielo.
Corazón misericordioso de Jesús, transforma mis pensamientos en pensamientos puros como los tuyos, pensamientos que se eleven siempre al cielo; cielo que me espera para desde allí alabarte y glorificarte por toda la eternidad.
Corazón misericordioso de Jesús, toma mis labios, purifícalos y humedécelos con el néctar de tu amor para que siempre te bendiga. Toma mis pies cansados, desgastados y sumérgelos en las tinajas de tu pureza para ser limpiados y siempre caminar en dirección hacia Ti.
Corazón misericordioso de Jesús, toma mi vida y únela a la tuya para hacer realidad las palabras del Maestro que dice: vengan a Mí todos los que están cansados y agobiados que Yo les aliviaré.
Amén
Rendido a estos tus pies, buen Jesús mío, considerando las incontables muestras de amor que me has dado, y las sublimes lecciones que me enseña como amigo, tu queridísimo Corazón, te pido humildemente la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo que contigo es puesto, y quiere hacerse digno de las gracias y bendiciones que generoso concedes a los que de verdad te conocen, aman y sirven.
Recuerda que soy muy pobre, buen Jesús mío, y necesito de Ti, como el mendigo de la limosna que el rico le vaya a dar. Recuerda que soy muy torpe, tu que eres mi Maestro y necesito de tus sencillas enseñanzas para darme luz y guía en mi ignorancia. Recuerda que soy muy débil, tu que eres poderoso refugio de los débiles, y como caigo a cada paso, necesito apoyarme en Ti para no recaer.
Sélo todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, luz de mis ojos, soporte de pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad.
De ti lo espera todo mi pobre corazón. Tú lo alentaste e invitaste, cuando en diversos momentos dijiste repetidas veces en tu Evangelio: “Vengan a Mí”, “aprendan de Mí”, “pidan”, “llamen”.
A las puertas de tu Corazón, vengo pues, y llamo, y pido, y espero. Del mío te hago, mi Señor, firme, formal y decidida entrega. Tómalo tú, y dame en cambio, lo que sabes que me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad.
Amén.
¡Sagrado Corazón de Jesús! Enséñame el perfecto olvido de mí mismo, puesto que este es el único camino por el cual puedo entrar en Ti. Ya que todo lo que yo haga en lo sucesivo será tuyo, haz de manera que no haga yo nada que no sea digno de Ti.
Enséñame lo que debo hacer para llegar a la pureza de tu amor, cuyo deseo me has inspirado. Siento en mí una grande voluntad de agradarte y una impotencia aún mayor de lograrlo, sin una luz y socorro muy particulares que no puedo esperar sino de Ti.
Haz en mí tu voluntad, Señor. Me opongo a ella, lo siento, pero de veras querría no oponerme. A Ti te toca hacerlo todo, divino Corazón de Jesucristo; Tú solo tienes toda la gloria de mi santificación, si me hago santo. Esto me parece más claro que el día; pero será para Ti una grande gloria, y solamente por esto quiero desear la perfección. Así sea.
Hoy habro mí corazón a tí.
Jesús mío, toma todo lo que hay en él, también, abro mi corazón a la esperanza que eres tú, mi Dios, que nunca fallas y siempre sostienes al débil, consuelas El triste, ayudas al necesitado, sanas al que tiene el corazón herido y libras al que no tiene esperanza.
Yo soy ese necesitado y afligido. Ayúdame señor y Dios mío. Yo le abro mi corazón a la esperanza para obtener la victoria sobre todo mal que impida mi progreso espiritual y físico.
Amén.
De nuevo aquí me tienes, Jesús mío,confuso y humillado ante tu altar. Sin saber que decirte ni que hablarte. Ansioso solamente de llorar. Vengo del mundo,vengo del combate,cansado de sufrir y de luchar . Traigo el alma llena de tristeza y hambriento el corazón de soledad. De esa soledad dulce,divina, que alegra tu presencia celestial. Donde el alma,tan solo con mirarte ,te dice lo que quiere sin hablar. Mis miserias, señor, aquí me traen. Mírame con ojos de piedad. Soy el mismo de siempre,dueño mío,un abismo infinito de maldad, y gime bajo el peso de sus culpas y ansia recobrar su libertad. Soy un alma sedienta de Ventura,un corazón que muere por amar y abrazarse en la llama inextinguible del fuego de tu eterna caridad.
Concédeme, señor, que a tí me acerque,permite que a tus pies llegué a besar. Déjame que los riege con mi llanto y sacie,con ellos, mi ardorozo afán, ¡ oh, qué bien se está aquí mi dueño amado!, antes las gradas de tu santo altar. Bebiendo de la fuente de agua viva, que brota del pecho sin cesar,quién pudiera vivir eternamente, en aquella devina soledad, gozando de tu amor y tu hermosura, en un éxtasis dulcisimo de paz.
Amén.
¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Miradnos humildemente postrados; vuestros somos y vuestros queremos ser, y a fin de vivir más estrechamente unidos con vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.
Muchos, por desgracia, jamás, os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Santísimo.
¡Oh Señor! Sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, que no perezcan de hambre y miseria.
Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos; devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.
Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.
Conceded, ¡oh Señor!, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino ésta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud! A Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Por Papa Pío XI
Cristo conmigo,
Cristo ante mí,
Cristo tras de mí,
Cristo en mí,
Cristo bajo mí,
Cristo sobre mí,
Cristo a mi derecha,
Cristo a mi izquierda,
Cristo cuando me acuesto,
Cristo cuando me siento,
Cristo cuando me levanto,
Cristo en el corazón de todo hombre
que piensa en mí,
Cristo en la boca de todo hombre
que hable de mí,
Cristo en todo ojo que me ve,
Cristo en todo oído que me escucha.
(Rezar durante 3 días con la confianza siempre puesta en Dios)
Oh Divino Jesús que dijiste: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le abre». Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia.
Tus palabras me infunden confianza, sobre todo ahora que necesito que me hagas un favor: (Se ora en silencio pidiendo el favor) ¿A quién he de pedir, sino a Ti, cuyo Corazón es un manantial inagotable de todas las gracias y dones? ¿Dónde he de buscar sino en el tesoro de tu corazón, que contiene todas las riquezas de la clemencia y generosidad divinas? ¿A dónde he de llamar sino a la puerta de ese Corazón Sagrado, a través del cual Dios viene a nosotros, y por medio del cual vamos a Dios?
A Ti acudimos, oh Corazón de Jesús, porque en Ti encontramos consuelo, cuando afligidos y perseguidos pedimos protección; cuando abrumados por el peso de nuestra cruz, buscamos ayuda; cuando la angustia, la enfermedad, la pobreza o el fracaso nos impulsan a buscar una fuerza superior a las fuerzas humanas. Creo firmemente que puedes concederme la gracia que imploro, porque tu Misericordia no tiene límites y confío en que tu Corazón compasivo encontrará en mis miserias, en mis tribulaciones y en mis angustias, un motivo más para oír mi petición.
Quiero que mi corazón esté lleno de la confianza con que oró el centurión romano en favor de su criado; de la confianza con que oraron las hermanas de Lázaro, los leprosos, los ciegos, los paralíticos que se acercaban a Ti porque sabían que tus oídos y tu Corazón estaban siempre abiertos para oír y remediar sus males. Sin embargo... dejo en tus manos mi petición, sabiendo que Tú sabes las cosas mejor que yo; y que, si no me concedes esta gracia que te pido, sí me darás en cambio otra que mucho necesita mi alma; y me concederás mirar las cosas, mi situación, mis problemas, mi vida entera, desde otro ángulo, con más espíritu de fe. Cualquiera que sea tu decisión, nunca dejaré de amarte, adorarte y servirte, oh buen Jesús. Acepta este acto mío de perfecta adoración y sumisión a lo que decrete tu Corazón misericordioso.
Amén.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre.
Sacratísimo Corazón de Jesús, en Vos confío. (3 veces)
(Puede rezarse en cualquier día y del modo que se quiera; pero se puede rezar iniciando el jueves Santo a las 12 de la noche, cada hora hasta el viernes a las 3 de la tarde, acompañando a Jesús en su agonía).
Yo os adoro, sagrado Rostro de mi Señor Jesucristo, dibujando con el pincel de la caridad, e iluminado con vuestra Preciosísima Sangre.
Yo os suplico, por el consuelo que sentiste al contacto de aquel tosco lienzo humedecido con las lágrimas de aquella piadosa mujer.
Yo os suplico, por la impresión que le causó ver estampado en él vuestro semblante divino, para servir de veneración a los que os aman con la esperanza de conoceros en el cielo.
Yo os suplico, por este hecho que no volverá a repetirse y que se ha hecho tan memorable de siglo a siglo, de generado en generación.
Yo os suplico, por la intensa pena con que visteis a vuestra Santísima Madre en el primer encuentro, sin poderla consolar.
Yo os suplico, por el dolor tan grande y sonrojo que sufriste cuando aquel hombre descargo sobre tu Santo Rostro la terrible bofetada.
Yo os suplico, por la vergüenza que os causó cuando despojado de tus vestiduras delante de aquella muchedumbre implacable y corrompida os hallasteis.
Yo os suplico, por la multitud de azotes que descargaron sobre vuestro Santísimo Cuerpo sin piedad.
Yo os suplico, por los dolores que la causó la corona de espinas que puso vuestra cabeza teñida de sangre.
Yo os suplico, por el desfallecimiento que sentisteís cansado con el peso de la Cruz, por los pasos que disteís, en la calle de la amargura, por los suspiros que disteís, por las lágrimas que derramasteis, por Vuestra sangre regada en las calles de Jerusalén, por el dolor de los clavos, por la hiel y vinagre, por las siete palabras que pronunciasteis, por el desconsuelo que sufriste, encontrándonos abandonado del Padre por la agonía que tuvisteis para morir, por aquel dolor tan grande que padeciste viendo a la Santísima Virgen inconsolable en aquella angustia sin poderos desprender de la Cruz.
Padre mío, por estos recuerdos para nosotros tan dolorosos yo la pido de limosna la salvación de mi alma y la salud de mi cuerpo. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría)
Señor mío Jesucristo, que no queréis que ninguno perezca; a quien nunca se pide sin esperanza de misericordia, porque dijiste por tu propia, santa y bendita boca, que todas las cosas que se pidiesen en tu Santo Nombre, las concederás, te pido por tu Santo Nombre, me concedas (se hace la petición).
A Jesús Crucificado Aquí me tenéis, Señor acatando vuestro eterno y impenetrable designios, y a ellos me someto de todo corazón. Por el amor que os tengo todo lo acepto por Vos, y uno este inmenso sacrificio al que hicisteis en esa Cruz por nuestro amor. Dirigid, Señor, una tierna mirada a los que postrados a vuestros pies claman a Vos y os llaman en su auxilio.
Jesús de mi vida, mi amor y único consuelo de ni alma desolada. Aquí estoy también, Señor, a vuestros pies, regándolos con mi inmenso dolor y mi abandono. Bien lo sabéis, Señor me hallo en lúgubre la oscuridad y lleno de tristeza, apurando el cáliz de amargura que eme estaba destinado: sólo vos podéis darme fuerza para luchar y vencer.
No permitaís, Jesús mío, que la desesperación ni el desaliento claven en mí sus garras; antes bien, ayudadme con vuestra gracia para desafiar serenamente las tempestades del dolor, Si todos me abandonan e insultan mi pena, si mis enemigos se gozan en mis males, apartado de mí sus depravados designios y mostraos propicio a mi aflicción. A Vos sólo pongo mis quejas, pues sois mi Padre, mi amigo y ni único Juez; Perdóname como Padre, consolarme como amigo y defendedme siempre como justo juez.
También os dirijo, Jesús mío, una súplica ferviente por todos aquellos a quienes debo gratitud y afecto: pagadles mil veces el bien que me han hecho y bendedidles. Tened piedad de los que sufren, consolad en su aflicción a los tristes y atribulados, fortalecer a los débiles, socorred a los agonizantes, atraed a Vos todo los pecadores y aliviad las almas del Purgatorio.
Dadnos, Señor a todos los que os servimos vuestra paciencia, vuestra humildad y vuestra divina gracia, sobre todo a los que amo; y ya que me disteís desde esa Cruz la edificante enseñanza del perdón, concédeme, amor mío crucificado, que perdonando y amando como Vos a los que han hecho mal, viva con Vos en esa Cruz, en esta vida, para poder gozar de la eterna gloria y vivir eternamente en vuestra compañía.
Amén.
Señor Jesús,
aquí nos tienes reunidos al pie de la Cruz,
con tu Madre y el discípulo que Tú amabas.
Te pedimos perdón por nuestros pecados
que son la causa de tu muerte.
Te damos gracias por haber pensado en nosotros
en aquella hora de salvación
y habernos dado a María por Madre.
Virgen Santa, acógenos bajo tu protección
y haznos dóciles a la acción del Espíritu Santo.
San Juan, alcánzanos la gracia
de acoger como tú a María en nuestra vida
y de asistirla en su misión. Amén”.
Que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo
sean glorificados en todas partes
por la Inmaculada Virgen María.
Por la señal de la Santa Cruz...
En silencio pedimos la gracia que se quiere.
Rezamos el Acto de Contrición
Rezar el Padrenuestro.
Al empezar la decena se dice:
“Santísima Cruz, mi abogada has de ser, en la vida y en la muerte me has de favorecer. Si a la hora de mi muerte el demonio me tentare, le diré: Satanás, Satanás, conmigo no contarás ni tendrás parte en mi alma, porque dije mil veces Jesús”.
Se pasan todas las cuentas del rosario diciendo Jesús, Jesús, Jesús... (50 veces) y cuando haya terminado de contar un rosario completo se dice un Gloria, un Padrenuestro y la oración final.
Cuando se hayan contado los 20 rosarios, se terminan los mil Jesús.
Oración final:
Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos, que, por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
Jesús, Jesús, Jesucristo.
Jesús, mi Jesús por siempre.
Jesús, Jesús en mi vida, Jesús, Jesús en mi muerte.
Dulce Jesús, sé mi Jesús y sálvanos.
Oremos
Oh, Dios, que, al recordar hoy el descubrimiento de la verdadera cruz, renovaste los milagros de tu pasión, concédenos que por el valor de aquel sagrado leño de vida alcancemos eficaz socorro y ayuda del cielo para la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Bendición final:
El Señor esté con vosotros.
R/: Y con tu Espíritu.
La bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Mi Señor, mi Buen Pastor, Hijo del Padre, fuente de luz, tormenta de fe, que vienes a sacudir nuestra dormida esperanza, que nos envías a Tu Madre para enamorar nuestros fríos corazones, que luchas con amor para conquistar los espíritus inquietos por las angustias del mundo.
Óyenos Señor, escucha a tus hermanos aquí, juntos queremos seguirte, donde Tú quieras que nuestros pasos se dirijan.
Nuestros corazones quieren pertenecerte, por siempre.
Nuestras almas sedientas de Tu luz solo quieren verte sonreír junto a Tu Madre.
Envíanos a Tus Angeles y Tus Santos, consuélanos con su presencia celestial.
Danos el consuelo infinito de saber que Tu Misericordia ve con ojos agradables nuestro arrepentimiento por tanto error cometido.
No permitas que bajemos nuestras defensas contra el maligno y sus tentaciones.
Haznos fuertes, Señor, haznos fuertes en la entrega a Vos, nuestro Dios.
Haznos pequeños y dóciles para que dejemos actuar a Tu Santo Espíritu en nosotros, para que Tú te hagas cargo de nuestra vida.
Haznos confiados corderos de Tu rebaño, Señor, danos el abrazo de Tu Voluntad, Señor.
Que seas Tu quien nos guíe, que sea tu Madre quien nos proteja.
No te alejes de nosotros, Señor, perdona nuestros errores y pecados, y nuestra falta de fe.
Amén.
Jesús, cuando eras peregrino en nuestra tierra, Tú nos dijiste: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y vuestra alma encontrará descanso. Mi alma encuentra en Ti su descanso al ver cómo te rebajas hasta lavar los pies a tus apóstoles. Entonces me acuerdo de aquellas palabras que pronunciaste para enseñarme a practicar la humildad: Os he dada ejemplo para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. El discípulo no es más que su maestro... Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. Yo comprendo, Señor, estas palabras salidas de tu corazón manso y humilde, y quiero practicarlas con la ayuda de tu gracia.
Te ruego, divino Jesús, que me envíes una humillación cada vez que yo intente colocarme por encima de las demás. Yo sé bien Dios mío, que al alma orgullosa tú la humillas y que a la que se humilla le concedes una eternidad gloriosa; por eso, quiero ponerme en el último lugar y compartir tus humillaciones, para tener parte contigo en el reino de los cielos.
Pero Tú, Señor, conoces mi debilidad. Cada mañana hago el propósito de practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer muchas faltas de orgullo. Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que el desaliento es también una forma de orgullo. Por eso, quiero, Dios mío, fundar mi esperanza sólo en Ti. Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: ¡Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!
Amén.
Señor Jesucristo,
Tu vida fue Amor,
Tu Preciosa Sangre nos revela
que Dios es Amor.
Ilumíname, enseñame que el amor
es el único caminho que conduce
a la felicidad auténtica,
ahora y más allá de la muerte.
Amen
Mírame, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado en tu presencia: te ruego, con el mayor fervor, imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza, caridad, verdadero dolor de mis pecados y firmísimo propósito de jamás ofenderte; mientras que yo, con el mayor afecto y compasión de que soy capaz, voy considerando y contemplando tus cinco llagas, teniendo presente lo que de Ti, oh buen Jesús, dijo el profeta David: ""Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos."" (Salmo 21, 17-18)
Amén
¡Oh Salvador mío, fuente inagotable de dulzura y de bondad! No piense yo más que en Vos. Cuando al mismo tiempo que a Vos se ama cualquiera otra cosa, ya no se os ama, ¡oh Dios mío!, con verdadero amor. ¡ Oh amor lleno de dulzura, dulzura llena de amor, amor exento de penas y seguido de infinidad de placeres; amor tan puro y tan sincero que subsiste en todos los siglos; amor cuyo ardor no hay cosa que pueda apagar ni entibiar!
¡Jesús, mi adorable Salvador, cuyas bondades, cuyas dulzuras son incomparables, caridad tan perfecta como que sois nada menos que mi Dios! Véame yo abrasado en vuestras divinas llamas, de suerte que no sienta ya más que aquellos torrentes de dulzuras, de placeres, de delicias y de alegría, pero de una alegría enteramente justa, enteramente casta, pura, santa y seguida de aquella perfecta paz que solamente en Vos se encuentra. Sea yo abrasado en las llamas de aquel amor, ¡oh Dios mío!, con todo el afecto de mi corazón y de mi alma. No quiero, bien mío, no quiero en lo sucesivo más amor que el vuestro.
Amén.
Señor de Monserrate, te presentamos el homenaje de nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor. Creemos en ti, Hijo de Dios y Salvador nuestro. Confiamos en tu bondad.
Señor de Monserrate, te damos gracias porque nos amas, nos atraes con tu imagen, nos guías con tu palabra y nos brindas tu perdón.
Señor de Monserrate, te consagramos nuestras familias: consérvalas en armonía, nuestras casas y apartamentos: ilumínalos con tu presencia, nuestras alegrías: santifícalas con tu amor, nuestras preocupaciones: acógelas con tu bondad, nuestras dolencias y enfermedades: remédialas con tu misericordia, nuestro trabajo: fecúndalo con tu bendición.
Señor de Monserrate, te suplicamos la firmeza de nuestra fe, la fidelidad a tu Iglesia, el don de la paz y la vida eterna. Amén.
Corazón Sagrado de Jesús, en Vos ponemos toda nuestra confianza, temiéndolo todo de nuestra fragilidad, esperándolo todo de vuestra bondad: sed el único objeto de nuestro amor, el protector de nuestra vida, el sostén en nuestra debilidad, la reparación de nuestras faltas, la seguridad de nuestra salvación y nuestro refugio en la hora de la muerte.
Amén.
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, que aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque cuanto espero no esperara;
lo mismo que te quiero te quisiera.
Amén.
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén.
Señor Jesús, en tu nombre y con el Poder de tu Sangre Preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño.
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno, y en el mundo en el cual nos movemos hoy.
Con el Poder de la Sangre de Jesús rompemos toda interferencia y acción del maligno.
Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles.
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar a cada una de ellas), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos y los bienes que Él generosamente nos envía para nuestro sustento.
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes, pisos y el aire que respiramos, y en fe colocamos un círculo de Su Sangre alrededor de toda nuestra familia.
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar (nombrar a cada una de ellas).
Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar.
Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que Tu Paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.
Te agradecemos Señor por Tu Sangre y por Tu Vida, ya que gracias a Ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo. Amén.